La Argentina, entre las variables internacionales y las inconsistencias propias

Diana Mondino
Diana Mondino PARA LA NACION
Las turbulencias financieras de las últimas semanas desnudan la necesidad del país de eliminar las distorsiones que afectan al comercio, incrementar su know how y fomentar la productividad a través del acceso al capital
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21 de junio de 2018  

Las últimas semanas han mostrado grandes turbulencias financieras. La Argentina resultó particularmente afectada por acontecimientos internacionales -precio del petróleo, tasas de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED), recesión en Brasil- e inconsistencias de políticas propias. Todos los países emergentes sufrieron saltos en sus monedas o en sus tasas de interés, justamente para impedir que sus monedas se continuaran devaluando. Sin embargo, la Argentina tuvo más impacto que otras naciones.

Las razones de este empecinamiento del mundo en castigarnos son muchas y el lector tendrá su propia lista. Las resumo diciendo que, a perro flaco, todo son pulgas.

¿Cómo avanzamos en soluciones? O sea, ¿cómo engordamos al perro y le quitamos las pulgas? Y la respuesta es una y mil veces: instituciones y productividad. Con instituciones me refiero a "pesos y contrapesos", o checks and balances entre los distintos poderes del Estado. Una Justicia que funcione, un Congreso que sea realmente representativo y un Ejecutivo que sea eficaz. Estamos muy lejos de eso, pero quiero creer que avanzamos.

Vayamos entonces al tema en que cada uno de nosotros definitivamente puede actuar: aumentos en productividad. Hay múltiples regímenes, regulaciones, imposiciones, monopolios legales que encarecen toda actividad. Es tarea del Gobierno ir disminuyéndolas. También es tarea de todos nosotros aceptar cuando por fin se eliminan esas "quintitas", aun cuando sea nuestro propio interés el que se ve afectado. De otra forma nunca se podrá avanzar. Como ejemplo pongo la intención de permitir operaciones de comercio exterior por montos pequeños sin despachantes de aduana (Exporta Simple). Todos los lectores saben a qué me refiero. Eliminar estas distorsiones es parte de la categoría "quitarle las pulgas al perro".

Y simultáneamente, ¿cómo engordar al perro? ¿Cómo aumentar nuestro know how y ser más eficientes? ¿Cómo tener resiliencia, productividad o alguna otra característica positiva que como país y/o empresa nos permita crecer? Son temas que están estudiados en la literatura económica con razonable consistencia. Muy especialmente, el doctor Ricardo Hausmann, profesor de Economía del desarrollo en la Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard y sus colegas del Centro para el Desarrollo Internacional explican el tema con notable sencillez. Me permito resumir extremadamente sus conceptos de la siguiente manera: el know how o conocimiento no es fácil de trasladar. Cada sociedad genera su propio know how y la difusión del mismo depende de una serie de circunstancias. Para explicar la transferencia tecnológica y su importancia en el desarrollo económico utiliza como metáfora el juego de Scrabble, aquel en que con letras se van formando palabras que valen más, cuantas más letras o conexiones con otras palabras del tablero se tengan.

Hausmann explica que según su modelo de desarrollo económico, los productos que realiza un país son las palabras del juego, que se alcanzan combinando letras que representan las distintas especialidades o atributos de conocimiento. Tiene primordial importancia enlazar distintos mercados, sectores, herramientas o tecnologías. Para el caso argentino, me tomo la libertad de agregar la financiación. Una economía primitiva tiene solo pocos y sencillos ejercicios de combinación de conocimientos, y no se consigue un catálogo de productos de alto valor añadido que demandaría conocimiento de distintas especialidades. Para ello requeriría mayor productividad. Con una letra no podemos hacer nada, pero con varias letras hacemos muchas palabras.

Siguiendo con el desarrollo de Hausmann, la diferencia de productividad de un país a otro se fundamenta en la tecnología, que permite:

  • Construir nuevas "herramientas": incorporando conocimiento para un fin específico.
  • Desarrollar nuevos "códigos" : recetas, protocolos, manuales.
  • Consolidar el know how : capacidad colectiva para aportar soluciones. Las sociedades más productivas cuentan con tecnologías que han sido desarrolladas gracias al know how de sus individuos.

A la Argentina se la conoce en el mundo por el fútbol y la carne. Pronto lo será también por las silobolsas, gran avance que requiere una multitud de actores para lograr sus máximos resultados. Know how en el más puro sentido.

Si además consideramos que toda empresa o país tiene múltiples competidores -otros productores o los escasos recursos de sus clientes- es más que evidente que es imperativo tener no solo productividad propia en la empresa, sino analizar cómo se difunden estos conocimientos. Las empresas en la Argentina no cooperan activamente. Las Cámaras están más interesadas en proteger a sus miembros actuales, o los sindicatos que hoy tienen empleo, que en generar las condiciones para que el país pueda crecer.

Por último, un aspecto vital es el rol del capital en la función productiva. Si arar un campo es más fácil con tractor que con bueyes, ha de ser posible comprar el tractor. El costo del crédito es un elemento limitante. Puede ser un gran error considerar que la volatilidad argentina complica toda inversión cuando se compara con el rendimiento de una inversión financiera de corto plazo. Puede ocurrir que quien no invierta hoy ya no pueda hacerlo mañana cuando un competidor, local o extranjero, haya crecido en su mercado.

En definitiva, para crecer hace falta cooperar. Nadie puede actuar solo, todos necesitamos trabajar con otros. No podemos bastarnos solamente con nuestros propios conocimientos o financiación. Se necesita un mercado de capitales y utilizar la tecnología propia o desarrollada por otros. Así seremos un perro gordo y sin pulgas.

La autora es Economista y docente de Ucema

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