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A cien años, la Reforma Universitaria sigue vigente

Fuente: LA NACION
Gabriela Origlia
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15 de junio de 2018  • 11:56

CORDOBA. A un siglo de la reforma universitaria que trascendió desde esta ciudad a toda Latinoamérica, los expertos coinciden en que los postulados de aquel movimiento siguen vigentes y advierten que hay nuevos desafíos a afrontar en especial para responder a las demandas de un mundo "muy dinámico, con pocas certidumbres".

Horacio Sanguinetti, miembro de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas y de la de Educación, enfatiza que no hay otro movimiento cívico que "siga preocupando y ocupando tanto" como el de la reforma universitaria porque "su importancia fue inmensa, se propagó por todo el país y toda América".

Cita al reformista Deodoro Roca -sobre quien Sanguinetti tiene un libro, La trayectoria de una flecha- "se salió a buscar un maestro y se dio con un mundo". Insiste en que el movimiento "trascendió su tiempo y su lugar".

El rector de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) Hugo Juri y el presidente de la Universidad Nacional de La Plata, Fernando Tauber, coinciden en que los postulados de 1918 tienen "total vigencia" y mencionan los conceptos autonomía, libertad de cátedra, ingreso irrestricto y acceso por concurso a las cátedras. Enfatizan que fueron la llave para "entender a la universidad como espacio de debate".

Para Tauber aquel movimiento fue el cimiento de la reforma de 1984, la base "indispensable para gestionar, proponer y alcanzar la universidad que hoy tenemos". Rescata que la mirada de los reformistas "orientada a la sociedad" fue la que impactó en el modelo latinoamericano de universidad pública.

"Introdujeron el concepto de democracia en una universidad científica, pensada no sólo para un grupo de elite -agrega-. Le costó mucho a la educación superior en general y a la universitaria pública llegar a su refundación en el último tramo de continuidad democrática; hoy estamos en un período inicial de madurez".

Juri plantea que en la actualidad hay una situación "de cambios parecida, pero a mayor velocidad" de la que se vivía en 1918. "Hay que tener presente el principio reformista de no ser dogmático y preparar las herramientas necesarias para afrontar el futuro superando, incluso, la natural resistencia que solemos tener los seres humanos".

El rector de la UNC interpreta que la universidad es "muy progresista hacia afuera" pero "muy conservadoras hacia adentro" y que hay que realizar un trabajo intenso para aceptar cuando se creen tener "todas las respuestas, cambian las preguntas". La referencia es, por ejemplo, a que las carreras estructuradas deben ser "repensadas" porque ahora la demanda es "multi académica, de extensiones más flexibles; con uso de nuevas tecnologías y para colectivos que no son los habituales".

A LA ALTURA DE LA EXIGENCIA

"Las generaciones del '18 y la del '45 tenían una altura intelectual que se diluyó -analiza Sanguinetti-. Nos debemos elevar científicamente para llegar al equivalente que tuvieron aquellos años. Es un problema de la intelectualidad en general; no sólo de la universidad. Me siento algo avergonzado por no estar a la altura; aquellas generaciones se exigieron mucho más, hoy es más fácil actuar y hacemos menos".

Recuerda que la vida universitaria argentina alternó períodos reformistas y anti reformistas ("hasta no hace tanto el peronismo estaba en contra y, por supuesto, la dictadura) y que, más allá de los aspectos formales sobre los que avanzó el movimiento de 1918, "lo que sigue conmoviendo es el principio de libertad, de responsabilidad de los estudiantes con el país que los mantiene".

Para Juri aquella "apertura" por la que lucharon los reformistas hoy implica "salir de los claustros porque las aulas ya no alcanzan para cubrir a toda la población; por justicia social y de desarrollo nacional hay que ampliar nuestro campo de acción; la universidad se tiene que repensar de acuerdo a las necesidades sociales y la pertinencia también pasa por ser global en ciencia y tecnología".

"Pensar un poco menos en nuestras demandas insatisfechas como institución y mucho más en el compromiso social, en aquellos que no tienen el privilegio de llegar a la universidad -afirma Tauber-. La inclusión no sólo es lograr que muchos estudien, lo que sucede; sino avanzar en su egreso. Cada uno que perdemos es un fracaso, una frustración".

Tanto él como Juri subrayan que ya no alcanza con pensar en la educación formal sino que hay que alcanzar a quienes requieren capacitación y certificación de conocimientos. "Esa es la reforma de nuestra época; la cuarta pata después de la enseñanza, la investigación y la extensión es incluir a los sectores sociales que requieren de la universidad como una herramienta a la altura de sus necesidades".

Juri opta por un juego de palabras: "Hay cosas que sabemos que sabemos, como que las carreras tradicionales tiene menos posibilidades de trabajo; otras que sabemos que no sabemos, como qué carreras habrá en ocho años y muchas que no sabemos que no sabemos: qué podría aparecer que revolucione la realidad como lo hicieron las redes sociales. No hay certeza de nada y no nos podemos quedar con lo que fue exitoso".

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