El mapa de amigos de nuestro paisaje afectivo

Miguel Espeche
Miguel Espeche PARA LA NACION
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16 de junio de 2018  

Hay amigos del alma, otros para salir de copas o para jugar al fútbol. Están también los de fin de semana o los que se ven una vez por lustro, pero es como si se los hubiera visto ayer.

Hay amigos del colegio, con quienes se compartió un tiempo fundacional, y otros de oficina, a los que se ayuda con la labor cotidiana. Algunos amigos son padrinos de los hijos propios, mientras que otros son amigotes que están en el "montón", es decir, pertenecen al mismo club, son del grupo de tenis o viven en el mismo barrio, pero con ellos, si bien se los ve y se comparten asados o reuniones varias, no hay una intimidad significativa.

Podemos también otorgarles un lugar peculiar a los amigos del Facebook. ¿Serán realmente amigos? Las opiniones son distintas al respecto, pero, digámoslo, en definitiva son vínculos, que, más allá de ser virtuales, están allí, para ser bien o mal usados, según el buen arte de cada uno.

Como se ve, hay de todo en el reino de la amistad. De hecho, "amigo" es una palabra que se usa mucho en nuestro país, hasta el punto de que algunos extranjeros, pertenecientes a culturas más austeras o tacañas en lo que hace a la afectividad, se admiran o se asustan (o ambas cosas a la vez) cuando ven la profusión de asados, grupos de whatsApp, preboliches, abrazos, besos y sobremesas entre aquellos que se conocen y prodigan conversaciones y afectos que ellos, en sus países de origen, solamente compartirían en estado de ebriedad o en situación límite.

A diferencia de lo que pasaba antaño, hoy los jóvenes les dedican al menos un día del fin de semana sí o sí a los amigos, y el otro, ahí sí, al novio o novia. Sus padres miran azorados esa costumbre, ellos que, en su momento, al declararse novios dejaron de salir con los amigos, para estar solo con su pareja.

Cada uno tiene su mapa de amistades, con variaciones a lo largo de la vida según la etapa, más allá de que hay algunas constantes, como esas amigas que lo son desde el jardín, o los que tras la colimba, ya grandecitos, siguen unidos por una amistad entrañable, de esas "de fierro".

En tal sentido, no es poco habitual que, llegado algún momento duro de la vida, el mapa de los amigos cambie. Es común que en tales ocasiones aquel amigo, lejano y poco valorado, ponga más el pellejo para acompañar que los amigos de todos los fines de semana, quienes tal vez no pusieron tanta solidaridad sobre la mesa a la hora de estar allí, haciendo el aguante. Esas situaciones ocurren, y es allí que el ecosistema de la amistad se modifica.

Viene bien cada tanto trazar el mapa de los amigos que forman nuestro paisaje afectivo. Son, junto a la familia, la red de identidad y sostén más importante. Verdad es que suelen contarse con la mano aquellos amigos absolutos, los del alma, nombrados al principio. Puede incluso ocurrir que no se tenga ese tipo de amistades. Pero la red está allí, a veces en silencio, y viene bien tomar nota de ese capital. No es bueno que el ser humano esté solo, por eso la amistad fue inventada, y por fortuna goza de buena salud.

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