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La Argentina y un debut tan frustrante como ante Camerún en Italia 90

Francisco Schiavo
Francisco Schiavo LA NACION
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16 de junio de 2018  • 12:18

Impensado. El debut en la Copa del Mundo ya abrió una llaga en el seleccionado argentino. Los próximos partidos podrán cerrarla, claro. Pero una duda quedó instalada como la picadura de una avispa. El 1-1 con Islandia pareció una derrota. La última vez que la Argentina no ganó en la presentación de un Mundial fue en Italia 90, en el que el defensor del título perdió 1-0 con Camerún. Y el impacto de hoy casi que fue el mismo por la inferior talla del rival y por aquello de que la primera impresión es la que cuenta.

La Argentina dejó poco y nada, como si hubiesen continuado las desventuras de una preparación en la que se mezclaron cualquier clase de condimentos: futbolísticos, organizativos y hasta diplomáticos. Una puesta a punto en la que la cabeza dio una y mil vueltas por cualquier lado.

La Argentina cayó en el embudo de un equipo tan empeñoso como rústico, pero que en todo momento sabía lo que hacía y, sobre todo, lo que quería. A qué jugaba. Quizá esa haya sido una de las diferencias sustanciales entre el conjunto de los talentos y un equipo con identidad. A la Argentina le faltaron ideas e imaginación.

En esta primera prueba quedó la impresión de que Jorge Sampaoli no pudo aprovechar el tiempo que estuvieron juntos para mejorar la producción de aquellas eliminatorias de la angustia. Entre los viejos defectos defensivos, la falta de fluidez en el juego y la sensación de que Lionel Messi lo tiene que hacer todo. Hasta en una tarde rusa en la que nada le salió bien, incluido el penal errado, y en la que fue frustrándose lentamente.

Confianza es una palabra de moda. Se la menciona en cada ámbito. Este equipo la tenía perdida en los últimos tiempos y la frescura que había conseguido con la clasificación para Rusia se dio la nariz contra el piso frente a Islandia . Habrá que recuperarla cuanto antes y, en la teoría, frente a rivales más potentes. Habrá que superar la decepción. Y lo fundamental será en qué momento, ya que la mente mandará cada vez de manera más enérgica.

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