Un show mediático, un documento vago y ninguna garantía

Adrián Foncillas
Adrián Foncillas PARA LA NACION
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13 de junio de 2018  

La cumbre de todas las cumbres deparó el previsto espectáculo mediático y la temida vacuidad sustancial. Donald Trump y Kim Jong-un partieron anoche de Singapur con la foto que sus egos reclamaban, un puñado de vagos compromisos y ningún documento que fiscalice su cumplimiento. No hubo rastro de la presunta magia negociadora de Trump, aunque sí de sus hipérboles: tremendos logros, éxitos más allá de lo que nadie podía imaginar, documento sólido y extenso que asegurará la paz...

El documento son cuatro puntos sin garantías vinculadas. Ambas naciones establecerán nuevas relaciones, construirán la paz y se ayudarán en la búsqueda de cadáveres de soldados. Corea del Norte, además, "se compromete a trabajar en la desnuclearización completa de la península". Ahí acaba todo. No contempla la entrega de un listado pormenorizado de las armas e instalaciones nucleares norcoreanas, ni la fiscalización del desarme por inspectores internacionales, ni un calendario con plazos concretos.

El solemne compromiso de Pyongyang por su desnuclearización que Trump aireó como un logro personal no es nuevo. Ya lo firmó en los acuerdos de 1994 y 2005 y lo reiteró en la declaración de Panmunjon de abril durante la cumbre intercoreana en la frontera. Entonces se disculpó la falta de desarrollo porque llegaría en la futura reunión con Trump.

El acuerdo desoló a los expertos. Andrei Lankov, de la Universidad de Kookmin, habló de un acuerdo de "valor prácticamente cero".

"Esperábamos que fuera un fiasco, pero es peor de lo que imaginábamos. Estados Unidos podría haber sacado serias concesiones y no lo ha hecho", sostuvo en NKNews. También Robert Kelly, profesor de la Pusan University, dijo que era "más delgado" de lo temido.

Singapur certifica el despiadado derrumbe de las expectativas con las que Trump accedió a reunirse con Kim. Entonces aludía repetidamente a la desnuclearización completa, inmediata e irrevocable (CIVD, por sus siglas inglesas) y prometía levantarse de la mesa ante la primera objeción de Pyongyang. Por el camino rompió unilateralmente el acuerdo de desnuclearización con Irán en contra de toda la opinión mundial. Con Corea del Norte, exclamó, enseñaría cómo se cierran estos asuntos. La insistencia de expertos en que el desarme de un país no se completa al alba, sino que requiere muchos años, lo forzó a rebajar las expectativas de la cumbre paulatinamente. Este se presentó finalmente como la forja de relaciones de confianza. El entusiasmo había menguado mucho en la víspera, pero pocos imaginaban esta falta de garantías. Aquel acuerdo de Irán, calificado por Trump como "el peor de la historia", tenía el blindaje de Fort Knox comparado con el firmado ayer.

El mejor espectáculo de la cumbre llegó en la conferencia de prensa posterior. Trump compareció sin nada que ofrecer ante docenas de compatriotas cargados de preguntas incómodas. Manejó con impúdico disfrute una situación que habría torturado a cualquier otro. ¿Por qué no se han incluido garantías? "No había tiempo, he estado solo un día". ¿Cuándo se completará la desnuclearización? "He estado leyendo mucho, he hablado con expertos y parece ser que el proceso es largo. Pero sé que en cuanto Kim Jong-un aterrice en Pyongyang, se pondrá a trabajar". Algunos analistas ya vaticinaron que los taimados negociadores norcoreanos atacarían a Trump mediante su vanidad.

Y aun guardaba un conejo en la galera: terminará con las maniobras militares conjuntas con Corea del Sur. Esos ejercicios cíclicos en la península descomponen sin remedio a Pyonyang porque los ve como ensayos de invasión. Lo justificó en el precio y también en su "innecesaria provocación". No hay que descartar que se le ocurriera durante la conferencia de prensa. Los mandos militares estadounidenses y surcoreanos de la zona declararon después no saber de qué les hablaban y que seguirán con los planes previstos mientras no recibieran una notificación oficial. Seúl dijo que estaba intentado discernir qué significaban esas palabras.

Trump ofreció en Singapur a Kim una foto que habían soñado sus antepasados y que le confiere un estatus de líder internacional, detendrá los ejercicios militares que Pyongyang había pedido durante décadas, se plantea retirar tropas de Corea del Sur y excluye cualquier garantía del acuerdo.

A cambio ha recibido las etéreas promesas de que Corea del Norte se desembarazará en un futuro indeterminado de un arsenal que nadie fuera del país sabe en qué consiste. La intención de Trump es que los equipos de negociadores vayan dándoles cuerpo a las generalidades presentadas ayer.

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