El Galpón, de Montevideo, en la temporada internacional del San Martín

Interpretaciones sin emoción
Interpretaciones sin emoción Crédito: Alejandro Persichetti
Juan Carlos Fontana
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14 de junio de 2018  • 15:18

Incendios ( Incendies). Autor: Wajdi Mouawad. Traducción: Laura Pouso. Compañía teatro El Galpón, Montevideo. Dirección: Aderbal Freire Filho. Intérpretes: Elizabeth Vignoli Mossián, Héctor Guido, Silvia García, Anael Bazterrica, Estefanía Acosta, Solange Tenreiro, Federico Guerra, Claudio Lachowicz, Pablo Pípolo y Sebastián Silvera. Escenografía: Fernando Mello Da Costa. Vestuario: Antonio Medeiros. Iluminación: Luiz Paulo Nenem. Música: Tato Taborda. Sala: Martín Coronado del San Martín (Corrientes 1530). Funciones: hoy y mañana, a las 20. Duración: 120 minutos. Nuestra opinión: Regular.

Un contundente alegato bélico poético es el que propone el autor libanés Wajdi Mouawad (1968), en esta pieza, que conoció una versión local, dirigida por Sergio Renán, en 2013 y también fue trasladada al cine en 2010.

Incendios se publicó en 2003 e integra una trilogía con Litoral y Bosque y cielo. La obra que oscila entre la tragedia (con influencias de Edipo Rey) y el drama bélico, es un impactante relato que refiere a la violación, el abuso, la tortura y la injusticia en el marco de una contienda sangrienta, en la que todo es válido.

Es la historia de Nagual Marwan, la que al morir deja a su escribano un testamento para sus hijos mellizos, Jeanne y Simon, y los obliga a un doloroso reencuentro con sus orígenes, cuando les propone averiguar sobre el paradero de su padre y un hermano que desconocían.

Aunque el autor se centra en las secuelas de la guerra, declaró que su relato no es autobiográfico. La puesta en escena del director brasileño Aderbal Freire Filho centra la acción en un espacio que remite a una cárcel o a un galpón con grandes puertas de chapa, que le permiten resolver la innumerable diversidad de lugares en los que está ambientado el texto.

Su versión escénica hubiera requerido una mayor síntesis y no otorgarle tanto énfasis a marcar e imponer acciones burlescas y humorísticas a sus actores. Esta decisión obligó a los intérpretes a tener que disociar su trabajo entre la gestualidad física y el drama que describen.

Otro error de Filho fue subrayar con gestos lo que dicen los personajes. Es indudable que su intención fue agilizar el tono de tragedia, algo innecesario, porque su desenlace final debe ser escuchado con la crudeza con la que fue imaginada por el autor. Esto también queda eclipsado con la fallida y extensa escena musical que le marcó al actor que hace del hijo desconocido.

Con excepción del personaje de la hija, Jeanne, la mayoría de los intérpretes no lograron internalizar la visceralidad que encierran las palabras de esta obra y sólo se remitieron a la ilustración del relato, sin imprimirle a los diálogos y monólogos la emoción que requerían.

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