Los grupos de WhatsApp: ¿búnkers del machismo?

Muchas cosas cambiaron puertas para afuera, pero los grupos suelen ser lugares donde la discriminación y la exposición siguen vigentes
Muchas cosas cambiaron puertas para afuera, pero los grupos suelen ser lugares donde la discriminación y la exposición siguen vigentes Crédito: Shutterstock
Paula Giménez
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21 de junio de 2018  • 14:44

Le di muchas vueltas a esta nota. No es de las fáciles, sobre todo porque soy mujer y estoy afuera todo el escenario que voy a plantear. O en realidad no tan afuera, porque lo que voy a escribir nos tiene a nosotras como sujetos y objetos de muchas charlas y burlas entre amigos.

Ya no está de moda reírse del género femenino o humillarlo con videos y fotos íntimas. Sin ir más lejos, ayer prohibieron el ingreso a los estadios del Mundial al argentino que grabó a una joven rusa mientras decía obscenidades. Tampoco consiguen risas descontroladas chistes sobre homosexualidad. Por lo menos no en público. Por lo menos no en los medios de comunicación. El rápido y preciso avance del feminismo hizo que estos niveles de humor ya no se manejen y que los chistes chabacanos ya no causen tanta gracia. Pero si bien la cultura evoluciona y con ella el humor, esos códigos del macho se aferran con uñas y dientes a nuestras costumbres y son los chats para el "fulbito", para el asado del domingo o el grupo de padres de Whatsapp, los lugares en donde corre, de manera grosera y sin filtros, todo lo que hoy la sociedad ya no soporta.

"Bien machos"

Investigadores de la Universidad de Alicante realizaron un estudio al que titularon "Machismo a golpe de Whatsapp. El móvil: mecanismo de violencia sexista en los estudiantes universitarios" y los números revelaron que el 16,2% de los alumnos encuestados había recibido alguna vez mensajes sexistas a través de esta plataforma y que el 4,5%, de quienes lo recibieron no hicieron nada por miedo a sus pares.

"Los varones somos profundamente machistas en grupo, en general, y en Whatsapp, en particular. Se comparte porno machista y se hacen chistes machistas, aunque bastante menos que hace dos años o tres años", sostiene el periodista Luciano Dolber y agrega: "Hay un cambio lento y muy costoso de conciencia para nosotros a partir de la mayor visibilidad de las demandas feministas. A este paso, quizás dentro de algún tiempo no muy lejano compartir porno en Whatsapp te deje en ridículo frente a los demás".

Pero el machismo es muy generoso con su repartija de burlas y ser hombre no es condición suficiente para quedarte afuera de los chistes, hay que ser "bien macho" para salir airoso del desprecio.

Axel Giménez estudiante de comunicación en Córdoba, muchas veces tuvo que irse o enfrentarse a situaciones incómodas en estos espacios por ser gay. "Son los grupos de la facultad y laborales en los que se manejaba mucho machismo y homofobia y de los que no te podés ir porque son vías informales por las que muchas veces te llega información más rápido que por un e-mail general", detalla.

"Tuve experiencias de ese tipo en dos grupos de Whatsapp donde nadie sabía que era gay y apartir de que expresé mi rechazo a ese discurso no volvió a suceder. Creo que además del prejuicio, la ignorancia y la falta de empatía muchos heterosexuales creen que los gays somos algo lejano y no que compartimos mismos espacios laborales, familiares y deportivos", relata.

Vía libre

Ante mensajes o contenido ofensivo, muchos eligen ignorar y pocos la confrontación
Ante mensajes o contenido ofensivo, muchos eligen ignorar y pocos la confrontación Crédito: Shutterstock

Muchas de estas situaciones suceden en grupos en donde no todos se conocen o tienen confianza como para hablar sin miedo a ser juzgados. "Es muy difícil quedarse en un grupo de varones sin compartir ese código. De hecho, es más que difícil: es arriesgarse a ser señalado por todos los demás", cuenta Dolber.

Ariel Sánchez, que es sociólogo, investigador en la UBA, profesor en la Universidad de La Plata y dirige y modera cursos sobre masculinidades, se refiere a estos códigos sociales como parte de la ´homosocialidad´ propia del hacerse varones. "Hace un tiempo realicé para un trabajo entrevistas a varones cis sobre los modos en que narran distintas formas de masculinidad y cómo la fueron viviendo durante su infancia y adolescencia, y era bastante coincidente la respuesta sobre el grupo de amigos como núcleo constitutivo. La mayor parte de los estudios sobre varones cis y masculinidad hablan de ese grupo de pares como forma de aprender a ´ser varones´", sostiene Sánchez.

El prefijo "cis" se refiere "cisgénero", y son todas aquellas personas cuya identidad de género coincide con el sexo que les fue asignado al nacer. Por ejemplo, si sos varón y tu sexo también y jamás dudaste sobre tu género, sos varón cis.

Si bien estos lugares funcionan como pequeños rincones en donde los hombres pueden compartir fotos íntimas y hacer chistes que afuera son señalados y repudiados, muchos de los varones que integran estos grupos hoy realizan o realizaron ya algún tipo de camino de deconstrucción respecto al machismo y varios se encuentran en la situación de tener que ponerle un freno a su par, aunque eso les genere también mucha incomodidad. Por eso estos oásis ya no son lo que eran y hasta en estos secretos lugares quien se pasa de la raya queda mal parado. "Hace cinco años o seis años, se hacían chistes sobre el rol de la mujer que hoy apenas provocarían silencios y muecas incómodas. Hace poco, en un grupo, uno de los pibes mandó una foto de la chica con la que había estado la noche anterior. Era temprano. En la foto, se la veía de espaldas, en remera y en bombacha. La imagen estaba apenas movida, era claramente robada. Él la había mandado como un ´caso de éxito´, para ser festejado. Nadie le respondió nada. En privado, alguno de nosotros comentábamos el disparate. Hace un tiempo, sólo hubiera recibido pedidos de más fotos", detalla el periodista.

Adoctrinadores ante todo

¿Pero por qué tantas presiones? Según el decálogo del macho, el homosexual es un hombre no siendo lo suficientemente hombre, y no hay vergüenza más grande para el machista que un varón que cruza la barrera, porque si ser mujer es ser débil y de menor categoría, ser un varón y no elegir los privilegios que esta sociedad te da por el simple hecho de serlo, es un papelón y los pone en riesgo a todos. Entonces, si llevás una camisa rosa, si comés yogurt con cereales, si no te gusta el fútbol, si te copa cuidarte con las comidas, si estás triste por cuestiones amorosas y sólo querés llorar, si te gustan las caricias, si te gusta Ricky Martin, si adorás bailar descontrolado, si tenés un póster de Madonna, seguramente no hay amigo que en algún momento, en grupo, no te haya dicho que "pateás para el otro lado". Son, generalmente y muchas veces sin quererlo, los grupos de varones los mejores adoctrinadores y funcionales al sistema machista.

"Hay otro elemento que aparece cada vez con más frecuencia cuando coordino grupos de reflexión sobre masculinidad y violencia. Hace bastantes años, en mi tesina de grado, trabajé sobre revistas destinadas a varones y allí analicé la presencia de algo que llamé ´dispositivo cínico´. Comenzaba a aparecer en esas revistas las típicas notas con ´tips´ para aprender determinadas técnicas, seducir, ´llevarla a la cama´, ´que te entregue el 7´ (textual). El modo de enunciarlas se presentaba como un discurso, algo que había hacerle creer a la sociedad, ´sabemos que sos un macho insensible pero a ellas les gusta tal o cual cosa, por lo tanto te damos técnicas para hacerles creer algo que no sos´", explica el investigador y remarca así que, si bien el mundo cambió y ya no se les iba a permitir vivir igual que antes, el mismo mundo les está diciendo que con parecer alcanza, que en el fondo pueden seguir siendo lo que, se supone, son.

"Noto con mayor frecuencia cuando trabajo con varones cis en mi grupo de reflexión sobre masculinidad y violencias, esa cuestión de que se sienten ahogados por este mundo y por ´el feminismo´ que ya no los deja hacer nada, pero con el grupo de amigos pueden soltarse un poco y volver a ´ser lo que eran´", agrega Sánchez y nos permite cuestionarnos si estos espacios funcionan para "soltarse" o simplemente para repetir patrones machistas que sólo sirven para oprimirse a ellos mismos aunque ellos mismos no se den cuenta.

Seguramente enoje a muchos esta nota, porque son esos rincones lugares en donde los hombres sienten que pueden ser esos hombres sin ser señalados. Y cómo el feminismo se va a meter ahí, ¿no nos alcanza acaso con cambiar la superficie del sistema? Leí muchas veces a varones preguntarle a feministas qué podían hacer ellos desde su lugar para que este mundo sea más igualitario y estoy segura de que desnaturalizar esos chistes sexistas dentro de un grupo de amigos o ponerle un freno a un colega que se desubique con alguna chica, es la mejor manera de darnos una mano.

Porque el feminismo no se trata de superficialidades y no busca que el mundo parezca más justo, que los cambios sucedan afuera y que en el fondo continúen pasando estas pequeñas cosas (no tan pequeñas, recordemos que, por ejemplo, durante el 2016 Tiziana Cantone se suicidó después de meses de bullying, chistes y hasta memes de ella porque un video suyo se viralizó en las redes), el feminismo interpela y cambia la manera de ver a la sociedad en su conjunto. Afuera y adentro, en las reuniones de trabajo y en los grupos chat, con tus amigas y con tus amigos. Cambiar es evolucionar y hacía allá vamos. Podés quedarte enviando imágenes que cada vez miran menos personas o moverte con el curso de la historia y avanzar porque el futuro, aunque algunos se resistan, es feminista.

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