La Iglesia avaló el debate y mantuvo su fuerte rechazo

Oscar Ojea, presidente del episcopado: Incansable promotor del diálogo, fue el artífice de la declaración inicial del Episcopado, que en febrero pasado, al lanzarse el debate, pidió "un diálogo sincero y profundo"
Oscar Ojea, presidente del episcopado: Incansable promotor del diálogo, fue el artífice de la declaración inicial del Episcopado, que en febrero pasado, al lanzarse el debate, pidió "un diálogo sincero y profundo"
Luego de pedir que se escuchen todas las voces, la postura de los obispos no dejó mucho margen para la negociación; cedieron protagonismo a los laicos
Mariano De Vedia
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14 de junio de 2018  

Con fuerte expectativa siguieron ayer durante todo el día en la Iglesia el debate sobre la despenalización del aborto en la Cámara de Diputados . "Lo que siempre quisimos es que se garantice un debate sincero y se escuchen todas las voces", resumió un sacerdote que trabaja estrechamente con la conducción del Episcopado, que encabeza el obispo Oscar Ojea.

"Más allá del resultado, la Iglesia seguirá trabajando en la pastoral de la vida", sostienen entre los obispos, al dejar en claro que "nunca se intentó quedar como enemigo de nadie".

Lo cierto es que en los meses previos al debate, a la par de los avances de las audiencias públicas, convivieron en torno de la Iglesia el llamado inicial del Episcopado a "un diálogo sincero y profundo, sin descalificaciones, violencia y agresión" y el protagonismo de organizaciones católicas, algunas de las cuales mostraron posturas rígidas y poco flexibles para encontrar fórmulas de consenso.

En medio de la incertidumbre por el resultado final, hay entre los obispos un reconocimiento a que las marchas y movilizaciones, principalmente en el interior, fueron un aporte significativo para llegar a un escenario de extrema paridad en la votación legislativa.

Distintos observadores de la realidad eclesiástica destacaron, en diálogo con LA NACION, "la actitud cívica y democrática en favor de un diálogo, en un terreno en el que resulta difícil encontrar canales de coincidencias".

Fue muy creciente y activa en los últimos tres meses la acción desplegada por Unidad Provida, una red de 130 organizaciones civiles que no tiene vinculación orgánica con la Iglesia -muchas de ellas ni siquiera son confesionales-, pero sí expresan posiciones coincidentes en defensa de la vida y en contra del aborto.

Los impulsores de Provida estiman que las marchas movilizaron a más de dos millones de personas en todo el país, con los principales picos en las concentraciones del 25 de marzo, cuando se celebró el Día del Niño por Nacer, el 10 de mayo y el 10 y 13 de junio, en más de 100 ciudades.

En la recta final del debate hubo varios obispos que ocuparon la escena y ratificaron la posición de la Iglesia contra el aborto.

"Puede haber posiciones distintas, pero no se puede mentir", declaró horas antes de la sesión el obispo auxiliar de La Plata, monseñor Alberto Bochatey, al desacreditar las estimaciones sobre la cantidad de abortos que predican los sectores que apoyan la ley.

En la propia Iglesia, sin embargo, hay voces que se preguntan si los católicos no llevaron al debate una posición demasiado rígida, sin margen para la negociación. Lo preguntó, en cierta forma, un editorial de la revista Criterio, una de las publicaciones más respetadas del pensamiento católico, al plantear la inquietud acerca de si las posiciones de los sectores católicos no terminaron por representar "un rol meramente testimonial".

En la declaración en la que los obispos pidieron, en febrero pasado, "ser respetuosos de la vida" y reconocer "la dignidad de la vida humana desde el comienzo de su concepción", el Episcopado señaló que "el camino para abordar estas situaciones es la implementación de políticas públicas que establezcan como prioritaria la educación sexual integral de la ciudadanía".

Sin embargo, en la campaña previa al debate los sectores católicos no centraron su reclamo en la necesidad de formular planes de formación y prevención sobre educación sexual, sino que se puso el acento en la defensa de la vida y en señalar el aspecto criminal del acto del aborto.

En cuanto a la figura del papa Francisco, en la propia Iglesia son conscientes de que la aprobación de una ley que legaliza el aborto en su propio país lo expone a las críticas de los sectores más conservadores en el Vaticano.

En el plano local, un fiel intérprete del pensamiento de Francisco -el flamante arzobispo de La Plata, Víctor Fernández- dio a entender recientemente que la jugada del Gobierno de facilitar el debate sobre la despenalización del aborto "pone en conflicto a los sectores que defienden los derechos sociales".

Una observación que probablemente se refleje en posteriores pronunciamientos de la Iglesia sobre temas sociales, como el encuentro con representantes sindicales y empresarios que la Pastoral Social realizará el próximo fin de semana en Mar del Plata.

En caso de aprobarse, finalmente, el proyecto en la Cámara de Diputados, la Iglesia seguirá adelante con su posición en defensa de la vida humana y pondrá el ojo en el debate que se dará en el Senado.

Críticas de centros médicos

"El proyecto de ley que se discute pone enormes trabas al ejercicio del derecho humano a la objeción de conciencia, y además niega la actuación en conciencia del profesional objetor al aborto cuando se 'requiera atención médica inmediata e impostergable'. Es una redacción confusa, que abre las puertas a sanciones y presiones sobre el juicio médico", afirmó un comunicado de instituciones médicas, como la Clínica Bazterrica, la Fundación Fleni y el Hospital Austral.

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