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La fiebre de contar

Con las novelas Palabra, ojos, memoria y Cosecha de huesos y el libro de cuentos ¿Cric? ¡Crac! (Norma), de reciente aparición, Edwidge Danticat se convirtió en una de las grandes promesas literarias de los Estados Unidos, país al que arribó como inmigrante al abandonar su Haití natal cuando tenía 12 años. En este reportaje habla de sus orígenes, de su necesidad de mantener vivo el créole y de los relatos familiares que fueron la cuna de su nacimiento como escritora.
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1 de marzo de 2000  

CON un vestido negro suelto, largo aunque informal, la melena en trencitas discretamente reducida a un rodete, y unos sobrios anteojos que parecen más bien servirle de refugio, Edwidge Danticat llega sonriente al restaurante del East Village donde se realiza la entrevista. En muy poco tiempo, esta joven escritora haitiana -que en 1981, cuando tenía 12 años, emigró a los Estados Unidos- se ha ganado un lugar en las letras de su país de adopción, a tal punto que The New Yorker la incluyó en su tapa, dentro de una lista de "veinte promesas para el siglo XXI".

Su primera novela, Palabra, ojos, memoria (Ed. del Bronce), publicada en 1994, tuvo muy buena crítica. Ese espaldarazo y una invitación al popular programa televisivo de Oprah Winfrey (quien solicita a su audiencia que lea los libros de los autores invitados y les haga preguntas) colaboraron para que las ventas de su libro alcanzaran algunos cientos de miles de ejemplares. Cuatro años más tarde, en 1998, aparecía su segunda novela, Cosecha de huesos (Norma, 1999), ambientada en la República Dominicana durante la dictadura de Trujillo, de nefastas consecuencias para los haitianos. Entre ambas novelas, Danticat dio a conocer ¿Cric? ¡Crac! , un volumen de cuentos que fue nominado para el National Book Award y ahora lanza en español Editorial Norma.

La idea de ser escritora, confiesa, le viene desde niña, y en ninguno de sus libros se olvida de agradecer las enseñanzas que desde la infancia recibió de las mujeres de su familia. "En Haití, durante mis primeros años, cuando mis padres ya estaban en los Estados Unidos, mi abuela y mis tías fueron, diría yo, mis primeras maestras en el arte de contar historias. Escucharlas me hizo tener ganas de escribir, porque yo era muy tímida para narrar en voz alta. Cuando vine a los Estados Unidos, sentí que siempre iba a llevar conmigo lo que ellas me habían contado. Ese tipo de cosas se vuelve mucho más importante cuando se está en un país extranjero. Quería contar historias semejantes a las que había oído."

A la hora de decidir en qué lengua iba a escribir, Danticat no tuvo dudas. "Con mis padres siempre he hablado en créole , pero desde que empecé aquí la escuela secundaria yo estudiaba y escribía en inglés. Así que hablaba en una lengua que no escribía y escribía en una lengua que no hablaba del todo bien. A la hora de narrar, ambas lenguas me venían juntas, de un modo que no sabría explicar. Pero con el créole no me sentía cómoda. En ese contexto, el inglés era para mí el idioma de la escritura."

Sin embargo, admite, el créole siempre está presente en lo que escribe, "como detrás del inglés". Tanto que su editor suele señalárselo en algunos pasajes de sus manuscritos. Y, claro, también se percibe durante la entrevista su acento singular y un modo muy personal de expresarse en inglés. "Alguien llamó Ôlengua madrastra´ a esa segunda lengua adoptada en lugar de la lengua materna. Muchos haitianos que han venido a los Estados Unidos a la misma edad que yo no hablan más en créole . Yo traté de mantenerlo, porque formaba parte de mi aprendizaje. Mis padres también me insistían para que no lo perdiera. Incluso escribí en créole algunos radioteatros y poemas. Es una forma de volver a mi lengua de origen aunque, como llevo mucho tiempo viviendo fuera de Haití, no falta el que dice: "Ah, quiere probar que es haitiana".

Uno de aquellos radioteatros, escrito para una radio de Haití, adonde ella vuelve cada año, se convirtió luego en "Un muro de fuego", cuento incluido en ¿Cric? ¡Crac! "Yo crecí escuchando radioteatros. La radio es muy importante en Haití como medio de información y de entretenimiento. Y era más importante todavía cuando yo era niña, porque no teníamos televisión." Otra de sus formas de entretenimiento en aquella época era la lectura de libros para niños en francés. El deseo de revisitar el mundo de esas lecturas fue lo que la impulsó a estudiar literatura francesa en la universidad.

Todos los cuentos de ¿Cric? ¡Crac! , varios de los cuales obtuvieron premios antes de formar parte del libro, están relacionados entre sí por pequeños detalles. No fue, sin embargo, algo planeado de antemano. "Una vez que los terminé, me pareció que había estado escribiendo acerca de la historia de una familia haitiana a lo largo de varias generaciones, y entonces agregué algunas conexiones para hacer que eso fuera más evidente."

En el epílogo del libro hay una alusión a los peligros de ser escritor en Haití. "Me refiero a la época de la dictadura. En ese entonces, decir que una quería ser escritora era peligroso. Muchos escritores habían tenido que exiliarse. Daniel Laferriére, por ejemplo, que ahora vive en Montréal y escribe en francés, era periodista y lo expulsaron. Otros fueron asesinados o desaparecieron."

Cuando asoma el tema del dolor, Danticat prefiere llevar la conversación hacia los padecimientos atávicos, esas largas historias de dolor que arrastran, más o menos explícitamente, los personajes de todos sus libros. "Creo que traté de escribir mis propias pesadillas, cosas que vi y cosas que me angustiaría ver. Parte de eso se relaciona de algún modo con la dictadura en la que vivieron mis padres y muchos de mis parientes. Es como una huella que me arrastra. Prefiero evitar las referencias personales, porque así empiezan esas conversaciones exteriores a la literatura, que se vuelven muy tramposas, sobre la proyección de imágenes interiores. En algún sentido escribo esas cosas para tratar de entenderlas mejor."

Cierto facilismo clasificatorio llevó a algunos críticos estadounidenses a relacionar parcialmente la obra de Danticat con el realismo mágico. "Hay gente que considera magia lo que para el punto de vista de otros forma parte del reino de lo posible, porque tienen una visión de lo posible más amplia. Es el caso de ÔMil novecientos treinta y siete´, el cuento de la mujer encarcelada por brujería. Cuando a mí me contaron esa historia, me enteré también de que en un tiempo se iba a la cárcel por motivos así. Por ejemplo, por la acusación de haber hecho un daño a un niño. Ese es un punto en que la magia y la realidad se chocan. Yo lo veo como un realismo expandido: la realidad tiene más posibilidades."

En los últimos tiempos, tal vez como una forma de revisar su propia experiencia, Danticat empezó a escribir sobre la situación de los emigrados haitianos. "Yo siempre había querido escribir los tres libros que ya escribí, era como una fiebre. Ahora ya están hechos, y siento que tengo que reexaminar lo anterior y ver hacia dónde quiero seguir. Antes sabía claramente lo que quería contar, y ahora tengo que meditarlo a conciencia. Antes pensaba: ojalá no me muera así puedo terminar esto. Y cuando terminé los tres libros me sentía tan vacía..., como consumida. Ahora siento que tengo que tomarme un tiempo, dedicarme a pensar, a leer. Y si me parece que no tengo que escribir nada más, me dedicaré a otra cosa."

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