México, la hora del infatigable López Obrador

Emilio Cárdenas
Emilio Cárdenas PARA LA NACION
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15 de junio de 2018  • 01:11

El tercer intento de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) de alcanzar la presidencia de México puede bien comprobar aquello de que "la tercera es la vencida". En efecto, el político más importante de la izquierda mexicana a menos de un mes de las próximas elecciones presidenciales aztecas que tendrán lugar el próximo 1º de julio, lidera claramente las intenciones de voto. Con un 54% de apoyo, más que duplicando las intenciones de quien aparece segundo en las encuestas, Ricardo Anaya, el candidato del centro, esto es del PAN.

Sus intentos del 2006 y 2012 fracasaron. El segundo, por muy poco margen. Pero ahora entre sus partidarios reina el optimismo y no sin buenas razones, según queda visto.

AMLO, cabe recordar, al comienzo de su carrera política fue alcalde de la enorme Ciudad de México y en su desempeño como tal, en el 2000, logró la aprobación de gestión más alta de la historia.

En su momento militó en el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y hasta lo representó en una banca del Senado de su país, en 1976, para luego alejarse de esa agrupación tradicional de la política mexicana, en 1988.

Es un hombre de pensamiento claramente de izquierda, que en sus inicios en el mundo de la política azteca fuera cercano a Cuauhtémoc Cárdenas, el hijo del ex presidente Lázaro Cárdenas, de quien luego se alejara para enfrentarlo reiteradamente.

Cuenta esta vez con el apoyo de los líderes evangélicos mexicanos agrupados en su particular partido político: "Encuentro Social", razón por la cual en la campaña en curso, curiosamente, no se debate agitada e intensamente -como sucede en cambio en otras latitudes, en nuestra región- sobre el aborto. Ni sobre los llamados matrimonios igualitarios. Ni sobre la legalización del consumo de algunas drogas.

En su gestión municipal AMLO impulsó la creación de beneficios sociales concretos para las madres solteras; para los ancianos de más de 70 años; así como para los discapacitados. Y fundó la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Además, persiguió con empeño a la corrupción pública. Pero, en el pasivo, dejó tras ella una deuda pública muy significativa. No obstante lo cual, al alejarse de la gestión municipal, las cuentas de la Ciudad de México quedaron relativamente bien equilibradas.

AMLO es un hombre sobrio. Y frugal. Sus propuestas tienen sonoridad. Como aquella que anuncia que, de ganar las elecciones presidenciales que se aproximan, no vivirá en la residencia oficial de los presidentes mexicanos: "Los Pinos". En cambio, transformará ese predio en un parque público más. Cabe recordar que cuando fuera alcalde de Ciudad de México, AMLO vivía con toda sencillez en un pequeño departamento y conducía personalmente un automóvil Nissan, sin mayores pretensiones.

En paralelo, AMLO propone no usar el avión presidencial, al que denomina críticamente: "palacio ofensivo en el aire". Además anuncia que -si triunfa- venderá toda la flota presidencial de aviones y de helicópteros, y reducirá su propio sueldo a la mitad del que hoy percibe el Presidente de México.

Está formulando asimismo un anuncio que ciertamente no será nada fácil de implementar: el de reducir sustancialmente (o suprimir) las pensiones asignadas a los presidentes de México cuando ellos se retiran.

Las propuestas de AMLO, que predica con el ejemplo, apuntan a eliminar el lujo de la gestión de gobierno, reemplazándolo por la sencillez. Como en su vida política ha predicado siempre con el ejemplo, sus mensajes no tienen tonos mesiánicos.

El hecho que la corrupción sea endémica en la administración pública mexicana y no ha ya desaparecido, le ha hecho daño al PRI. Tan es así, que su candidato, José Antonio Meade, está tercero en las encuestas.

Cuando su gestión municipal, AMLO no vaciló en incluir entre las medidas de ajuste y eliminación de lo superfluo, las que tenían que ver con el exceso de empleados públicos y los asesores sobreabundantes. Notablemente, AMLO no tiene problemas en mencionar ese delicado tema como uno más dentro de las medidas que -a la manera de viento de fronda- propone para que, en el futuro, las gestiones aztecas de gobierno estén caracterizadas por la austeridad.

Entre sus posturas políticas más controvertidas se destaca su oposición a la actuación del capital privado en el sector petrolero y la promesa paralela de, por ello, "revisar" los contratos ya suscriptos por PEMEX. No será fácil desandar lo recorrido. Por esto muchos ven esta propuesta como apenas una expresión desacertada de populismo. Entre ellos, algunos de los líderes de las principales agrupaciones empresarias mexicanas que temen que de pronto la economía de México pueda seguir el rumbo trazado por los bolivarianos en Venezuela y, por ello, terminar en ruinas. Lo cierto es que habrá una pausa en las licitaciones mexicanas para explotar hidrocarburos y que la revisión de los más de cien contratos de explotación petrolera que están en curso de ejecución seguramente postergará algunas inversiones. El tema tiene una importante dimensión desde que el capital privado ya ha invertido 4 billones de dólares en el sector, y se supone que ha comprometido una inversión del orden de los 200 billones de dólares adicionales. Nunca revisar masivamente contratos ya firmados por el Estado es bien recibido por el sector privado, razón por la cual el equilibrio que demuestre el Estado mexicano tendrá un impacto importante en la explotación de los hidrocarburos mexicanos.

A medida que el tiempo transcurre y se acerca la hora de concurrir a las urnas, AMLO parecería solidificar su liderazgo sin mayores amenazas de que el triunfo que sus partidarios anticipan pueda revertirse.

Para la izquierda regional, incluyendo al autoritario Nicolás Maduro, la llegada de AMLO a la presidencia mexicana podría impactar sensiblemente en la geopolítica regional toda, que hoy tiene a los partidos de centro instalados mayoritariamente en el centro mismo del escenario latinoamericano.

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