Algo más que la despenalización

Mariano Obarrio
Mariano Obarrio LA NACION
(0)
13 de junio de 2018  • 11:58

Cualquier despenalización o legalización de un delito es un incentivo a que esa práctica se propague, máxime si el Estado la institucionaliza gratuitamente y hasta la promueve. Pasó en todos los países abortistas: el aborto creció de manera exponencial. Pero el dictamen que se debatirá hoy en el Congreso no es sólo una "despenalización", sino una plan de promoción del aborto sistemático en todas sus formas y en cualquier etapa del embarazo, no sólo hasta las 14 semanas. Por eso es un proyecto aberrante, inconstitucional y reñido con el primero de los derechos humanos, que es el derecho a la vida.

Es un engaño decir que sólo despenaliza a la mujer, que es el argumento de los abortistas. Permitirá e incentivará también el aborto de cualquier vida hasta la semana 14. Incluso la de chicos con malformaciones, como Síndrome de Down, labio leporino, espina bífida, cardiopatías tratables, pies zambos, focomelias, polisindáctilias, hidrocefalias, ventriculomegalias o acondroplasias, según surge de la experiencia de los países con larga historia abortista.

Para eso corrieron el plazo original que se debatía desde la semana 12 hasta la 14, porque en ese lapso es cuando se pueden detectar diagnósticos prenatales con malformaciones. No nos podemos convertir en un país que segrega, que excluye y que discrimina entre una vida y otra. Ni una vida vale más que otra.

Esta ley podrá servir también, por añadidura, para eliminar vidas sanas y con malformaciones en cualquier etapa del embarazo, hasta el noveno mes. En su artículo 3 señala que "fuera del plazo dispuesto" (de 14 semanas) se le otorga derecho a la "persona gestante" a abortar con el pretexto del riesgo de la salud, considerada como derecho humano, lo cual según las convenciones internacionales implica salud social o psíquica, concepto vago y subjetivo.

Bajo este riesgo de salud social se podrán eliminar vidas del vientre, tanto con malformaciones o sin ellas, si se invoca que la vida por nacer perturba las condiciones familiares, económicas, anímicas o laborales de la "gestante". Ello implica un total desprecio del derecho del niño, del bebe, incluso en etapa avanzada, descartado y sacrificado en el altar del egoísmo e individualismo extremo.

No nos engañemos. Cuando algo se legaliza, se crea el incentivo, se elimina el peso de la responsabilidad, y se libera la conciencia. Y a eso se le agrega la gratuidad. Por todo eso, aumentarán los abortos como en todos los países abortistas en que se legalizó. En EE.UU se empezó con 193.000 abortos en 1970 y se elevó a 1.034.000 en 1975. En España 411 abortos en 1986 y hoy rondan los 100.000 por año. En Uruguay 7000 en 2013 y escaló a 10.000 en 2016. No es cierto que no habrá más abortos.

Quizás por un descuido semántico, incorpora en el artículo 3 como causal la inviabilidad de vida extrauterina, algo que tampoco está bien definido y requiere más discusión. Si dice que hay vida "extrauterina", ¿entonces reconocen que existe la vida intra-uterina? ¿Y si hay vida intrauterina, es legítimo en casos sanos eliminarla o es un crimen?

Este dictamen elimina la objeción de conciencia para clínicas religiosas (por caso, Hospital Austral, Mater Dei y otras), algo que va contra la libertad de conciencia, y contra del derecho a opinar libremente y a profesar cultos diversos en la Argentina, derechos consagrado por la Constitución. Toda clínica estará obligada a practicar abortos aun en contra de sus creencias humanas o religiosas.

A los médicos los pone contra la espada y la pared: para ser eximidos de practicar abortos, si tienen objeción de conciencia, deberán inscribirse en una lista de objetores de conciencia, algo que puede terminar siendo una "lista negra" que les impediría promociones profesionales dentro de sus clínicas o centros de salud. Por eso el proyecto es discriminatorio.

Pero además esa objeción de conciencia es restringida. Siendo objetores de conciencia, su deseo no será absoluto: estarán obligados a practicar abortos en casos de ingreso de una paciente que requiera atención "inmediata e impostergable". ¿Quién define esa categoría? El dictamen lo deja librado a la imaginación de cada uno, lo cual podría incluir cualquier circunstancia.

Por otra parte, se obliga a los médicos no objetores de conciencia, convertidos en abortistas a tiempo completo, bajo penas severas de prisión de tres meses a un año, a optar sí o sí por el aborto, con lo cual el aborto se va a propagar porque se recomendará sistemáticamente para todos casos ante el riesgo de un juicio por mala praxis o de chicos dudosos de malformaciones por el riesgo de salud social. Como en los países abortistas. El anterior dictamen fijaba esa pena de 6 meses a 2 años de prisión y establecía también penas de prisión de 2 a 5 años para los médicos que permitieran que el babe naciera sano y salvo. Claro, era un poco mucho y ayer nomás borronearon esa amenaza a la comunidad médica.

El proyecto de ley, además, está flojo de papeles. El artículo 75 inciso 22 de la Constitución Nacional adhiere a los tratados internacionales que protegen el derecho a la vida desde la concepción, como la Convención Americana de Derechos Humanos y la Convención de los Derechos del Niño, que incluso ordena que ante una colisión de intereses con sus mayores prevalecen los derechos del niño. En el inciso 23, la Constitución habla de garantizar la protección de los derechos del niño "desde el embarazo".

El dilema es la vida de la madre, tan invocado por quienes impulsan el aborto. Podemos atender las vidas de las madres desde otro lugar, dando políticas y peleas positivas. El aborto no es lo único ni lo mejor para darles. Es la peor tragedia humana que acarrea otras tragedias personales y familiares. Por evitar una "condena" de nueve meses en el vientre (según el argumento políticamente correcto) se puede condenar a una mujer y a su familia para toda la vida. Cuidemos la vida de esa madre y la de miles de vidas en el vientre, que seguro no tendrán derecho a nacer con prevención, anticonceptivos, educación, educación sexual, contención y un mejorar sistema de adopción. Hagamos campañas masivas de concientización, como las que lograron reducir el consumo del tabaco o generalizar en su momento el uso del preservativo: no abortes, el aborto mata. Hay otros caminos para cumplir tus sueños.

Hay muchas cosas mejores antes que el aborto. Más humanas y más concordantes con nuestra cultura de ser argentinos. En la que siempre hay lugar para "uno más" y en la que no queremos "ni uno ni una menos". Hay que formar una cadena transversal para exigir el cumplimiento de una agenda para las mujeres, que son lo más sagrado y lo más lindo que tenemos en nuestra tierra.

El aborto no es un clamor popular, ni mucho menos. Quienes queremos cuidar las dos vidas juntamos casi 700 mil firmas, nos movilizamos por todas las calles del país por millones para pedir que Cuidemos las Dos Vidas. La inclusión social, la igualdad de oportunidades y los derechos humanos, como el derecho a la vida, comienzan en el vientre materno, que debe ser el paraíso de la paz y no el final de la historia.

temas en esta nota

0 Comentarios Ver

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.