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Aspera belleza

LA CASA DEL AHORCADO Por Horacio Castillo (Colihue)-139 páginas-($ 9)
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19 de enero de 2000  

ESTA recopilación, subtitulada Obra poética 1974-1999, reúne los cuatro libros de poesía publicados en ese período por Castillo, a los que se agregan seis poemas inéditos. Un primer libro ( Descripción , 1971) no fue incluido por decisión del autor, ya que "todavía no se manifiesta allí, de una manera plena y madura, su propio estilo", según transmite Pablo Anadón en el ensayo preliminar.

La sobriedad, la claridad y la firmeza de esa decisión ilustran sobre la personalidad de este poeta, nacido en Ensenada en 1934 y afincado en La Plata. Además de un centenar de poemas en la suma de todos sus libros, Castillo es autor de un ensayo sobre Alberto Girri y una biografía de Ricardo Rojas, y ha traducido del griego a Calímaco, Elytis (en un caso en colaboración con Nina Anghelidis), Ritsos y una antología de treinta poetas neohelénicos. Ha merecido diversas distinciones y es miembro de la Academia Argentina de Letras.

El país de Castillo, como el de los poetas románticos, es la imaginación. Al mismo tiempo, al igual que en el caso de algunos grandes poetas del siglo XX como Cavafis o Eliot, la imaginación de Castillo abreva en la mitología y en la historia antiguas, y les da vida presente.

Ese modo particular de mirar el presente en el espejo de todos los tiempos, se plasma en un lenguaje muy personal, aunque el poeta en general elude manifestarse frontalmente a través del yo lírico. Prefiere, en cambio, el tono firme y sintético del epigrama (Calímaco), a veces con apoyo en rasgos narrativos y/o imágenes herederas del simbolismo francés (Mallarmé), y siempre con una música áspera, de una sobria contundencia. Acaso la actitud interior que se expresa en su poesía esté apuntada en el verso final de "Expedición al Everest", puesta en boca de quienes, tras arduas fatigas, han llegado a la cima más alta del mundo: "el cielo estaba tan lejano como de costumbre".

Pese (o gracias) a la brevedad de su obra poética, Castillo ha venido construyendo, casi silenciosamente, con inusual y grato pudor, una de las obras perdurables de la poesía escrita en estas tierras.

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