Reino Unido: de camino a un Brexit suave

La lógica de la frontera con Irlanda está empujando hacia una relación estrecha con la Unión Europea
The Economist
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21 de junio de 2018  

Dejar la UE encuentra su mayor barrera fronteras adentro. La falta de consenso sobre la salida de la unión aduanera entorpece el deseo de romper relaciones drásticamente
Dejar la UE encuentra su mayor barrera fronteras adentro. La falta de consenso sobre la salida de la unión aduanera entorpece el deseo de romper relaciones drásticamente Fuente: LA NACION

Cuando los británicos votaron abandonar la Unión Europea (UE) hace dos años, no tuvieron posibilidad de decir qué tipo de Brexit querían. Pero Theresa May, quien se convirtió en la primera ministra tras el referéndum, rápidamente decidió que querían la ruptura más drástica posible. Sin consultar a su gabinete, y mucho menos al Parlamento, anunció "líneas rojas" para su negociación con Bruselas que puso a Gran Bretaña rumbo a la más completa separación.

El Brexit duro

Este Brexit "duro" en el que Gran Bretaña se liberaría de las garras de los jueces europeos, de su política comercial y sus normas migratorias, a un costo significativo para su economía y su seguridad, pareció por mucho tiempo inevitable. La resistencia del Parlamento al plan extremo de May ha sido tímida y la oposición laborista, débil. Pero la semana pasada cambió la marea. Parece probable que parlamentarios Tory rebeldes le quiten el control de las jugadas finales del Brexit al gobierno. Mientras tanto, los partidarios del Brexit por fin han entendido que la frontera con Irlanda es una barrera casi insuperable a una salida dura. Quedando menos de seis meses de negociación por delante, está quedando claro que el Brexit será más blando de lo que propuso May. Esta es una buena noticia para Europa y Gran Bretaña.

Doblarse, si se quiere

El enfrentamiento esta semana obligó al gobierno a prometer a los parlamentarios que habrá un voto "significativo" del acuerdo que May negocie con la UE cerca de fin de este año. El supuesto había sido que un voto de rechazo a la versión de May del Brexit llevaría a un resultado drástico, "sin acuerdo", en el que Gran Bretaña simplemente se iba sin cubrir sus obligaciones financieras y sin establecer su relación futura con la UE. Eso ya no sucederá, porque el Parlamento ahora podrá forzar al gobierno a comenzar de nuevo.

Eso aún deja mucho margen para un Brexit duro. Si bien las negociaciones han dejado en claro cuál sería el costo de tal política, el gobierno se ha mantenido firme en sus demandas y líneas rojas. Los partidarios del Brexit alardean de que cualquier problema puede ser superado siendo positivos y con patriotismo o argumentan que son un precio razonable que hay que pagar por liberarse de Bruselas. Han persuadido a la primera ministra que el referéndum la obliga a sacar al país del mercado único y la unión aduanera de la UE a cualquier costo.

Pero hay un área en la que no puede optar por la máxima separación, no importa lo dispuesta que esté May a causarse daño a sí misma. Bruselas ha exigido que en Irlanda del Norte, en pos de mantener la paz, no debe haber nuevos controles o infraestructura en la frontera. May aceptó esto en diciembre y desde entonces ha estado buscando una manera de reconciliar una política comercial independiente con una frontera invisible y abierta. Ha fracasado, cosa nada sorprendente, dado que aún las fronteras de la UE con menos fricción, con Noruega o Suiza, involucran algunos controles. Por lo que recurrirá a un plan de "respaldo", manteniendo a Irlanda del Norte en la unión aduanera de la UE hasta que encuentre una solución al problema de la frontera, cosa que puede no llegar a ocurrir nunca. Para evitar controles aduaneros entre Irlanda del Norte y el resto del territorio británico, lo que sería una provocación para los unionistas del norte de Irlanda que apoyan el gobierno de May, la unión aduanera cubrirá a todo el Reino Unido. Y no tendrá un límite firme en el tiempo.

El ablandamiento puede no acabar allí. Gran Bretaña ha prometido que su plan de respaldo para Irlanda del Norte incluirá un "alineamiento pleno" con las normas relevantes del mercado único de la UE. May puede encontrarse con que también tiene que aplicar esto a todo el país para evitar una rebelión unionista. Así se encontraría en un arreglo supuestamente temporario, pero en los hechos indefinido, que incluya la pertenencia a la unión aduanera de la UE y un alineamiento pleno en gran medida con su mercado único. El Brexit blando se habría logrado vía una puerta trasera en Belfast.

Blando, fuerte y muy prolongado

Aunque la lógica de las negociaciones ahora apunta a una salida blanda, tal resultado aún no es inevitable. El aterrizaje blando fuera de la UE enfrenta tres riesgos principales. El primero es que el resto de la UE deje a Irlanda desamparada y abandone su demanda de que la frontera siga siendo invisible. Pero el discurso de los líderes de la UE respecto de la frontera en realidad se viene endureciendo.

El segundo riesgo es que haya indignación popular cuando la UE se niegue a dar a Gran Bretaña acceso privilegiado al mercado único a menos que permita el libre traslado de personas. Si, como parece probable, la UE se niega a diluir este principio, Gran Bretaña podría aplicar los frenos que algunos Estados miembros ya han usado: registrar a los nuevos inmigrantes, limitar su acceso a beneficios y hasta impedirles acceder a empleos en el sector público. Eso puede bastar para apaciguar a algunos votantes a favor del Brexit, dado que la migración neta de ciudadanos de la UE ya se ha reducido a menos de la mitad desde el referéndum. Otros podrían ser comprados si May cumple con otras promesas del Brexit, tal como volcar más fondos a los servicios de salud. Y si bien el núcleo duro no perdonará ningún ablandamiento del Brexit, muchos más se acomodarán a la nueva situación en marzo próximo, cuando se concrete formalmente el Brexit y se emitan los nuevos pasaportes azules.

El riesgo más grave para May no es la voluntad de la gente: las encuestas sugieren que la mayoría de los británicos prefieren un Brexit blando. Es el ala eurofóbica de su propio partido Tory. Si se ve a la primera ministra ablandándose, sus parlamentarios pueden cuestionar su liderazgo. Pero ella bien podría ganar esa compulsa, dado la falta de reemplazos obvios. Aunque ella cayera, su sucesor se encontraría con el mismo problema respecto de Irlanda del Norte. Algunos tories se quejan de que la cola que es Irlanda del Norte está moviendo al perro que es Gran Bretaña; podrían preferir una frontera aduanera en el Mar de Irlanda que sufrir el hundimiento de su sueño de un Brexit duro. La dependencia del gobierno del voto de los unionistas, sin embargo, hace difícil ignorar esta cola. ¿Un primer ministro partidario acérrimo del Brexit se arriesgaría a otra elección más, buscando ganar suficientes escaños como para poder dejar de lado a los unionistas? Sería una apuesta temeraria que los votantes exhaustos podrían castigar.

El camino rumbo a un Brexit blando es accidentado. Pero la lógica implacable de la frontera irlandesa está empujando en esa dirección. ¿Y entonces qué? Algunos partidarios de abandonar la UE ven un Brexit blando como una transición hacia una ruptura completa. Algunos partidarios de quedarse lo ven como una plataforma a partir de la cual volver a unirse a la UE. Otros, de ambos campos, piensan que tal estado semiseparado es el peor de todos los mundos. La historia sugiere que puede permanecer mucho tiempo en estado de transición. Noruega, el modelo citado por muchos para un Brexit blando, hizo un arreglo económico temporario con la UE en 1994. Sigue vigente.

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