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Bestiario

Una urraca la ayudó a recuperarse de un accidente que la dejó en silla de ruedas

Jimena Barrionuevo
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20 de junio de 2018  • 00:57

Dicen que los ángeles se presentan en diferentes formas y tamaños. Penguin llegó en el momento justo e indicado, ni un día antes ni uno depués. Era un pequeño pichón de urraca cuando Noah de 8 años, la encontró herida en el césped. Había caído desde su nido, ubicado a unos 20 metros de altura sobre un alto pino de la Isla de Norfolk, en Australia. Preocupado, Noah pidió autorización a sus padres, Sam y Cameron para llevar el ave a la casa hasta que pudiera recuperarse y volver a la naturaleza cuando estuviera lo suficientemente fuerte como para valerse por ella misma. Allí le hicieron un nido con una vieja canasta de mimbre y la mantuvieron abrigada con una manta a su medida.

"No es fácil cuidar a ninguna criatura salvaje herida, y esto es especialmente cierto en el caso de un pájaro bebé frágil, como pronto descubrimos. Cuidar a Penguin durante esas primeras semanas fue un compromiso enorme, pero al mismo tiempo fue una experiencia maravillosa para todos nosotros", recuerda Cameron que se gana la vida como fotógrafo. Las urracas australianas son omnívoras, lo que significa que comen casi cualquier cosa aunque durante su fase crítica de crecimiento los pichones consumen muchos insectos. "Tuvimos que asegurarnos de que Penguin consumiera una dieta fácil de digerir que era alta en proteína magra y contendría todos los nutrientes esenciales que ella necesitaba para formar huesos fuertes y plumas de vuelo", explica Cameron. Al principio, Penguin tenía que alimentarse cada dos horas durante el día, pero dormía toda la noche. Noah y sus dos hermanos, Oli y Rueben, se turnaban para alimentarla.

Crédito: @penguinthemagpie

Hubo días en que Penguin se veía tan débil que la familia pensó que la posibilidad de perderla era cada vez un hecho más cercano. Pero continuaron haciendo todo lo posible y, con el tiempo, ella creció tanto en tamaño como en confianza. "A medida que crecía la fuerza de Penguin, también lo hacía su curiosidad. Nunca la encerramos dentro de ningún tipo de jaula, por lo que siempre tuvo la libertad de aventurarse fuera de la casa. No pasó mucho tiempo antes de que comenzara a buscar su propia comida en el patio trasero y estaba claro que se estaba volviendo cada vez más independiente".

Un vuelo de rescate

A pesar de tener libertad para irse, la urraca eligió dormir dentro de la casa durante al menos seis meses. Además, se había aferrado a Sam, que estaba atravesando una profunda depresión luego de haber quedado paralizada desde la cintura para abajo como consecuencia de un accidente mientras se encontraba de vacaciones en Tailandia. Corría enero de 2013 cuando se apoyó en la baranda de la terraza de la habitación donde se hospedaba y la estructura se desplomó por completo. Sam cayó seis metros y quedó tendida en el piso: se había fracturado el cráneo, ambos pulmones se habían roto y uno había colapsado. Además, su columna vertebral estaba hecha trizas justo debajo de los omóplatos.

Crédito: @penguinthemagpie

Cuatro días después del accidente fue operada y seis semanas más tarde pudo regresar a su casa en Australia y recibir un diagnóstico definitivo: no volvería a caminar jamás. Tampoco podría practicar surf ni correr en la playa como lo había hecho durante la mayor parte de su vida. Y entonces quedó sumida en una profunda depresión hasta que Penguin apareció esa mañana en el jardín de la casa. "Me encantó tenerla cerca porque era una compañía con la cual podía ser yo misma y relajarme", dice Sam. "Estaba en mi regazo o en mi hombro y me hacía reir".

Crédito: @penguinthemagpie

La sonrisa de Sam y la presencia de Penguin rajeron de regreso la alegría a la casa de los Bloom que dicidieron crear una cuenta de Instagram ( @penguinthemagpie) para la urraca que pronto tuvo miles de seguidores. Allí, subieron algunas de las 14 mil fotos que le tomaron. Las imágenes se volvieron virales pero nadie supo sobre la lucha de la familia hasta que Bradley Trevor Greive plasmó en Penguin Bloom la historia de la urraca, del accidente y la recuperación de Sam.

Crédito: @penguinthemagpie

En el epílogo del libro, Sam cuenta cómo es vivir con una lesión en la columna vertebral. "Estar paralizada es como despertarse de un coma para darte cuenta de que tenés120 años", escribe. "Tu familia y amigos quieren que te alegras de que todavía estés vivo, pero todo lo que hacés es muy lento y muy doloroso, y mucho de lo que más disfrutaste, las cosas que realmente te hicieron sentir vivo, ahora son completamente imposibles". Y confiesa que pudo salir adelante gracias al apoyo de su familia, el ejercicio y, sí, la amistad de un pájaro que fue como un ángel en su vida.

Coldplay before school @noah_bloom

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Mientras, a medida que Penguin crecía, se mantenía alejada de la casa durante períodos más largos y un verano, cuando tenía un año, desapareció durante seis semanas. La familia estaba angustiada. Pero el día del cumpleaños número 13 de Rueben, Penguin hizo una visita sorpresa y se quedó con la familia por otros ocho meses. Hoy hace más de un año que Penguin se fue nuevamente a volar en libertad. Por su parte, Sam comenzó a practicar kayak y es parte del equipo australiano de paracaidismo.

Crédito: @penguinthemagpie

"Penguin ha redefinido lo que significa la familia, y nos ayudó a apreciar cuán poderosos pueden ser el amor y la compasión. Al principio pensamos que estábamos rescatando a Penguin, pero ahora sentimos que este pájaro extraordinario nos hizo sentir más fuertes, nos acercó y también ayudó a sanar a nuestra familia durante un momento muy difícil. Penguin nos rescató a nosotros", concluye Cameron.

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