Reseña: Poemas de antología, de Fernando Sánchez Sorondo

Santiago Kovadloff
Santiago Kovadloff LA NACION
Una intensa poesía coloquial
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17 de junio de 2018  

Lo usual es que una antología consigne en su índice los títulos de aquellos libros de los que provienen los poemas que la integran; de igual modo, las fechas en que esos libros fueron publicados. No es este el caso de Poemas de Antología, de Fernando Sánchez Sorondo.

Si bien se aclara en la cubierta que las piezas reunidas se publicaron entre 1974 y 2017, nada certifica el índice en lo relativo a referencias bibliográficas que permitan situar los poemas antologados en un marco cronológico.

¿Distracción, indiferencia, o más bien una intención mediante la cual algo se nos quiere decir? Estoy persuadido: Fernando Sánchez Sorondo no quiso brindar al lector esas referencias. No le ofrece intencionalmente un antes ni un después. No quiso que se reconocieran en este libro primeros ni últimos poemas que pudieran ser identificados como tales. Mucho menos, insinuar una presunta evolución en su trabajo. Los 141 poemas aquí agrupados se proponen, en consecuencia, como expresión de un solo momento; de una actualidad común a todos y de una vigencia equivalente, en términos de valoración, para quien los creó. Por eso, no se titula su obra "Antología de poemas" sino Poemas de antología, es decir: aquellos que, a su juicio, han sabido sobrevivir al desencanto que, con el tiempo, tantas veces recae, aun para el mismo autor, sobre la mayor parte de lo que se produjo.

Nacido en 1943, Fernando Sánchez Sorondo pertenece a una generación de poetas argentinos cuya producción ya puede considerarse desplegada en el tiempo, aunque no quepa considerarla consumada.

¿En qué tonalidad se inscriben los textos de esta antología? ¿Qué espíritu aúna este centenar y medio de poemas? ¿Qué los ocupa, qué los desvela? Fernando Sánchez Sorondo es, desde siempre, un poeta coloquial. La oralidad le provee sus recursos y distingue su escritura. Al leerlo, sus textos se hacen oír. Y esa voz sabe bordear el silencio con lo que dice. Sabe que la palabra lograda desagua en él; en el silencio ganado mediante la elocuencia:

"Yo no quiero morir solo. / Quiero encontrar a la muerte en la mano / del silencio que te hice / para que nada ni nadie en mí te despertara."

La poesía de Fernando Sánchez Sorondo, su enunciación en apariencia espontánea y llana, se nutren en un intenso trabajo y en un complejo caleidoscopio de emociones irreductibles a la ilusoria transparencia que se atribuye a los espejos.

Quien sepa leer estas páginas, quien agradecido a ellas pueda habitarlas, podrá también escuchar a un hombre que sabe, como poeta, oscilar al vaivén de pesares y alegrías, de júbilos y de penas que son, en buena medida, los de todos. Pero que él ha sabido modelar como pocos.

"Y verla ahora, ver Colonia / es nuevamente mucho más que verla. / Es mucho más que verte, amor, / terriblemente más que estar sentado / aquí, en el pupitre desolado, macheteándote / en el mapa de la memoria soplona, / terriblemente más que asomarme al verano aquel, definitivo, / del que siempre seré un convaleciente."

Su dolorosa ironía ante el afecto piadoso y a veces sobrecargado que recibió en la niñez tras la muerte de su madre ("ser huérfano era una fiesta"); o el vacío que lo golpea "en el nombre que sobra"; la lúcida resignación de quien dice "¿Acaso no suele ser uno (el) modesto Nerón del propio reino en llamas?"; ¿o cuando sentencia "La piedra entrega piedras: palabras. / La memoria, famélica, consume / su reserva de grasa", dan vida a una formidable secuencia de aciertos expresivos, es decir, a un repertorio cabal de poemas de antología.

Poemas de antología

Por Fernando Sánchez Sorondo

Vinciguerra. 210 páginas. $350

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