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La vida en Modo Mundial: Hablar de nosotros, pasión de multitudes

Carolina Arenes
Carolina Arenes LA NACION
Crédito: Jefatura de Gabinete/GCBA
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19 de junio de 2018  • 23:59

"Parafraseando a Goethe .gris es el árbol de la vida y verdes los goles de Messi." Esa era la módica expectativa de mi amigo el sociólogo para el sábado contra Islandia. Que la estrella del equipo nos diera una alegría y nos dispensara por un rato de pensar en los nubarrones políticos y económicos. Lo de verde no tenía que ver con el logro feminista en el Congreso, sino con la frase de Goethe: "Toda teoría es gris y sólo es verde el árbol de doradas frutas que es la vida". Pero no hubo ni goles ni frutos ni nada que nos sacara el mal humor. Tanto que en mitad del encuentro alguien tuiteó: "Que suban el dólar, así nos distraemos del partido".

¿Cuánto hace que el Mundial se ve con el celular en la mano? Todos con los ojos fijos en el televisor. Pelota afuera, saque de arco, falta, y todos zambullidos en la pequeña pantalla inteligente. Arde twitter, arden los chats de amigos y familiares. Son los partidos más conversados de la historia, con los que tenemos a mano en casa o con los miles que también tenemos a mano, en el celular.

Acá la mitad del sillón quiere cobrarse rápidamente el fiasco, el madrugón de sábado (y sí, adolescentes: 9 de la mañana un sábado es madrugar) y la otra mitad sale en defensa del genio que otra vez no se convirtió en héroe: "Pobre Messi, tiene toda la presión encima. Me da lástima, el equipo es un desastre y todos le echan la culpa a él".

Se nos atragantan las medialunas. Una hora de cola en la panadería (¿podemos ser tan argentinos todos al mismo tiempo y a último momento?), casi sobre el comienzo del partido y todavía llena de gente, puro nervios todos, a un lado y al otro del mostrador. Ahora frente a la pantalla, las facturas y el mate ayudan a digerir el mal momento. Es un empate, pero contra Islandia y con penal errado sabe a derrota. Entra un mensaje de amiga maestra: "Este partido da para una jornada de capacitación docente: cómo enseñar a los chicos a manejar la frustración"

"Al final lo van a hacer renunciar otra vez", leo en el chat familiar. Fue hace dos años, después de la derrota en la final de la Copa América (y de errar otro penal). Me acordé de la carta que le escribió entonces una maestra: "Por favor no renuncies, no les hagas creer a mis gurises que en este país solo importa ganar y ser primero."

Al final había sido apenas un estallido de frustración que después quedó desactivado (quien no tiene fantasías de fuga cuando las cosas se ponen difíciles). Pero se ve que por las dudas, en las eliminatorias del año pasado la misma maestra le recordó a Messi la lección: "Ya lo conseguiste todo, no necesitás ninguna copa ni medalla para completarte. El que necesita estar en Rusia, festejar un primer lugar, ser el número uno en el podio, es el ego de los argentinos".

Muy de nosotros. Cuando lo deportivo no se nos da bien, el terreno futbolístico se presta como territorio fértil para la reflexión. Perdemos literalidad y ganamos en capacidad metafórica. ¡Oh no, el mundial paralelo! La pelota se nos escapa hacia el verdadero deporte del goce nacional: cuestionarnos, hablar de nosotros, pasión de multitudes. La vida en Modo Mundial también es eso, renovar cada cuatro años el diván de la argentinidad. ¡Qué pelotazo! Por suerte, todavía tenemos revancha.

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