Devolver la calma a Colombia, el reto del presidente más votado de la historia

Daniel Lozano
Daniel Lozano PARA LA NACION
Duque, durante la campaña
Duque, durante la campaña Fuente: AP
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17 de junio de 2018  • 19:14

BOGOTÁ.- Iván Duque inicia ahora la transición hacia su toma de posesión amparado en su colchón de 10 millones y más del 54% de los votos, consciente de que semejante resultado le otorga fuerza sobrada para construir una sólida mayoría parlamentaria a su alrededor.

El presidente más votado de la historia de Colombia se enfrenta a un primer reto, que es inmediato: devolver la calma política al país polarizado, tras varios meses de duro enfrentamiento en los medios de comunicación y en las redes sociales.

Para ello necesita agrupar sus fuerzas, en torno a un acuerdo nacional, sin caer en el tradicional reparto de la torta gubernamental, algo que por el momento ha rehuido con sus pactos preelectorales. Viejas formas de hacer política que la opinión pública rechaza. El bloque de centroderecha respaldará al nuevo presidente, comenzando con los 19 senadores liderados por Álvaro Uribe, sumados a los 14 legisladores del Partido de la U, huérfanos tras el abandono del poder de Juan Manuel Santos , y los 15 senadores del Partido Conservador, que además contará con Marta Lucía Ramírez como la primera vicepresidenta en la historia de Colombia.

Al bloque gubernamental se le unirá una buena parte del Partido Liberal, con 14 escaños, y de Cambio Radical, con 16 legisladores, que tendrán muy en cuenta las órdenes de su líder, Germán Vargas Lleras, excandidato y llamado a ocupar una importante cartera ministerial tras su apoyo incondicional al ganador. En definitiva, una alianza sobrada de votos para apoyar las iniciativas legislativas del nuevo mandatario, pese a que un número sin determinar pasará a formar parte de la oposición de centro.

Los desafíos de la izquierda

El histórico resultado de Gustavo Petro, líder izquierdista, con más del 40% de los votos y casi 8 millones de votos (3 millones más que en la primera vuelta), lo convierte automáticamente en líder de la oposición, ayudado también porque asumirá un acta de senador gracias a los acuerdos de paz. En el bloque opositor resalta la Alianza de los Verdes, con 10 bancas; el Polo Democrático, con cinco; los llamados "decentes" de Petro (cuatro más el propio líder) y las cinco actas asumidas por las FARC gracias a los acuerdos de La Habana.

El plan de Petro no acabó con las elecciones, ni mucho menos. Sus aspiraciones, amplificadas ayer, se estiran hasta las presidenciales del 2022, a las que piensa comparecer convertido en el AMLO colombiano (Andrés Manuel López Obrador, candidato de la izquierda mexicana). Si en algún sitio destaca el líder de Colombia Humana es en el Parlamento, gracias a su hábil oratoria y su tradicional pelea contra la corrupción y los paramilitares. Mucho peor le fue durante su administración municipal en Bogotá, criticada desde casi todos los ámbitos.

En el Senado se enfrentará a Uribe, un ring en el que se mueve a la perfección y en el que volverá a incidir contra los males tradicionales de la política colombiana: el saqueo de las arcas públicas y la "mermelada", con su reparto regional del dinero gubernamental a aliados políticos y el nepotismo.

Está por ver cuál será el respaldo que consiga Petro en el Senado, más allá de los cuatro legisladores de su grupo. Se da por hecho que los cinco de las Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC) se sumarán a su causa, y también alguno del Polo.

Mucho más difícil lo tiene el exguerrillero del M-19 con su antiguo compañero, Jorge Robledo, líder del Polo y con la Alianza Verde, ambos compañeros del centrista Sergio Fajardo en la Coalición Colombia. Y esta es precisamente el otro gran interrogante del futuro político del país: ¿curará la alianza de centro las heridas abiertas durante la segunda vuelta?

La apuesta por el voto en blanco de Fajardo, frente al apoyo a Petro de su compañera de ticket electoral, la verde Claudia López, abre la posibilidad de que los caminos de ambos se separen de cara a las elecciones municipales y regionales del año que viene. El voto en blanco obtuvo más del 4% de los apoyos, a los que se puede sumar el incremento de la abstención, cuando tradicionalmente en el ballotage siempre vota más gente.

Pero si esto no sucede y la alianza es capaz de abrir sus puertas a liberales como Humberto de la Calle, Juan Manuel Galán y Juan Fernando Cristo (todos ellos pidieron el voto en blanco), a dirigentes radicales inconformes con el apoyo incondicional a Duque y a buen número de intelectuales y ciudadanos que se mantuvieron firmes en su decisión pese a las acometidas de las otras campañas, un nuevo mapa político se habría configurado en Colombia.

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