Autoridad sí, autoritarismo no

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
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21 de junio de 2018  • 02:33

Ejercer la autoridad es muy importante en el seno de una familia. Ambos padres son autoridad sobre los hijos pero ésta nunca debería distorsionarse bajo la forma de:

a. Autoritarismo. La persona autoritaria no se siente capacitada, en consecuencia, no reconoce al otro y busca anularlo. Su frase preferida es: "Acá mando yo". Se impone mediante peleas y gritos, dado que en el fondo tiene miedo de perder el poder. ¿Qué es lo que logra? La inhibición del otro. El autoritario puede tener un rasgo agresivo (el que manda al otro) o un rasgo narcisista (el que tiene una imagen idealizada y se coloca arriba de los demás, descalificando a todo el mundo).

Hace un tiempo alguien me comentó que era una buena persona gracias a los cinturonazos, gritos y castigos de su padre. Le contesté que estaba equivocado, que si era una buena persona se debía a los valores que sus padres le transmitieron pero no a la violencia con la que su papá lo había tratado. Ésta solo le provocó dolor y lo llevó a confundir el valor con el golpe. Los valores nos hacen ser buenas personas pero los golpes solo generan temor, resentimiento y frustración.

b.Permisividad. La otra distorsión de la autoridad tiene lugar cuando todo es "luz verde". Una de la frases preferidas del permisivo es: "Como a mí me castigaron mucho, yo no quiero que mis hijos vivan lo mismo", confundiendo así las sanciones agresivas que recibió con ejercer autoridad. En general, son padres que no tienen claro hacia dónde van, por eso les cuesta establecer autoridad. De esa manera, los chicos crecen con inseguridad sin saber qué está bien y qué está mal, lo cual muchas veces les causa ansiedad durante el proceso de crecimiento y una vida sin certezas.

¿Qué es ejercer autoridad?

No es dar órdenes sino tomar decisiones. Quien ejerce autoridad indica la dirección o el camino a seguir y establece límites, algo que resulta tranquilizador.

¿Cuál es el objetivo de la autoridad sobre los hijos?

Como dijimos, ambos padres ejercen autoridad sobre los hijos y su finalidad es empoderarlos. Esto significa cimentar en ellos, paulatinamente, la autoridad, es decir, brindarles la capacidad de decidir y ser partícipes de la responsabilidad de sus decisiones. Este empoderamiento se realiza de manera progresiva. En la primera infancia, los padres decidimos sobre los hijos construyendo lentamente en ellos la capacidad de tomar decisiones y de hacerse cargo de esas decisiones. A medida que van creciendo, vamos delegando más autoridad y construyendo así el valor de la autonomía y de la responsabilidad para que el día de mañana ellos puedan empoderar a sus propios hijos.

Ideas prácticas

a. Los padres no tienen que hacer por sus hijos lo que ellos mismos pueden hacer

Cuando nuestros hijos tienen dificultades, los padres no debemos intervenir rápidamente sino dejar que ellos mismos resuelvan la situación. La estima no se forma solamente por decirles: "Vos valés" sino cuando, por propia experiencia, ellos pueden lograr resolver los conflictos acordes a su edad.

b. Los hijos deben ocupar su espacio

Los padres no tenemos que utilizar a nuestros hijos como "escudo defensor" frente al cónyuge. Tampoco hay que decirles: "Vos sos el hombre-la mujer de la casa", haciéndoles asumir así un rol que no les corresponde. Los hijos no deben ser los confesores de los padres. Un padre jamás debería contarle a su hijo los malestares que tiene con el cónyuge o en el trabajo. La tarea de los padres es cuidar a los hijos para que puedan jugar, estudiar e ir construyendo responsabilidad con el transcurso del tiempo.

c. Los padres tienen que ayudar a los hijos a posponer por algo mejor

Cuando alguien suspende un placer momentáneo por un placer mayor, el día de mañana aprende a tolerar la frustración y a ceder algo bueno de hoy por algo mejor en el futuro. Esto les permite a los hijos también ir aceptando cuando les dicen que "no".

d. Los padres tienen que transmitirles a los hijos cómo resolver problemas

Nuestros hijos pueden ser testigos de dificultades y discusiones entre los padres pero hay que saldar todo eso mostrándoles que todo problema tiene una solución y ésta siempre está basada en el respeto, la escucha mutua y la búsqueda de un acuerdo conjunto. Como es bien sabido, los chicos tal vez no nos escuchen pero nos están filmando durante las 24 horas del día. Los padres somos "prisioneros" de los límites que les queremos enseñar. No sirve de nada decirles que no griten, si nos ven a nosotros gritando.

e. Los padres tienen que ponerles límites a los hijos

El límite no limita; el límite libera y da estima. Poner límites a los hijos es enseñarles a decirle sí a lo bueno y no a lo malo. Los límites, como lo hemos explicado en otro artículo, nos vuelven ilimitados. Tal como un artista, cuando toma el pincel y comienza a pintar, dentro de la tela se vuelve ilimitado gracias a que estableció un marco, un límite. La función del límite no es darles protocolo ni indicaciones para portarse bien, sino ayudarlos a guardar internamente estas dos palabras: sí y no. Así serán capaces de aplicarlas a lo largo de la vida, diciéndole sí a lo bueno y no a lo malo.

Los valores, como el amor, el respeto y la justicia que podemos transmitirles los padres a nuestros hijos son la plataforma para una vida saludable, tanto para ellos mismos como en su relación con los demás.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

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