¿Por qué nos cuesta tanto mantener la atención?

Podemos ver horas de nuestra serie favorita, pero perdemos el hilo de una presentación laboral; dilemas actuales de la capacidad de concentración
Podemos ver horas de nuestra serie favorita, pero perdemos el hilo de una presentación laboral; dilemas actuales de la capacidad de concentración Fuente: LA NACION
Fernanda Kersman
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16 de junio de 2018  

¿Por qué devoramos un capítulo tras otro de nuestra serie favorita sin movernos del sillón pero nos cuesta tanto leer una noticia de más de tres párrafos? ¿Cómo es posible que nos "colguemos" mirando el celular pero no logremos seguir el hilo de una presentación en una reunión de trabajo?

Los indicios de que nuestros hábitos cotidianos relacionados con fenómenos como la atención y la capacidad de concentración han cambiado se multiplican día tras día: según un relevamiento reciente de Netflix, más del 90% de aquellos miembros que han sido parte de la plataforma durante más de un año completaron su primera maratón -es decir, vieron por lo menos una temporada completa de una serie en los primeros siete días desde su lanzamiento-; una encuesta publicada en enero por la consultora Deloitte indica que la Argentina es el país donde los usuarios móviles parecen estar más conectados o pendientes de sus dispositivos, con un 11% del total que los chequea más de 200 veces por día.

Mientras los estímulos audiovisuales ganan nuestra atención, otros formatos pierden terreno: "En las redes sociales, en lo que se refiere a contenidos de noticias, los usuarios acceden a información muy breve: a la mayoría le basta con título y bajada; en medios gráficos, se han acortado los párrafos de las notas; en el formato de televisión en vivo (ya sea en noticieros o programa de panelistas) se toleran contenidos más largos porque los televidentes no prestan atención constante, por lo general dejan encendido el televisor como sonido ambiente", explica Eugenia Mitchelstein, directora de la Licenciatura en Comunicación de la Universidad de San Andrés.

La tijera de tiempos impacta también en el mundo de las charlas TED. Según Gerry Garbulsky, organizador de TEDxRíodelaPlata y autor del podcast Aprender de grandes, "cuando TED arrancó, la mayoría de las charlas duraban alrededor de 18 minutos; hoy el promedio es de 12, con mucha variabilidad". Garbulsky relata también que, en línea con los cambios de preferencias de las diferentes audiencias, están probando nuevos formatos: "Este año estamos experimentamos por primera vez con algunas nanocharlas en el evento TED en Español para ver si resulta posible transmitir una idea en tan solo un minuto".

El neurólogo Claudio Waisburg, director médico del Instituto SOMA, sostiene: "Estamos frente a una epidemia de desatención creciente que afecta casi todos los ámbitos de nuestra vida. Los neurocientíficos y expertos en productividad estamos hablando de un fenómeno que denominamos síndrome de atención parcial continuada, que consiste en prestar atención simultánea a diferentes focos de información, pero a un nivel superficial. Hay una creciente dificultad -más acusada entre niños y jóvenes- para mantener la atención en actividades cotidianas que requieren esfuerzo y no dan placer inmediato, que es lo que activa los circuitos de recompensa".

En línea con esta reflexión, Félix Oberholzer-Gee, profesor Andreas Andresen de Administración de Empresas de la Harvard Business School, agrega: "Nuestro cerebro ha evolucionado para prestar gran atención al movimiento y al sonido; somos mucho mejores procesando (moviendo) imágenes que texto, una invención relativamente reciente en la historia humana. Desde una perspectiva evolutiva, las respuestas rápidas a los movimientos y al sonido crearon una ventaja de supervivencia".

En el dinámico planeta de la atención, la tecnología, tanto en las grandes empresas como en el ecosistema emprendedor, juega un rol clave.

Oberholzer-Gee lideró recientemente el FOX Engagement Optimizer, un estudio a gran escala desarrollado para FOX Networks Group Latinoamérica, en colaboración con profesores de Harvard Business School y UC Berkeley. El relevamiento midió en contexto real el engagement o conexión de 800 personas frente a diversos contenidos a lo largo de cinco semanas a través de una banda denominada Wavelet, un brazalete con sensor incorporado que utiliza leds infrarrojos para capturar no solo el pulso, sino toda la onda del corazón. La información captada es transferida vía Bluetooth a una aplicación instalada en el teléfono que a su vez la transmite por wifi hacia un sistema que la recolecta y procesa para saber qué contenido genera cada nivel de engagement por participante: a mayor frecuencia cardíaca, más compromiso o engagement".

En las antípodas de estos desarrollos ultramodernos, la epidemia de desatención origina también algunos desarrollos tecnológicos "retro" o contraintuitivos. Uno de ellos es el que lleva adelante el argentino Santiago Greco, consultor en materia de innovación y embajador de la escuela Hyper Island. Inspirado en conceptos como offline is the new luxury -la desconexión es el nuevo lujo- y la proliferación de normas y leyes que promueven el "desenchufe", relata su iniciativa: "Mi idea inicial fue desarrollar un segundo teléfono low cost que te permitiera desconectarte con un set de funcionalidades básicas: llamadas, SMS y agenda de 50 contactos". Greco desarrolló junto a un ingeniero el MVP, un celular de diseño simple, asimilable, a primera vista al de una antigua calculadora. Tras un tiempo en stand-by, el consultor retomó la iniciativa motivado por tendencias tales como el FOMO -Fear of Missing Out, o miedo a perderse algo, que favorece un chequeo constante de las redes sociales- y las estrategias de varias compañías tecnológicas que vaticinan el fin de la era del smartphone en un futuro próximo.

Sea cual sea el futuro, para Waisburg el gran desafío tiene que ver, paradójicamente, con la capacidad de permanecer en el presente: "Hoy, el máximo tiempo que pasamos concentrados en una actividad antes de que algo o alguien nos interrumpa es, en promedio, de 11 minutos. El tema es que si no nos interrumpen, somos nosotros mismos quienes desconectamos. Como si esto fuera poco, cada desconexión nos provoca un costo de entre 10 y 20 minutos para reemprender la actividad. No estamos acostumbrados a estar presentes en el presente. Esto produce estrés, ansiedad, sensación de agobio, de llegar tarde a todo, de no tener tiempo para nada".

El tsunami de emociones negativas asociado a la epidemia de desatención ha generado un crecimiento exponencial de búsqueda de disciplinas y técnicas que ayudan a fortalecer el arte de permanecer en el aquí y ahora. Una de ellas es la práctica del mindfulness. Según Santiago Nader, director y cofundador de la Sociedad Mindfulness y Salud, a través del entrenamiento, es posible vencer el desafío de lograr un estado de concentración en situaciones que no deparan recompensa instantánea. Nader explica que uno de los ingredientes clave a la hora de redirigir nuestra atención es la curiosidad: "Una de las cualidades que despertamos en la práctica de mindfulness al observar el momento presente es la curiosidad y la bienvenida a todo lo que aparece sin reducir la experiencia a lo que sabemos de eso que estamos experimentando. Por ejemplo, puede que hayas comido infinidad de veces una manzana; entonces, naturalmente, esperamos un sabor, una textura y un aroma al comerla y nos perdemos de saborear esta manzana en particular. Hay un componente intencional que llevamos a la práctica para sentir y experimentar todo lo que va sucediendo con 'mente de principiante'".

¡Su atención por favor! dejó de ser una frase de cortesía para convertirse en uno de los grandes desafíos del momento.

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