Hugo Moyano, la reinvención del eterno patrón de la calle

Volvió a ser el rostro de la protesta y radicalizó su peleacon el Gobierno a partir de las causas judiciales en su contra
Volvió a ser el rostro de la protesta y radicalizó su peleacon el Gobierno a partir de las causas judiciales en su contra Fuente: Archivo
Lucrecia Bullrich
Nicolás Balinotti
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17 de junio de 2018  

Una tropa de custodios con mirada de acero se abrió paso entre los manifestantes como cuando una lancha divide el curso del agua. Todos vestían camperones verdes y no les importaba la lluvia, que caía cada vez con mayor intensidad. Se agolparon en la puerta de Callao 114 y daban órdenes casi imperceptibles: movimientos de cabeza, gestos, una mirada. Esperaban la inminente llegada de Hugo Moyano .

Como no sucedía desde hacía 15 años, el jefe de los camioneros encabezó el 31 de mayo último la comitiva gremial que inauguró la negociación salarial con las cámaras empresariales del sector en la sede alternativa del Ministerio de Trabajo . Los primeros encuentros paritarios suelen estar guiados por el formalismo de reabrir un diálogo y difícilmente surjan definiciones. Pero este fue una excepción.

La presencia de Moyano, que siempre se reservó para la firma final del acuerdo y supo delegar el curso de la negociación en su hijo Pablo , sorprendió a los enviados de la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Transporte de Cargas (Fadeeac) y a las autoridades del organismo laboral. La reunión que debía hacerse en un despacho de uso cotidiano de la planta baja se realizó en la sala central del tercer piso y fue coordinada por Adolfo Saglio Zamudio, el director nacional de Relaciones del Trabajo. Duró 40 minutos.

Con su hijo Pablo sentado a su lado y rodeado por otros dirigentes jerárquicos del consejo directivo, Moyano llevó la voz cantante. Abrió con el pedido de un aumento salarial de 27 por ciento y luego encadenó una serie de reivindicaciones: un bono de fin de año, viáticos, horas extras y el rechazo a cualquier intento de modificar el convenio colectivo 40/89, la "biblia" de los camioneros. Hiló el reclamo con críticas a la política económica del Gobierno. Asintieron convencidos y en silencio el resto de los acompañantes. Pablo Moyano se contuvo de participar hasta que le tocó intervenir a la parte empresaria: "¿Cuánto les dejó ofrecer Triaca?", los increpó antes de que abrieran la boca.

Lucio Zemborain, asesor legal de la Fadeeac, tomó la palabra. Justificó en la suba del gasoil y los peajes, y en la caída de las cargas transportadas, el impedimento para otorgar un aumento salarial superior al 15%, la pauta que había trazado la Casa Rosada antes de la devaluación y la corrida cambiaria. Los Moyano rechazaron la oferta y se retiraron de inmediato. Solo quedó un abogado para sellar el acta.

Afuera, sobre la avenida Callao, cantaban bajo la lluvia unos 300 manifestantes camioneros. Moyano les bajó una orden: activar asambleas de protesta para gestar un paro. Sin vueltas, la primera reunión paritaria escaló del apretón de manos al conflicto. Algo inusual.

El paro de los camioneros finalmente se concretó el jueves pasado y sirvió como un factor de presión determinante para empujar a la CGT a definir su propia huelga, que será dentro de ocho días y a la que también adherirán el gremio de Moyano, las tres vertientes de la CTA, la izquierda y los movimientos sociales.

Por un instante, Moyano sintió el jueves que había recuperado el control de la CGT. Y hasta se jactó vanidosamente de esa influencia: "Además de los camioneros, hoy hubo otras actividades que pararon. Colectivos hay muy pocos. La calle está liberada", exageró mientras supervisaba el acatamiento a la huelga en la planta de recolección de residuos UrBAsur, en Barracas, bajo un frío que mordía los termómetros. Ese mismo día, Pablo, desde la refinería de Shell, en Dock Sud, amenazaba con una nueva huelga, de 48 horas. Antes, incluso, había agitado el fantasma de Brasil, donde una medida de nueve días bloqueó rutas y desabasteció a las grandes ciudades.

La extrema radicalización de Moyano obedece a razones judiciales, aseguraron ministros y empresarios. Pero también lo confirmó su círculo más íntimo. Los Moyano perciben una maniobra del Gobierno en los tribunales para activar las causas en su contra y distinguen en el rechazo al proyecto oficial de reforma laboral el quiebre del vínculo con el presidente Mauricio Macri .

"La relación venía bien, incluso hasta se había comenzado a charlar la reforma laboral y la de los convenios colectivos. No hubo acuerdo y se pudrió todo: empezaron las causas, las denuncias. Y a Hugo si le cantás truco, te va a decir retruco. Lo invitaron a subir al ring, y ahí está", justificaron desde Camioneros el forzado regreso del jefe de 74 años para encabezar el conflicto callejero.

Moyano tiene al menos seis procesos judiciales en marcha: van desde la vieja causa por la adulteración de medicamentos y desvío de fondos del sindicato hasta la de presunto lavado de dinero en Independiente. Este expediente es el que más movimiento tuvo últimamente a partir de las denuncias del barrabrava Pablo "Bebote" Álvarez, que desde la cárcel involucró a las autoridades del club con una asociación ilícita.

Quienes frecuentan a Moyano desde hace años afirman que su pelea con Macri es más a fondo que la que tuvo con Cristina Kirchner. "Ella le quitó beneficios y poder, pero no le tiró la Justicia encima", comparó un empresario que trata con el sindicalista desde sus orígenes, en los 80, cuando desbancó a Ricardo Pérez de la conducción del gremio tras conquistar a las bases con un discurso sencillo y combativo.

Como sucedió cuando rompió con el kirchnerismo, en 2011, Moyano ideó ahora una estrategia para soportar lo que considera una embestida del Gobierno, la Justicia y de los medios de comunicación. El plan, debatido en la intimidad junto con Liliana Zulet, su esposa, y el abogado Daniel Llermanos, tiene aristas gremiales y políticas, y contempla desde batallas para recuperar la CGT y tener el control de la calle en un puño hasta la necesidad de involucrarse en la interna del PJ para encontrar un candidato capaz de vencer al oficialismo en 2019.

En la arena gremial, Moyano dio luz verde para que su hijo Pablo refuerce los lazos con los socios circunstanciales de la masiva manifestación del 21 de febrero, cuando parecía estar cercado por la Justicia. Construyó la Multisectorial 21-F, en la que confluyen las CTA, los movimientos sociales, la ONG La Alameda y gremios que comulgan con el kirchnerismo. La Multisectorial 21-F, a la que aspiran incorporar formalmente como miembro de la CGT, se ramificó ya hacia otros puntos del país y el 26 de julio tendría su lanzamiento oficial en el estadio de Ferro, con un acto que se anticipa multitudinario y en el que habría un mensaje de apoyo de un sector de la Iglesia. Es una corriente de sesgo opositor que anhela con ser un reflejo de lo que fue el Movimiento de los Trabajadores Argentinos, que lideró las protestas callejeras en los 90 de la mano de Moyano y el colectivero Juan Manuel Palacios.

La táctica contempla además un punto demasiado ambicioso: recuperar el control de la CGT. Su hijo Pablo advirtió que se postulará en tándem con el bancario Sergio Palazzo para competir por la secretaría general, el 22 de agosto próximo, la fecha que estableció el triunvirato de mando para su salida anticipada. Pero sin el apoyo de los gremios más numerosos para imponerse a través de las urnas, se evalúa un plan B: conformar una central combativa, como sucedió históricamente cuando no hubo unidad. Nada nuevo, aunque la reconquista de la sede de Azopardo será entonces el botín simbólico más preciado.

En el plano político, Moyano sigue creyendo que el movimiento obrero tiene que ocupar más lugar en la política partidaria, o "en los tres poderes del Estado", como planteó en River aquella fría tarde de octubre de 2010 en la que pidió "tener a un trabajador en la Casa de Gobierno" y sufrió la reprimenda de Cristina, que estaba a su lado. "Quiero decirle que trabajo desde los 18 años", le devolvió, tajante la entonces presidenta. Más allá del chispazo, todavía reinaba el amor entre ellos.

Sabe, no obstante, que con el peronismo desarticulado, sin rumbo y sin líder a la vista, pensar en un hombre de los gremios como candidato reunificador para 2019 es una quimera. Sin embargo, volvió a caminar los pasillos del PJ. La reconciliación con lo que alguna vez tildó de "cáscara vacía" empezó a gestarse a mediados del año pasado y se cristalizó en diciembre con la elección de Pablo como vicepresidente segundo del peronismo bonaerense. El vínculo con el intendente de Merlo y jefe del partido en la provincia, Gustavo Menéndez, creció en los últimos meses. "Hugo quiere ser eje de la reconstrucción del peronismo y puede serlo. Es uno de los pocos tipos que pueden hablar con todos", dijo convencido un dirigente gremial y político que lo conoce bien. En ese "todos" hoy entran intendentes bonaerenses y un puñado de gobernadores.

El vínculo con los Rodríguez Saá data de 2003, cuando Moyano apoyó a Adolfo en la elección presidencial y se reeditó este año, cuando el camionero se sumó al encuentro fundacional de "Hay 2019", la consigna con la que el kirchnerismo intentó en marzo retomar la iniciativa y tallar en la interna peronista. Aquella foto lo mostró con Agustín Rossi, José Luis Gioja, Jorge Taiana y Hugo Yasky, entre otros. Moyano también habla con el gobernador de San Juan, Sergio Uñac, a quien considera "un muchacho con potencial", como reprodujeron cerca de él, aunque todavía "verde" para disputar la presidencia. A Sergio Massa lo ve de vez en cuando. La última vez fue hace poco más de un mes.

En el reencuentro con el cristinismo y las organizaciones kirchneristas, como la CTA de Yasky, fue clave la figura de Pablo actuando como puente. El acercamiento se dio además en simultáneo a la disputa con Macri y el deterioro de la situación económica.

"Este gobierno lo arrinconó y lo obligó a juntarse con los K. A Hugo mucho no le gusta, pero es un sapo que tiene que comerse. Y lo hace porque es un tipo inteligente", graficó un gremialista que fue testigo de ese proceso.

El regreso al redil político incluye haber vuelto a poner un ojo en el Partido de la Cultura, la Educación y el Trabajo (CET), el sello electoral de los camioneros que hoy solo tiene un diputado nacional: el chubutense Jorge Taboada. La reactivación está a cargo de Octavio Argüello, dirigente de su máxima confianza. Argüello encabezará la semana que viene el lanzamiento del partido en Jujuy. Ya tiene presencia en una decena de provincias.

Para Moyano, la ecuación es clara: la resurrección del peronismo como alternativa política y electoral el año que viene solo será posible si antes se consolida una "nueva" CGT, en la que vuelva a tener peso. Y piensa jugar fuerte, más o menos visiblemente, en ambos frentes.

El círculo de poder de los camioneros

Hugo Moyano, jefe de Camioneros

Es el líder desde 1987. Delegó algunas tareas en su hijo Pablo

Omar Pérez, Sec. de Relaciones Internacionales

Es el representante del gremio en la CGT tras la renuncia de Pablo

Marcelo Aparicio, Sec. gremial

Es la sombra de Pablo. Manejó la rama de recolección de residuos

Pablo Moyano, Sec. Adjunto

Es el heredero natural. Es combativo y tiene buena llegada a la bases

Pedro Mariani, Sec. del Interior

Es la mano derecha de Hugo desde los inicios. Digita las seccionales

Jorge Taboada, Seccional Chubut

Es el dirigente del interior que más poder logró; es diputado nacional

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