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Trump celebró el acuerdo con Kim, pero fue criticado por sus concesiones

La declaración final sumó rechazos por la escasez de detalles y las ventajas para el régimen; el dictador aceptó la propuesta para ir a EE.UU. e invitó al republicano a Corea del Norte
La declaración final sumó rechazos por la escasez de detalles y las ventajas para el régimen; el dictador aceptó la propuesta para ir a EE.UU. e invitó al republicano a Corea del Norte Fuente: AFP
Rafael Mathus Ruiz
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13 de junio de 2018  

WASHINGTON.- El gobierno de Donald Trump celebró como un éxito rotundo la cumbre con el dictador Kim Jong-un , un primer paso que desactivó -por ahora- el riesgo de una guerra nuclear de consecuencias inconmensurables. Pero el salto que dejó Singapur quedó rápidamente teñido por críticas en Washington, mechadas con una buena dosis de escepticismo, frente a la escasez de detalles y las concesiones a Pyongyang plasmadas en el acuerdo y las palabras.

Trump dejó Singapur convencido de haber logrado un avance mayúsculo con Kim al firmar una declaración en la que ambos se comprometen a "construir un régimen de paz duradero y estable" y Corea del Norte promete trabajar en una "desnuclearización completa" de la península coreana. Trump se mostró tan exultante que hizo algo atípico: dio entrevistas televisivas a periodistas que no eran de Fox News, el canal más dócil con su presidencia.

"Es un comienzo, pero es un documento excelente", dijo Trump a la cadena ABC. "Tenemos el marco para prepararnos para desnuclearizar Corea del Norte", afirmó. Más tarde se supo que Kim aceptó una propuesta del magnate para ir a Estados Unidos e invitó a Trump a viajar a Corea del Norte, según publicó la agencia oficial KCNA. Además, el dictador señaló que "la desnuclearización depende del cese del antagonismo".

Trump y Kim se dan histórico apretón de manos - Fuente: AFP

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La principal crítica al acuerdo fue que Trump entregó mucho y obtuvo poco o nada a cambio. Anunció la suspensión de ejercicios militares con Corea del Sur, sorprendiendo al Pentágono y a Seúl y dándole un guiño a China. Se reunió a solas con Kim, levantó el pulgar, sonrió para la foto, dijo que le encantaría invitarlo a la Casa Blanca y que confiaba en él, y lo cubrió de elogios -"muy inteligente", "gran personalidad", "gran negociador"-, ungiéndolo en legitimidad. Todo sin dejar nada por escrito sobre las atrocidades cometidas por su régimen. "Su gente lo ama", dijo.

La comparación con el desplante al G-7 en Canadá, solo dos días atrás, derivó en otro azote: Trump trata a los dictadores mejor que a los aliados históricos de Estados Unidos.

El escepticismo se asentó porque, a pesar del avance para "desnuclearizar la península coreana", que disipa el riesgo de un conflicto tras la altísima tensión del año anterior, el documento final de cuatro puntos de la cumbre fue flaco: carece de una definición precisa sobre la desnuclearización -que significa una cosa en Pyongyang y otra en Washington-, de una hoja de ruta y de metas concretas o mecanismos de verificación. Una declaración de deseos huérfana de detalles.

Trump, dispuesto a invitar a Kim a la Casa Blanca - Fuente: AFP

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"Esto es muy decepcionante", escribió en Twitter Bruce Klingner, analista de la Fundación Heritage, uno de los think-tanks de Washington más alineados con el gobierno de Trump. Klingner trabajó 20 años en los servicios de inteligencia. "Cada uno de los cuatro puntos principales estaba en documentos anteriores con Corea del Norte, algunos de una manera más fuerte y más abarcadora", explicó.

Incluso el punto sobre desnuclearización, remarcó Klingner, es más débil que el lenguaje usado durante la última ronda de negociaciones, el llamado Diálogo de los Seis. Y ahora el gobierno de Trump borró algo que siempre exigió: una mención explícita a que el proceso fuera "verificable e irreversible".

"La declaración de la cumbre es esencialmente aspiracional: no hay definiciones de desnuclearización, ni cronogramas, ni detalles sobre la verificación. Lo que es más perturbador es que Estados Unidos concedió a cambio algo tangible: los ejercicios militares con Seúl", apuntó Richard Haass, presidente del Consejo de Relaciones Exteriores.

En el Capitolio, las críticas se mezclaron con la cautela. El senador Marco Rubio, una de las voces republicanas más escuchadas en política exterior, con buena llegada a la Casa Blanca, desplegó "fuego amigo". "Espero estar equivocado, pero todavía creo que [Kim] nunca entregará sus armas nucleares y misiles a menos que crea que no hacerlo dispara una reacción para terminar el régimen", escribió. Luego publicó un artículo de The New York Times con un recuento de las violaciones de derechos humanos de Pyongyang y continuó: "Cualquier 'acuerdo' que en última instancia no ponga fin a estas atrocidades no es un buen acuerdo".

Mitch McConnell, líder del Senado, optó por la cautela. Hizo hincapié en que aún faltaban los detalles y pidió que cualquier acuerdo sea discutido en el Congreso. La oposición demócrata denostó la cumbre. "Lo que Estados Unidos ganó es vago y no se puede verificar, en el mejor de los casos. Lo que Corea del Norte ganó es tangible y duradero", dijo el líder demócrata, Chuck Schumer.

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