Remó el río Santa Cruz con temperaturas de hasta -20° para protestar contra las represas

Crédito: Franco Pelaez
13 de junio de 2018  • 17:25

Enfrentando temperaturas de hasta 20 grados bajo cero, y en condiciones adversas, Germán Roberts, de 44 años, nacido en Esquel y uno de los mejores deportistas en disciplinas extremas del país, remó el río Santa Cruz desde su naciente en el Lago Argentino hasta su desembocadura en el Océano Atlántico. Entre flamencos, cauquenes, zorros y guanacos hizo esta epopeya ecológica con un objetivo central: alertar "al mundo" sobre el impacto que tienen las represas que se están construyendo sobre este río, el último río glaciario de la Patagonia.

El gobierno nacional, junto a capitales chinos, pusieron en marcha la construcción de las represas Cóndor Cliff y La Barrancosa. Ambas cortarán el río y generarán 1300 megawatts de potencia. Las obras son resistidas por ambientalistas. En esta sintonía, Germán navegó todo el curso del río, unos 380 kilómetros, pasando por los obradores en donde halló tiendas de campaña y vehículos del Ejército. "Las obras afectarán al Glaciar Perito Moreno, que podría retroceder 70 metros, y no romper más", advierte este hombre, padre de siete hijos. Cuenta que remó durante "dos días en condiciones extremas para "visualizar una problemática que amenaza a toda la humanidad: el agua".

Germán Roberts, de 44 años, ganó nueve veces el Tetratlón de Esquel Crédito: Franco Pelaez

La travesía la inició el viernes 1° de junio, a las 9 de la mañana, en el Lago Argentino. Salió desde el Club Náutico de El Calafate. Un viento muy fuerte llegaba desde la Cordillera de Los Andes, las aguas estaban movidas. Navegó 40 kilómetros hasta hallar la boca de entrada del río Santa Cruz. "El viento oeste me mojó todo y comencé a sentir mucho frío".

El río, que recibe aguas de hielos continentales, tiene muy baja temperatura. Su vestimenta comenzó a humedecerse y las fuertes ráfagas de viento le quitaron calor corporal. En horas de la noche la situación se volvió dramática: debió evaluar si seguir o no.

Frío insportable

Germán, que es integrante del Team Argentina y participó de competencias en el desierto marroquí y en el Himalaya, decidió frenar su marcha a la medianoche. "Tuve principio de hiportermia, había 20 grados bajo cero", dice. Su plan era remar toda la noche pero los temblores se lo impidieron. Dejó su kayak en la orilla, se sacó la ropa mojada, se puso un saco vivac, que es una suerte de carpa individual para dormir a la intemperie, y estuvo diez horas temblando, sin poder dormir esperando a que el sol saliera.

Durante la travesía, soportó temperaturas de hasta menos 20 grados Crédito: Franco Pelaez

Con las primeras luces del sábado, con el kayak escarchado, siguió viaje por las heladas aguas del Santa Cruz. Esta fue la etapa crucial de su travesía. Aproximadamente en la mitad de la provincia, el paisaje comenzó a cambiar. La presencia humana se hizo notar por primera vez. A 70 kilómetros del Lago Argentino, el Ejército construyó un puente que es atravesado por cables. Durante este trayecto vio efectivos de esta fuerza, gran parte de ellos en los obradores donde están construyendo ambas represas.

"Una de las situaciones de peligro la viví cuando uno de los cables del puente se enredó con el timón -dice-. Alrededor de 40 militares mi miraban desde allí". Aunque su paso por la primera represa, la Condor Cliff, causó indiferencia. El día soleado dejaba ver las maquinarias de gran porte trabajando en un lugar alejado de pueblos, con estancias abandonadas y en un entorno natural virgen. "Sentí mucha impotencia, quería bajar y parar las obras", afirmó.

Río abajo, a 65 kilómetros de Cóndor Cliff, están las obras de la represa La Barrancosa. Ambas deberían entrar en funcionamiento en el año 2020, que es cuando el río se cortará para generar energía. La presencia del Ejército aquí también es notable. "Están construyendo un segundo puente", agrega Germán.

Turquesa y correntoso

El río Santa Cruz tiene tramos de 30 metros de ancho, y algunos de 200. Se trata de un cauce entre turquesa y verde, correntoso y con mucha agua. Durante la travesía, Germán se encontró principalmente con aves. Muchas de ellas, como el maca tobiano -en riesgo de extinción- anidan en las orillas. "No se informa del impacto real que tendrán estas represas. No hay conciencia de la catástrofe que puede pasar".

El Santa Cruz es el último río glaciario de la Patagonia Crédito: Franco Pelaez

La segunda noche la pasó en la Isla Pavón, cerca de la localidad de Luis Piedrabuena. Llegó a las tres de la madrugada con quince grados bajo cero. Le quedaban sólo 40 kilómetros para encontrarse con el Mar Argentino, y así concluir su viaje. Experimentado en pasar por situaciones climáticas adversas, esta vez pudo dormir y comer, la dieta en estas situaciones se basa en barras de cereal y geles proteicos. Germán ganó nueve veces el Tetratlón de Esquel. En 1988 participó de la Discovery Channel Eco Challenge de Marruecos, considerada la carrera más extrema del mundo. Ha corrido en competencias de supervivencia en Estados Unidos, Europa, Malasia y China, pero este desafío por el río Santa Cruz fue diferente. Nacido en territorio patagónico, desde chico tuvo contacto con estos cauces de aguas puras. "No es bueno que generemos energía a partir de cortar un río, hay alternativas ecológicas", sostiene.

Al amanecer del sábado, el sol bañó de luz dorada los arbustos duros por el frío nocturno. El pequeño kayak continuó su silencioso recorrido hasta cruzar Puerto Santa Cruz y ver el horizonte emancipador del Mar Argentino, donde las aguas de los glaciares se unen a las corrientes marinas australes. Al llegar abrazó un pensamiento que resumió el sentido de su viaje. "Entendí que lo hice para que las futuras generaciones puedan disfrutar de un río libre de represas", concluyó.

TEMAS EN ESTA NOTA