Datos, un insumo crítico para planificar en salud mental

Pablo Richly
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18 de junio de 2018  

La epidemiología es el mapa que nos permite tomar decisiones en salud. Hay quienes discuten la obviedad de las limitaciones con las que se obtienen los datos y subestiman el enorme esfuerzo que implica conseguirlos, pero sin esta guía es imposible tener una idea de la realidad sanitaria de una población.

Pese a su altísimo valor, suele ser la Cenicienta de la investigación porque no conduce a la fama o la fortuna. Como botón de muestra recuerdo que siendo residente hice una simple pregunta: cuántas altas se daban mensualmente en la sala de internación de psiquiatría. El dato era importante para poder garantizar el seguimiento ambulatorio que solía demorarlas. Sin embargo, me encontré con una ausencia de información que contribuía a la falta de planificación y que los pacientes pagaban caro con su encierro innecesario.

Con algo de voluntad y trabajo pudimos modificar esa situación. Pero esta mínima anécdota refleja miles de otras similares en el sistema de salud y sobre todo en la salud mental. Por todo esto, aplaudo el trabajo de Alfredo Cia, Juan Carlos Stagnaro y muchos otros que, al generar datos, nos brindan una gran ayuda para generar programas acordes con las reales necesidades de la comunidad, y no con las suposiciones o intereses de quienes los diseñan.

El envejecimiento poblacional y los cambios tecnológicos y sociales son factores que pueden tener un impacto insospechado en el panorama de la salud. Es por eso que no podemos seguir confiando en mapas antiguos y debemos actualizar el diagnóstico de la salud mental en nuestra comunidad. Siempre se dice que es posible engañar a alguien con cifras, pero también es cierto que estas al menos pueden ser refutadas. Sin datos, solo quedan opiniones.

El autor es director del Centro de Salud Cerebral (Cesal), Quilmes

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