Un estreno que no despeja ninguna de las incertidumbres previas de la selección

Diego Latorre
Diego Latorre LA NACION
Messi, durante el primer partido de Argentina en el Mundial
Messi, durante el primer partido de Argentina en el Mundial Fuente: Reuters
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16 de junio de 2018  • 13:57

MOSCÚ.- Así, en caliente y después de un debut que quedó resumido en el pelotazo al cielo que lanzó Messi en el momento del pitazo final, resulta difícil aventurar el camino que recorrerá Argentina en lo que resta del Mundial .

La presentación ante los disciplinados, simples y estoicos islandeses no resolvió ninguna de las incógnitas que flotaban sobre el equipo antes de pisar tierras rusas. En un partido que tuvo el desarrollo previsible, la selección repitió virtudes y defectos.

Entre estos últimos hay que contar las muchas dudas defensivas y el penal fallado por el que creemos que nunca se va a equivocar. Por esas cuestiones puntuales es explicable el 1-1, pero hubo claves del juego que resultan más preocupantes y de difícil resolución.

Jorge Sampaoli apostó por la dupla Mascherano-Biglia en mitad de la cancha ante un conjunto que hizo exactamente lo que prometía: despreciar la franja central y atacar buscando directamente las bandas o los delanteros. Y como ocurrió tantas veces, los dos volantes centrales se superpusieron, sin ofrecer la calidad de movimientos ni de primer pase que se necesita para desordenar defensas cerradas, tampoco la velocidad de juego adecuada en la elaboración. También sin desprenderse lo suficiente para llegar vacíos al ataque y ser alternativa en la llegada.

La posibilidad de ganar, entonces, dependió como siempre de la inventiva individual. De un Messi permanentemente rodeado; o de Agüero , que hizo un buen partido y demostró su condición de crack en el gol. El segundo tiempo de Meza estuvo en esa línea, con sus desmarques de afuera hacia adentro y su determinación para pisar el área como en la jugada del penal. Pavón se sumó a los aspectos positivos en los minutos finales.

El futuro plantea desafíos impensados, sobre todo por la carencia de una estructura fiable. Croacia, con un estilo de juego muy diferente al islandés, planteará dificultades en la recuperación de la pelota, un ítem que el equipo no resolvió del todo bien, aunque por otro lado quizás permita encontrar más espacios para Messi, Agüero y compañía.

Las sensaciones quedaron lejos de las expectativas y sería deseable no empezar a remover todo por un resultado adverso. Pero los torneos cortos dan pocas opciones de revancha y el próximo partido pasa a ser vital. A Sampaoli le queda mucho trabajo por delante.

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