El generoso gesto de la "madre patria" con Argentina

Sebastián Fest
Sebastián Fest LA NACION
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13 de junio de 2018  • 09:53

MOSCÚ - El presidente del club más exitoso del mundo que recibe dos cachetazos públicos en dos semanas. El técnico que cree que está ante su gran oportunidad e insólitamente no entiende la que tiene entre manos. El líder de la selección que amenaza al presidente de la federación. El presidente de la federación que, enfurecido, decide dar un golpe para dejar en claro que con él no se juega. No hay hoy país más interesante que España, capaz de convertir en anécdota luxemburguesa el papelón argentino con la cancelación del amistoso en Israel.

La pregunta es válida. ¿Qué le pasa a España? ¿Cómo es posible que tras el temblor político que implicó derribar a un primer ministro conservador para poner en su lugar a un socialdemócrata, ahora sacuda al Mundial de fútbol fulminando a su técnico, Julen Lopetegui, dos días antes del debut ante el Portugal de Cristiano Ronaldo?

La única explicación es que España entró en modo rock&roll. Nadie tiene garantizada su silla, nada de lo que era es. Los poderes reales y los poderes fácticos entraron en cuestión.

Poder real era el que tenía Iñaki Urdangarín, casado con la hija del rey, la hermana del heredero que hoy ya es rey. Mientras Luis Rubiales, presidente de la Federación Española de Fútbol (RFEF), anunciaba en Krasnodar el fulminante despido de Lopetegui, Urdangarín se enteraba de que en no más de cinco días deberá entrar en la cárcel. Ambas noticias coincidieron, y el debate era si una tapaba a la otra. Ganó el fútbol.

Poder real (y fáctico) es (¿era?) el de Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, ese club abonado a ganar la Champions. Emilio Butragueño lo definió alguna vez como un "ser superior", y el ex político bien podría haberse creído esa descripción. Un par de días después de ganar la inolvidable final ante el Liverpool en Kiev, Pérez tuvo una fuerte discusión con Zinedine Zidane. Se pelearon por lo que siempre se peleó el presidente del Real Madrid con sus técnicos: por los fichajes de jugadores. A Pérez le encanta elegir futbolistas para el equipo -no es el único presidente con esa característica-, pero Zidane ya no estaba dispuesto a transigir. Como no existía la opción de darle un cabezazo a Florentino, optó por el cachetazo simbólico y público: renunció y dejó expuesto al hombre más poderoso del fútbol español.

Pérez, que siempre tiene un as en la manga, quiso tapar el desaire de Zidane contratando al técnico de la selección días antes del Mundial. Diría, sin decirlo, que él estaba por encima de todo, incluso del equipo de todas las Españas. Cometió el error de no contar con la reacción del sorprendente Rubiales, durante ocho años reivindicativo jefe del sindicato de futbolistas. Rubiales no estaba dispuesto a que licuaran su autoridad, y el regalo de Florentino le llegó apenas dos semanas después de haber asumido el mando de una federación en la que el oscuro Angel Villar -el Julio Grondona ibérico- mandó con puño de hierro durante más 28 años.

Rubiales estaba en Moscú cuando un grupo de periodistas le dijo que Lopetegui se iba al Real Madrid apenas terminara el Mundial. A los diez minutos se conoció el comunicado oficial del club. Ningún problema para Sergio Ramos, ¿pero qué pensarían Gerard Piqué o Andrés Iniesta? No dudó Rubiales, pese a las presiones de Ramos: hoy, en la ciudad de los viajes espaciales de la Unión Soviética, le dio un cachetazo galáctico a Pérez y mandó a Lopetegui anticipadamente y en cohete a su nuevo trabajo. Fernando Hierro, el nuevo técnico, no necesitó subirse a cohete alguno. Estaba ya en Krasnodar, donde había tenido una dura discusión con Lopetegui.

España ejerce así de compasiva y generosa "madre patria" para darle un respiro de titulares a esa Argentina que trabaja por la paz en el mundo. Y un dato más: el Mundial todavía no empezó.

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