Líderes del futuro: 5 habilidades para triunfar en el mercado laboral

Mariana Fusaro
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15 de junio de 2018  • 14:36

Sin una bola de cristal, son muy pocas las cosas que se pueden predecir con certeza del futuro, pero una bastante segura es que la tecnología va a seguir avanzando. Y, como las máquinas son y serán imbatibles en tantas cuestiones -calcular posibilidades, comparar variables, recordar información, etcétera infinito-, todo lo que pueda ser reemplazado por un algoritmo en nuestras vidas probablemente vaya a ser mil veces mejor y más fácil.

Mientras tanto, fuera de la Matrix, ¿cómo van a posicionarse las personas que estén un paso adelante en ese panorama? Para empezar a visualizar tu lugar en el futuro, primero necesitás hacer un cambio paradigmático: desarrollar una capacidad de pensamiento, de pensarte distinto a vos misma. Es algo que va más por el lado del proceso que del contenido. Tiene más que ver con el cómo que con el qué. Se trata de una manera de mirar, no de algo que hay que hacer.

Porque, hoy por hoy, lo que marca la diferencia pasa por generar mecanismos radicalmente nuevos de pensar. Puede que para algunos estas ideas, o más bien estas perspectivas, sean innatas, pero la mayoría las tiene que adquirir con el esfuerzo consciente. Y aunque haya que nombrarlas de a una para poder desarrollarlas, están todas entrelazadas, en la misma cabeza.

Crédito: Ilustración de Erivil

Cambio total de mirada #1: Estas cosas también pasarán

Esa frase del Popol Vuh, el libro sagrado de los mayas, refleja la verdad central -y quizá la más difícil de asimilar realmente- de nuestra época: todo va a seguir cambiando. Las formas de organización y participación social, los estilos de vida, las comunicaciones, los formatos de familia, el clima, los roles de género, los hábitos de consumo, los ámbitos laborales.

Nada de lo que últimamente se estuvo revolucionando va a seguir siendo como es. Así que una capacidad clave que hoy necesitás si trabajás, en cualquier campo, es poder relajarte en el presente, incluso en el éxito, y separar un tiempo para invertir en vos misma. ¿Haciendo o aprendiendo qué? Algo que ahora no te va a dar fruto; algo que surja de saber mirar que en el día de mañana probablemente haya cosas que hoy hacés, y te funcionan, que ya no te van a funcionar más. El desafío, en este momento, no pasa solamente por prepararte para el cambio de mañana, sino por entender que esta preparación no te va a servir para el presente. Hasta lo podés enfocar en términos de rentabilidad. Vas a estar haciendo una inversión en algo que ahora no necesitás ni te va a hacer más productivo eso a lo que te estás dedicando, pero que sí es indispensable para que, cuando pase el próximo tren, vos ya estés lista en la estación.

Cambio total de mirada #2: El efecto genera la causa

Pensar paradigmáticamente incluye poder mirarte a vos misma en el futuro y en el presente, pero en forma orgánica, integral, a lo largo de la línea de tiempo. Así es como podés entender que tu hoy tiene que convertirse en un resultado de tu representación del mañana, y no al revés. Esta situación de inversión del pensamiento -porque se suele creer que la causa está siempre antes que el efecto-, lo que te está diciendo es: construí en tu presente el efecto de esa causa que es lo que suponés que en el futuro se va a necesitar. Eso es lo que tiene que incentivarte y generar lo que hacés hoy.

Cambio total de mirada #3: El presente es el pasado

Encarar el cambio paradigmático tiene mucho que ver con darte cuenta de que, en este momento del mundo, hacer lo que hoy te funciona es como hacer lo que en el pasado te funcionaba, porque el hoy se vuelve pasado muy rápido. Cuando paradigmáticamente entendés que hoy tenés que hacer lo que mañana te va a funcionar, te subís a la velocidad del cambio, que, si no, te pasa por encima. Este presente es el pasado. Si estás haciendo cosas para mejorar el presente, es probable que te quedes afuera. Porque no llegás: empezás un posgrado y, cuando lo terminaste, ya se trata de otra cosa. Hay contextos, por supuesto, que van más rápido que otros. Pero tener ese foco puesto en el mañana para hacer hoy es un cambio paradigmático en cómo mirás el tiempo, y nuestra época lo pide a gritos.

Cambio total de mirada #4: Lo soft es lo hard

Ya escuchaste hablar muchas veces de las habilidades que solíamos llamar "blandas", que empezaron a imponerse en los últimos años con el acceso más masivo de las mujeres a los puestos de poder. Y a medida que los cambios en los contextos se aceleran, y que lo hard lo resuelven las máquinas, estas habilidades no solo tienen cada vez más vigencia, sino que van sumando más significados.

Las incuestionables para liderar son cinco: flexibilidad (la capacidad de salir de tu zona de confort y probar cosas nuevas en un mundo donde lo único previsible es el cambio continuo), creatividad (que implica que tenés que ser curiosa y estar informada, con la gran ayuda de la conectividad y la globalización), empatía (poder ponerte en el lugar del otro, en una cultura que va cada vez más hacia lo colaborativo), compromiso (en un planeta y una sociedad donde ya no se puede ser indiferente) y valentía (para inspirar y tomar decisiones, que muchas veces van a contramano, en entornos altamente volátiles y ambiguos). El humor también es un rasgo distintivo de los buenos líderes: mientras se desdibujan las fronteras entre lo laboral y lo personal, generar calidad de vida en la oficina es clave.

Cambio total de mirada #5: La incertidumbre es tu aliada

¿Cómo serán las cosas cuando dentro de muy poco los que dirijan equipos, empresas y países sean nativos digitales? ¿Las habilidades sociales para manejarse en las redes -las que ya conocemos y las que vendrán- van a ser más importantes que las del intercambio cara a cara? ¿Va a ser necesario tener mucho carisma para moldear culturas que le den la bienvenida al cambio (descontando que vamos a continuar siguiendo a personas, no a máquinas)? ¿Vamos a poder seguir hablando del perfil y las características de los líderes exitosos o también acá se acabarán los estereotipos?

Aprendé a sentirte todo lo cómoda que puedas con la incertidumbre, porque estas respuestas, como casi todo en este mundo, están por verse. O sea, todas las posibilidades son válidas. Y todo parece indicar que eso va a seguir siendo así por un largo, largo rato.

EL FUTURO LLEGÓ HACE RATO

En su libro Homo Deus, una breve historia del mañana, el historiador israelí Yuval Noah Harari puso el foco en el futuro y en cuál será el próximo estadio de nuestra evolución. En el siglo pasado hicimos lo imposible para poner a raya las tres pesadillas de siempre: el hambre, la guerra y las enfermedades. Por lo menos, explica Harari, logramos que dejen de ser incontrolables y las convertimos en desafíos que podemos atacar (por primera vez en la historia, hay más muertes por obesidad que por desnutrición).

Sobre el análisis de este presente, Harari mapea lo que vendrá. "Como bomberos en un mundo sin fuego, en el siglo XXI la humanidad necesita plantearse una pregunta sin precedentes: ¿qué vamos a hacer con nosotros? Esta pregunta se torna doblemente urgente dados los inmensos nuevos poderes que la biotecnología y las tecnologías de la información nos proporcionan. ¿Qué haremos con todo ese poder?".

¿Puedo decir "no sé"?

La incertidumbre como disparador de la creatividad. Por May Groppo. Cofundadora de Innlight, consultora en transformaciones culturales y digitales.

¿Aun si soy jefa? ¿Qué se pone en juego? ¿Qué miedos aparecen? Estas preguntas desafían legados históricos, que a su vez son centrales en la capacidad que una empresa tiene de adaptarse al futuro.

Cuando las compañías nos piden acompañarlas en procesos de transformación, nos convocan creyendo que necesitan "una conversión digital" o "un espacio de innovación". En todos y cada uno de los casos, la transformación es primero cultural y, por ende, personal. Los líderes que lo aceptan buscan ayuda para desafiar su propia mirada del mundo. Sin eso, por más herramientas digitales que aparezcan, la compañía no se actualiza.

Esta nueva actitud que se busca desarrollar a través de capacitaciones y retiros está desglosada en el #4 de esta nota. Solo destacaría algo más: ser aprendiz.

Poder decir "no sé, pero lo voy a averiguar" es un cambio radical en cualquier equipo, más aún si quien lo dice es el líder. Para que esto suceda, es importante trabajar con todo el equipo en generar un nuevo contexto, con nuevas dinámicas y reglas.

Ser aprendiz implica aceptar que hay cosas que no sabemos, entender que el contexto cambia permanentemente y que nos invita a repensar nuestras verdades. Un aprendiz tiene más preguntas que respuestas, desarrolla una escucha reverencial sin estar pensando en qué va a responder.

Si observamos las compañías cuyos servicios usamos cada vez más (Netflix, Spotify, IG), el mantra que domina es "quien aprende más rápido gana". En esta línea, entonces: ¿qué puede ser más importante que volvernos aprendices?

Además te mostramos Trabajo: por qué son buenos los cambios

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