El Mundial, ¿es una excusa para todo?

Andrés Cordero, dermatólogo, tuvo que instalar este mes un televisor en su consultorio para que no se vacíe
Andrés Cordero, dermatólogo, tuvo que instalar este mes un televisor en su consultorio para que no se vacíe Fuente: LA NACION
Sebastián A. Ríos
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16 de junio de 2018  

"¿Este pibe no sabía que en junio de 2018 era el Mundial de fútbol?", le dice Jero Freixas a su pareja, Josefina, en el ya célebre video viral en el que estos dos actores representan una discusión en torno de una fiesta de casamiento prevista para el sábado 23, el mismo día en que se enfrentan Corea del Sur-México, Alemania-Suecia. De más está decir que Jero no irá a menos que haya pantalla gigante para seguir los partidos... A tono con el ánimo premundial, una segunda entrega del video mostraba esta semana a Jero con espíritu de negociación, ofreciendo a Josefina una cartulina azul en la que detallaba los días y horarios de los partidos, momentos en los que estará "menos disponible". "¿No te podés perder diez minutos de Uruguay-Arabia Saudita para ir a comprar la leche?", pregunta Josefina. "No", responde Jero con cara de piedra.

"Aunque el video lo lleva al extremo para que resulte gracioso, creo que en nuestro país hay una especie de código que establece que está permitido tomarse ciertas licencias durante el Mundial", opina Jero Freixas, actor y profesor de teatro de 33 años. "Incluso quienes no son fanáticos del fútbol entienden que durante este mes muchos se apasionen por el Mundial", agrega. Y no se trata solo de los partidos en los que juega Argentina, en donde el país entero entra en una especie de nirvana, sino de los Corea del Sur-México del video de Jero, en los que nadie se sorprenderá si durante el partido no encuentra interlocutor válido en el call center del banco, en el aula del colegio adonde concurren sus hijos o en el escritorio de al lado en la oficina.

"El mes del Mundial se ha convertido en un tiempo extraordinario, como lo es el Carnaval en Brasil. Es uno de esos momentos que están presentes en todas las sociedades y que modifican el estatus de las diferentes actividades sociales y laborales", comenta el psicólogo y psicoterapeuta Miguel Espeche. Ese paréntesis que se instaura de hecho, por voluntad popular, no reconoce grietas de ningún tipo. Es en todo caso cuestión de adaptarse, y de fluir.

Ponerse a tono con este ánimo colectivo llevó al dermatólogo Andrés Cordero a implementar una estrategia para que su consultorio no se vacíe durante el Mundial. "Más allá de que voy a suspender la atención en los horarios en los que juega Argentina, porque tengo la experiencia de que no viene nadie, el televisor de la sala de espera va a pasar los partidos -cuenta Andrés-. Habitualmente, lo usamos para difundir material informativo para pacientes, pero pasar los partidos ayuda a que no suspendan los turnos".

Juani Ignacio Ponce (remera estampada) y Paula Balbi (anteojos) revisando con amigos el fixture del Mundial
Juani Ignacio Ponce (remera estampada) y Paula Balbi (anteojos) revisando con amigos el fixture del Mundial Fuente: LA NACION

Federico García del Corro, por ejemplo, se cuenta dentro del grupo de los que han decidido (y han podido) poner un parate a sus actividades cotidianas para concentrarse en el Mundial. "Me tomo vacaciones desde el 15 de junio y vuelvo a trabajar recién cuando termina el Mundial", cuenta este periodista y productor de radio de 36 años. Temprano, a principios de año, planteó que invertiría todos sus días de vacaciones y sus francos compensatorios para dejar compromisos laborales a un lado, y zambullirse en Rusia 2018. "Tengo un fanatismo por el fútbol de alto a muy alto. si hay una pelota rodando yo la voy a estar mirando. Pero si me preguntan por qué este Mundial, mi respuesta es Messi: poder verlo y disfrutarlo en otro Mundial que quizá pueda ser el último para él", agrega sin ningún tipo de remordimiento por quemar sus vacaciones en junio.

Su elección es similar a la de Juan Ignacio Ponce, que dejó en stand-by su tesis para sentarse delante de la tele a ver los partidos (todos). "Aunque debería hacer la tesis en esta segunda mitad de año, decidí dejarla para después de que termine el Mundial porque durante este mes mi atención va a estar completamente enfocada a seguir los partidos", explica Juan Ignacio, de 24 años, periodista y entrenador de un equipo de fútbol femenino. "La idea es ver los partidos de la selección juntos con las chicas del equipo que entreno y con los compañeros del equipo en el que juego yo. Ese es el único compromiso social que pienso respetar durante el Mundial", asegura.

Claro que no todos pueden hacer como Federico o como Juan Ignacio y dejar a un lado responsabilidades sin que haya ningún tipo de reclamo del otro lado. De hecho, como muestra una reciente encuesta de Havas Group realizada durante mayo a unos 400 adultos, solo el 5% piensa pedirse vacaciones o licencias en junio para ver el Mundial. Otros optan por estrategias menos lícitas para no perder de vista la pelota.. Así, un 39% de los encuestados afirma que verá los partidos con sus compañeros de trabajo, y el trabajo que espere; otro 30% afirma que dividirá su atención en dos pantallas, una desde donde cumplirá (o hará que cumple) con sus tareas laborales y otra fija en el partido en curso; un 6% inventará reuniones inexistentes para evadir compromisos laborales; el 7% dará parte de enfermo, y el 10% faltará sin dar ningún tipo de explicaciones.

"Este tipo de estudios nos permiten palpar el pulso social y analizar cómo se moviliza ante eventos tan relevantes como el Mundial de fútbol, sobre todo en países como el nuestro, donde este deporte es pasión de multitudes", asegura Gabriela Kurincic, directora de Research de Havas Group Argentina. La encuesta de Havas muestra que el 20% de los encuestados planea ver todos los encuentros, mientras que un 51% verá "solo" los partidos en los que juegue Argentina u otro equipo importante. Otro 20% solo mirará los partidos de la selección argentina y un 4% estaba en duda de qué hará al respecto. Solo el 5% de los consultados aseguró que no le interesa el Mundial, ni siquiera los partidos en los que juega la selección.

Paula Balbi no se cuenta dentro de estos últimos. "Para los partidos de Argentina nos vamos a reunir con amigas y amigos a verlo", asegura esta estudiante de antropología e hincha de Boca de 22 años. "Los partidos importantes que se jueguen en horario laboral los voy a seguir desde el celular", explica Paula, que es secretaría en un hospital público en donde las computadoras tienen restringida la navegación. "Es solo un mes cada cuatro años", se excusa.

"El Mundial es un mes que ocupa muchísimo espacio en la vida cotidiana: en el trabajo, por ejemplo, se baja un cambio y con la televisión de fondo la gente trabaja menos. No solo cuando hay un partidazo, sino porque la gente está todo el tiempo comentando los partidos", agrega por su parte Jero Freixas.

Capítulo aparte merecen aquellos que no estando comprometidos con el fixture de Rusia 2018 saben que cuentan con la excusa perfecta para pegar el faltazo ante compromisos que en otro momento resultarían indeclinables. Joaquín -este no es su nombre real- es docente y anteayer se ausentó de una mesa de exámenes con solo decir las palabras mágicas: "¡Miren que el jueves está la ceremonia de apertura y no me la puedo perder!". Es cierto que la tele de su casa estuvo sintonizada en el desarrollo del comienzo del Mundial, reconoce, pero de fondo: "Tenía pendientes trabajos míos que quería adelantar, y la excusa de la ceremonia de apertura me vino como anillo al dedo para faltar a dar clases", cuenta.

Federico García del Corro se tomó las vacaciones durante el mes del Mundial
Federico García del Corro se tomó las vacaciones durante el mes del Mundial Fuente: LA NACION

¿Es que alguien en la Argentina puede ser tan poco comprensivo como para decirle que no? "La mujer que cuida a mi hijo por la mañana, mientras estoy en el trabajo, ya me avisó que los días que juega Argentina no va a venir", cuenta Sandra Vallejo, de 39 años. "El profesor nos dijo que si alguien viene este sábado [por hoy] él viene a dar clases, pero que si no venía nadie él tampoco. Después agregó que no sabía si íbamos a poder utilizar el televisor que hay en el aula para poder ver el partido, y nos pidió que le avisemos con tiempo qué íbamos a hacer", dice por su parte Sofía Maras, de 23, que cursa inglés los sábados por la mañana en un instituto privado de zona norte. "En la escuela de mi hijo nos mandaron un comunicado diciendo que si bien el colegio iba a estar abierto los días en que juega Argentina, tenemos que avisar por escrito si esos días van a concurrir", relata Martín Pedro, de 42 años, papá de Fermín, de 7.

Ir en contra de la pasión por el fútbol parecería ser políticamente incorrecto, casi de mal gusto. "Los argentinos tendemos a utilizar la pasión como justificativo, como si la pasión fuera la última palabra en todo", opina Miguel Espeche.

Aprovechar la mística

"El Mundial es una situación única que en todas las organizaciones genera un clima muy especial. Cada cuatro años se vivencia cierta mística, ya que es un acontecimiento que trasciende los niveles jerárquicos y los estratos socioeconómicos y educativos", comenta Alejandro Melamed, especialista en Recursos Humanos.

De un lado, están quienes miran con recelo el impacto que pueda tener la intrusión de Rusia 2018 sobre la productividad de las empresas. El mayor ausentismo, la presencia con la vista fija en la pelota (de la tele, la PC o el celular) o el desinterés por otra cosa que no sea el fixture son elementos de la realidad que llevan a muchos departamentos de Recursos Humanos a implementar estrategias que logren hacer convivir bajo el techo de la oficina la pasión por el Mundial y el cumplimiento de las tareas.

"Como el Mundial de Rusia tendrá varios partidos de Argentina en horario laboral, por lo general las empresas están organizando diferente tipo de iniciativas para que los colaboradores puedan ver el partido en conjunto. Desde simplemente poner un televisor hasta experiencias más sofisticadas como tribunas, cotillón y pantallas gigantes o ver los partidos en alguna sala de cine", dice Melamed, y agrega: "Lo más interesante es que se puede aprovechar el Mundial para reforzar valores organizacionales como el trabajo en equipo, inclusión, diversidad, innovación, pasión, compromiso".

"Los departamentos de Recursos Humanos tienen en el Mundial una oportunidad para capitalizarlo", asegura Pablo Liotti, gerente de Marketing y Comunicación del Grupo Adecco para Argentina y Uruguay. "Es una buena excusa para amalgamar equipos de trabajo, lograr una mejor comunicación y fomentar la identidad de la organización. Pero para eso es necesaria cierta flexibilidad, facilitando espacios y momentos para que los empleados puedan disfrutar de partidos importantes, sin que eso repercuta en la productividad. Si un departamento para 90 minutos para ver el partido, tendría que poder organizar su trabajo para compensarlo durante el resto de la jornada", sostiene.

Y en la pareja, ¿puede el Mundial ser motivo de conflictos como los que ilustra el video de Jero Freixas? "El Mundial no tiene la capacidad de generar conflictos en una pareja que está bien. Lo que sí puede ocurrir es que desnude conflictos que la pareja ya tenía y que pueden quedar más evidenciados en ese contexto", advierte el psicólogo especialista en vínculos Sebastián Girona. "Durante el Mundial todo parece quedar un poco en pausa y esa pausa a veces genera una distancia entre los integrantes de la pareja. En ese sentido las relaciones amorosas pueden verse afectadas".

Sin embargo, Girona destaca el hecho de que el fútbol ha dejado de ser propiedad exclusiva del hombre, por lo que el Mundial puede incluso leerse en clave de disfrute compartido. "Cada vez son más las mujeres que lo juegan o lo miran, y desde ese punto de vista el fútbol también puede significar una oferta de encuentro para la pareja y una oportunidad para compartir algo más juntos".

Producción de Natalí Ini

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