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El pensar de un poeta

LA MANO DEL TEÑIDOR Por W. H. Auden (Adriana Hidalgo editora)-351 páginas-($ 22)
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2 de febrero de 2000  

PESE a haber escrito también ensayos (como los reunidos en este libro), memorias, teatro y libretos de ópera, W. H. Auden (1907-1973) es conocido y reconocido fundamentalmente como una de las voces más destacadas dentro de la poesía contemporánea en lengua inglesa, o simplemente de la poesía universal.

"Constituye un hecho realmente triste de nuestra cultura que un poeta pueda ganar mucho más dinero escribiendo o hablando sobre su arte que ejecutándolo", afirma en el Prefacio, donde describe al mismo tiempo un rasgo central de estos escritos: son registros del pensar de un poeta, sin ningún convencionalismo. Más que una cadena argumental, hay en cada artículo una suerte de excusa temática, más o menos general, que permite articular pensamientos breves referidos a diversas dimensiones de lo poético, incluso cuando Auden se ocupa de otros temas como la crítica literaria, la ópera o la cultura en general.

Los cuatro ensayos iniciales son los que se relacionan más directamente con la poesía, desde distintos enfoques: la lectura (incluyendo la crítica), la escritura, la experiencia del propio autor en su carrera, la relación con el entorno. Auden aclara en el Prefacio que redujo los artículos recopilados "a meras anotaciones". El resultado roza a veces lo aforístico, con una inteligencia, una amplitud de miras, una excentricidad y un fino humor que atenúan el carácter sentencioso. Por ejemplo: "una mala obra siempre lo es de una manera transitoria: ...es inútil atacarla, ya que desaparecerá de todos modos"; "Todo escritor preferiría ser rico a ser pobre, pero ningún escritor auténtico se preocupa por la popularidad en sí misma"; "siempre es mejor leer algunos libros detenidamente que saltear las páginas de muchos"; "para merecer ataques un libro debe ser digno de una lectura"; "Hoy la pregunta ´¿A qué se dedica usted?´ significa ´¿Cómo se gana usted la vida?"

El resto del libro hace extrañar a menudo la brillantez de esos ensayos iniciales. Auden salta, incluso dentro de un mismo trabajo, del mundo antiguo al contemporáneo, de la novela a la ópera, de la religión a la poesía, de la filosofía al teatro. Su plasticidad en ese sentido es admirable, pero no siempre el resultado es interesante, aunque posiblemente la reacción sea distinta en diferentes lectores. Del conjunto, se destacan particularmente otros cuatro ensayos. "La vicaría de la culpa" es un peculiar análisis de la novela policial como excusa para una reflexión más general sobre el arte. En "Genio y apóstol", dos obras de Ibsen (y luego el Quijote ) son vistas a través del prisma de una frase de Kierkegaard, y de allí se desprende una "Postdata" sobre las posibles relaciones entre ser poeta y ser cristiano. Los dos ensayos finales tratan de la ópera, especialmente desde el punto de vista de los problemas específicos que plantea el libreto. Tampoco faltan allí las frases dignas de ser citadas, y qué mejor que dejar al autor la última palabra: "Tan imposible es un arte del hombre común como una medicina del hombre extraordinario".

Por suerte para Auden y para los lectores, ha aparecido una nueva editorial que prioriza lo extraordinario.

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