Música de padres a hijos: el talento que se lleva en la sangre

Humphrey Inzillo
(0)
17 de junio de 2018  

Los Salinas (foto), los Iaies, los Pellican, los Fraga... Padres e hijos que abrazan el gusto por el jazz y desarrollan un cruce generacional que enriquece la escena. Cuando los nombres se renuevan, pero los apellidos se mantienen
Los Salinas (foto), los Iaies, los Pellican, los Fraga... Padres e hijos que abrazan el gusto por el jazz y desarrollan un cruce generacional que enriquece la escena. Cuando los nombres se renuevan, pero los apellidos se mantienen Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Dvoskin

La escena podría transcurrir hace treinta o cuarenta años, en el Hot Club, en Jazz y Pop, en los conciertos del Círculo Amigos del Jazz o en el ciclo Jazzología: Fraga, Pellican, Iaies y Salinas se encuentran, conversan, se ríen y comparten una jam session. La escena transcurre ahora, en Thelonious, en Bebop, en Velvet, en la Usina del Arte o. ¡En Jazzología! Los apellidos se mantienen, pero los nombres se renuevan. En el mes del padre, el ciclo creado por Carlos Inzillo en 1984, donde se formaron arriba y también abajo del escenario, como oyentes, varias generaciones de músicos argentinos, presenta el ciclo Padres e Hijos del Jazz. Luis Salinas y su hijo Juan compartieron una mirada jazzística sobre los blues y otros ritmos de la música argentina en la sala Muiño del Centro Cultural San Martín, Sarmiento 1551. También lo hicieron Manuel, Tomás y Cecilia Fraga, mientras que ahora les llega el turno a Adrián y Martín Iaies (pasado mañana) y a Ricardo y Andrés Pellican (el 26 de junio). Un cruce generacional que da cuenta del valioso legado que atesora el jazz argentino. No son los únicos, desde la familia Malosetti (del patriarca Walter a su hijo Javier y su nieto Julián) hasta el trompetista Juan Cruz de Urquiza y su hijo, el contrabajista Sebastián, pasando por el contrabajista Hernán Merlo y su hijo Fermín, baterista, el jazz argentino parece transmitir el talento por carga genética.

El panorama es distinto para esta nueva generación. Más allá de la formación old school, que consistía en tocar por encima de los vinilos de las leyendas del género, existe en Buenos Aires una carrera de jazz, dirigida por el pianista Ernesto Jodos, en el conservatorio Manuel de Falla. "Otra gran diferencia -dice el guitarrista Ricardo Pellican- está marcada por la aparición de Internet. Hoy los jóvenes pueden informarse ilimitadamente, y eso no siempre juega a favor, si no son metódicos se pueden distraer y quizás hasta perder objetividad en sus avances musicales. Aunque veo con gran satisfacción que muchos de nuestros hijos han llegado a niveles artísticos mucho más elevados que los músicos de mi época. Afortunadamente, en el panorama actual del jazz en la Argentina, contamos con jóvenes brillantes, grandes profesionales y sumamente creativos, comparables con los mejores del mundo".

LUIS Y JUAN SALINAS

Luis Salinas venía escuchando un disco de Camarón de la Isla y Paco de Lucía en el auto. Cuando su Juan, que tendría cuatro o cinco años, se despertó, dijo una hermosa frase que aún resuena en sus oídos: "La música es un corazón que sale de lo oscuro".

"Hasta el día de hoy me sigue pareciendo una frase hermosa y profunda", confiesa Luis, uno de los guitarristas más importantes de la Argentina. "Pero tengo muchos recuerdos musicales de Juan cuando era chico: una vez, yo estaba tocando arriba de un disco de Wes Montgomery y él, que era un bebé muy chiquito, me aplaudió cuando termino el tema. Un poco más grande, en las reuniones familiares se ponía a tocar una silla, hasta que en un momento se iba. ¿Sabés por qué? Porque quería que le pidiéramos otra. Y, finalmente, a los cuatro años se subió a cantar conmigo, por primera vez, en Villa Gesell. Cuando terminó, le dijo al público: '¡Gracias por venir!'".

Juan Salinas, por lo visto, era un precoz animal de escenario. En junio de 2012, cuando tenía 12 años, fue su inolvidable debut en el Teatro Coliseo, en el cierre de un concierto de un supergrupo que integraba su papá junto Jorge Navarro, Rubén Rada, Francisco Fattoruso, Gustavo Bergalli y Alex Acuña. "Ese show me marcó mucho", recuerda Juan ahora, transformado definitivamente en un músico profesional. "Era la primera vez que me invitaba a tocar alguien que no fuera mi viejo, en este caso el maestro Jorge Navarro. Y tengo un recuerdo muy lindo, me acuerdo de mirar mucho al público porque me impresionaba ver el Coliseo tan lleno. Y disfruté mucho de la onda que me tiraban y de cómo me escuchaban todos esos maestros siendo yo tan chico".

Esa vez, antes de salir a tocar, Luis le dio a su hijo el mismo consejo que le sigue dando cada vez que sale a escena: "Sentí tus notas, escuchá a los músicos que tocan con vos y disfrutá. No tenés nada que demostrar".

Padre e hijo disfrutan de escuchar música juntos. "Mi viejo me mostró todos los maestros y creadores de cada estilo", dice Juan. Pero lo que más disfrutan es cuando comparten un escenario. "Es una emoción tan grande que es muy difícil ponerla en palabras", dice Juan. "Te diría, simplemente, que es un regalo de Dios."

ADRIÁN, LAURA Y MARTÍN IAIES

Laura abre la boca y hace magia. Está hecha para cantar, entiende todo, tiene mucha personalidad y un sentido rítmico increíble. Martín, en cambio, es más como yo: somos el resultado de mucho trabajar, muy metódicos, perseverantes", dice el pianista Adrián Iaies. El director del Festival Internacional de Jazz de Buenos Aires se refiere a dos de sus hijos, Laura y Martín, que comienzan a delinear sendas carreras como cantante y guitarrista, respectivamente. "En ambos casos, nunca hubo dudas de que iban a ser músicos, y del compromiso y seriedad que semejante decisión conlleva. Tienen un largo camino para andar, pero hasta ahora cada una de sus decisiones estéticas ha sido correcta, no hay inconsistencias".

Adrián Iaies nunca tuvo dudas de que tanto Laura (cantante) como Martín (guitarrista) iban a ser músicos
Adrián Iaies nunca tuvo dudas de que tanto Laura (cantante) como Martín (guitarrista) iban a ser músicos Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Dvoskin

La música ocupa buena parte de las conversaciones entre los Iaies. "No solo hablamos de discos o grupos, sino de situaciones que se me puedan ir presentando. En general, siempre me fui guiando por consejos de mi viejo, a quien considero un referente como intérprete o compositor y también un ejemplo de músico independiente en el sentido de la autogestión y la permanente búsqueda", dice Martín, que está a punto de editar su primer disco como solista.

Laura, que se formó musicalmente con Roxana Amed, Sol Liebeskind y Katie Viqueira, recuerda cuando le contó a su papá que se había decidido a estudiar Economía. "Me costó bastante decírselo", confiesa. "Cuando me animé, obviamente me bancó, pero me dijo que yo era música naturalmente, que no era algo a lo que se pudiera renunciar. Me dijo que, hiciera lo que hiciera, la música me iba a perseguir toda mi vida y él me recomendó que no le intentara escapar porque 'la música te salva'. Tenía razón".

En el indispensable Las tardecitas de Minton's (1999), Adrián les dedicó dos canciones a sus hijos. A Laura, el "Valsecito para una rubia tremenda". A Martín, "De tal palo, tal astilla". Dice el pianista: "Él tenía 8 o 9 años cuando lo escribí. El título es casi una plegaria, es pedir que tu hijo te salga músico, para que tenga la posibilidad de vivir una vida tan bendecida como la tuya. Y unos años después me di el gusto de invitarlo a tocar su tema con el trío. Cuando subió al escenario se me puso la piel de gallina", dice. Y agrega: "Yo intuyo que si tu viejo decide dedicarse a algo como el jazz, donde siempre tenés más preguntas que respuestas y donde todo el tiempo estás abierto a lo que pueda suceder, digo, a vivir una vida jazzística, eso necesariamente moldea la relación porque es una invitación a que ellos la vivan del mismo modo".

RICARDO Y ANDRÉS PELLICAN

El joven bajista Andrés Pellican, uno de los músicos más activos de la escena, eligió el jazz como modo de expresión a los once años. "Fue sin saberlo. En principio, a través de mis referentes, en primer lugar mi papá y en segundo lugar Jaco Pastorius. Ambos son músicos de jazz, pero con estilos, ideas, swing e instrumentos totalmente diferentes. Si esa información te llega en el momento oportuno, te puede cambiar la cabeza y la vida para siempre. A mí me pasó cuando era chico, y acá estamos", celebra.

La influencia de la música de Ricardo Pellican sobre su hijo Andrés, según este, llegó a tiempo para cambiarle la cabeza
La influencia de la música de Ricardo Pellican sobre su hijo Andrés, según este, llegó a tiempo para cambiarle la cabeza Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Dvoskin

Su papá, Ricardo, es uno de los mejores guitarristas de gipsy swing en la Argentina, y referente en el estilo en toda América Latina. Desde hace 16 años organiza el Festival Internacional Django Reinhardt, enfocado en el estilo manouche del gran guitarrista belga. Y es, además, prestigioso docente de su instrumento. "Cuando empezó a estudiar, sus avances eran rápidos y su pasión por la música se acrecentaba", recuerda. "Ahí comencé a sospechar que su rumbo se estaba definiendo. Un par de años más tarde, su técnica había crecido mucho y su gran control sobre el ritmo era sorprendente; su talento natural para la práctica de la improvisación se transformó en un camino en el que se sintió cómodo, y su lenguaje musical evolucionó de manera constante. Pero además de su talento, siempre tuvo mucha voluntad para estudiar y el ámbito donde creció fue favorable".

La música es un elemento indispensable a la hora de pensar los vínculos en la familia Pellican. "Nos gusta mucho escuchar diversas ramas del jazz, como el gipsy swing o el bebop. Y también a otros artistas, como Steve Vai, los Beatles o Weather Report", dice Andrés. "Disfrutamos ilimitadamente de encuentros en los que todo lo que nos rodea desaparece, incluyendo el tiempo. Pueden pasar diez minutos o dos horas, pero siempre con un disfrute exorbitante", agrega Ricardo. Al mismo tiempo, celebra la capacidad para aprender y asimilar nuevos estilos de su hijo. "¡Desconozco cuál será su límite! Pero nunca dejo de sorprenderme".

MANUEL, TOMÁS Y CECILIA FRAGA

A veces, la pasión de la vocación por la música te aleja un poco de los hijos: por los viajes, por tocar los fines de semana a la noche, y hasta por tener otros trabajos para ayudar a la economía de la casa. Y eso, indefectiblemente, produce una distancia, porque el tiempo con los hijos se reduce. Por eso, es posible que al haberse volcado al jazz, Tomás y Cecilia encontraron una manera de acortar esa distancia, de fortalecer el vínculo conmigo", dice el pianista Manuel Fraga. Se refiere, claro, a sus hijos. Tomás, un guitarrista que, dada su trayectoria, es un "veterano de menos de 30 años", y su hermana, Cecilia, cantante desde los 14 años y formada con Delfina Oliver, Roberto Catarineu y Fabiana Avella. Juntos, los tres, presentan un espectáculo familiar, pero de alto vuelo, dedicado a Nat King Cole.

Para el pianista Manuel Fraga, que sus hijos Tomás y Cecilia se hayan volcado al jazz sirvió para estrechar la relación con ellos
Para el pianista Manuel Fraga, que sus hijos Tomás y Cecilia se hayan volcado al jazz sirvió para estrechar la relación con ellos Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Dvoskin

"La música es una forma de conexión muy profunda, y definitivamente compartir ese espacio con mi papá y mi hermano lo potencia enormemente", dice Cecilia. "Cuando canto y los veo a ellos tocar al lado mío es realmente mágico, porque salen a la luz todo el amor, el orgullo, la felicidad. ¡Son momentos de emoción muy fuerte! Estar en el escenario con el acompañamiento y apoyo de las personas que más amás en el mundo no se puede describir con palabras".

Tomás, además de integrar el grupo del legendario contrabajista Jorge López Ruiz, lidera su propio proyecto como solista. Su disco Influencias (2016) fue elegido entre los mejores del año por el crítico Mark Holston de la prestigiosa revista Jazziz. "A mi viejo le agradezco infinitamente que no me haya obligado a hacer nada. El interés por la música nació enteramente de mí. Y mi papá, simplemente, me apoyó e impulsó siempre. Cada vez que lo necesito me da sus grandes consejos; pero creo que el mayor y más importante de ellos fue y es su ejemplo de vida, su pasión por el piano y la música".

Emocionado, Manuel evoca cuando le compró su primera guitarra. "Él ya había empezado a tocar con un instrumento que había en casa, pero cuando Tomás tenía seis o siete años fuimos a comprar su primera guitarra de jazz. Pasaron más de veinte años, y todavía la tiene y la sigue usando. Lo gracioso es que estábamos en el negocio y eligió la que más le gustaba. Por supuesto, la quiso probar, y mientras tocaba la gente se paraba en la puerta. Imaginate, un chico de seis años tocando con swing y con la tranquilidad del que sabe lo que hace... ¡Tenías que ver las caras de los que se paraban y entraban a escucharlo!".

De Cecilia, Manuel destaca su oído. "Eso para cantar es fundamental. Además, ella capta hasta la más pequeñas inflexiones de las cantantes que escucha, y las lleva como si nada a su propia técnica vocal. ¡Sencillamente, envidiable!".

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?