La transversalidad tiene rostro de mujer y pudo más que la grieta

Andrés Malamud
María Esperanza Casullo
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15 de junio de 2018  

Cuando hubo que votar, Fernando Iglesias y Agustín Rossi se enfrentaron con Lilita Carrió y José Luis Gioja. Peronistas y antiperonistas se abrazaron en la victoria, mientras peronistas y antiperonistas lamían sus heridas. ¿Qué pasó para que la grieta, que parecía eterna, se esfumara en un instante? Tres cosas: movilización social, sororidad y territorialidad.

La movilización social de las mujeres, que ya había manifestado su fuerza en el #NiUnaMenos, volvió a expresarse en las audiencias del Congreso y en la calle, pero también en casa.

Varios diputados votaron por sus hijas, no solo como objeto de protección, sino también como corresponsables de su decisión. Muchas de esas hijas estaban en la calle. La Argentina es un país de instituciones frágiles y sociedad civil fuerte. Por eso, las instituciones se fortalecen cuando abrevan en los movimientos sociales.

Este círculo virtuoso entre calle y palacio legislativo, que viene desde hace largo, se prolongará hacia el tiempo: este debate fue escuela de militancia para una marea de mujeres y varones jóvenes que llenaron las avenidas y las redes sociales y que convencieron a padres y abuelos. Con ellas y ellos se fortalecerá nuestra democracia, no ya en el futuro, sino en el presente.

Sororidad es fraternidad en femenino. La politóloga Tiffany Barnes mostró que, aunque las legisladoras argentinas tienen acceso más limitado al poder que sus colegas hombres, ellas colaboran más entre sí. Como consecuencia, su influencia sobre el proceso legislativo termina siendo superior al sugerido por los números.

El caso del aborto legal fue ejemplar. La foto de los abrazos entre las diputadas de distintos bloques al conocerse el resultado fue elocuente. En la Argentina, la transversalidad tiene rostro de mujer.

Y pese a todo, la territorialidad sigue siendo determinante. La movilización y la sororidad fueron esenciales, pero no habrían sido suficientes sin la ayuda de último momento del gobernador pampeano. Antes de eso, los votos modernistas de la Patagonia habían compensado los votos conservadores de Córdoba y el noroeste.

Una mención especial merece una palabra con mala fama: testimoniamos un triunfo de la política y de los (o les) profesionales de la política.

Que supieron debatir en comisiones, negociar en el recinto y en algunos casos, cuando vieron de reojo cómo venía la calle, decidieron que no querían oponerse a la historia. Los representantes decidieron representar. Sin movilización social ni cooperación femenina, el aborto legal sería una utopía. Si consolida el aporte del interior en el Senado, la Argentina celebrará el centenario de la Reforma con una vergüenza menos y una libertad más.

María Esperanza Casullo es profesora en la Universidad Nacional de Río Negro y Andrés Malamud es investigador en la Universidad de Lisboa

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