Un musical que sostiene que la paz mundial es posible

Música y talento sin golpes bajos, en una de las escenas de Come From Away
Música y talento sin golpes bajos, en una de las escenas de Come From Away Crédito: Matthew Murphy
Come From Away cuenta la historia de Gander, el pueblo más solidario
Pablo Gorlero
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22 de junio de 2018  

NUEVA YORK.- El 18 de febrero del año pasado se estrenó en el teatro Gerald Schoenfeld, de Broadway, un pequeño musical que logró un inmediato de boca en boca que lo hace mantenerse vivo y a sala llena en cada función hasta ahora. Es la "perlita" de Broadway: Come From Away, de origen canadiense -con libro, letras y música de Irene Sankoff y David Hein-, y dirigido por el gran Christopher Ashley ( Chaplin, Summer, el musical de Donna Summer, Junk, Side-Show), director artístico de la prestigiosa La Jolla Playhouse. Se trata de un musical testimonial-pacifista, absolutamente fuera de lo común, inspirado en hechos ocurridos en septiembre de 2011, en la comunidad de Gander, en la isla de Terranova (Canadá).

Volvamos el tiempo atrás en unas líneas. El 11 de septiembre de 2001, a las 8.46 de Manhattan, el vuelo 11 de American impactaba contra la Torre Norte del World Trade Center. Diecisiete minutos después, el vuelo 175 de United embistió la Torre Sur. En directo, todo el mundo podía ver en sus televisores la densa humareda que surgía de las Torres Gemelas que quedarían reducidas en escombros en menos de dos horas. A las 9.26, los Estados Unidos tomaron la determinación de cerrar su espacio aéreo, obligando a 4000 aviones a desviarse y aterrizar en los aeropuertos más cercanos. Todos los vuelos provenientes de Europa fueron desviados a Canadá. Gander es un pueblito del noreste canadiense que solía recibir un promedio de siete aviones diarios. A las 12 del 11 de septiembre, 18 aviones aterrizaron en su aeropuerto. En un lapso de cuatro horas, esa tranquila localidad recibió 38 aviones en su aeropuerto con 6800 refugiados de distintas nacionalidades -además de 19 animales (incluidos dos chimpancés)-; debieron permanecer allí durante dos días antes de poder seguir su viaje o regresar adonde habían venido. Todas esas personas varadas en un pueblo que solo contaba con unas 500 camas para alojarlos y cuya población ni siquiera duplicaba el número de los visitantes: 9 mil habitantes. La generosidad y hospitalidad de esas personas fueron ejemplo en todo el mundo. Esos pobladores abrieron las puertas de sus casas y ofrecieron hasta lo que no tenían a miles de pasajeros de esos vuelos.

Los autores recopilaron historias de pasajeros y pobladores para crear esta obra compuesta por momentos, postales, sucesos y situaciones. Cada actor encarna a varios personajes, en un bello montaje minimalista, salvajemente teatral y al son de una potente e incesante banda de música folk-celta. El bramido del bodhrán y la cadencia del tin whistle le otorgan a esta partitura una distinción muy alejada de lo que se suele componer para el teatro neoyorquino.

Se estrenó en 2012, en un workshop realizado en un colegio de Ontario, para luego batir records al año siguiente, en La Jolla Playhouse (San Diego); en Seattle, en 2015, y en 2016, en el Royal Alexandra Theatre, de Toronto. Con su arribo a Broadway, obtuvo siete nominaciones a los Premios Tony, de las cuales ganó en Mejor dirección en musical.

¿Si Come From Away es políticamente correcta? Sí. Pero en un circuito donde la frivolidad siempre va a la vanguardia, es destacable que haya una propuesta poco pretenciosa cuyo concepto sea demostrar que la paz mundial podría ser posible con solidaridad, tolerancia y cooperación. A Gander llegaron personas de más de 90 nacionalidades, credos y orientación sexual, y todos debieron convivir frente a un contexto externo de incertidumbre y caos. La obra muestra cómo un pasajero musulmán no solo tuvo que soportar el prejuicio y la segregación de los demás, sino que el resto tuvo que aprender a aceptar. En ese ámbito de desasosiego se gestaron amores, separaciones, reafirmaciones. El musical tiene momentos dramáticos que ni siquiera rozan el melodrama ni se ven en la necesidad de caer en golpes bajos. La escena en la que dos madres de bomberos -Beulah, de Gander, y Hannah, de Nueva York- cantan sobre sus hijos destella pureza, lo mismo que el instante en el que Hannah se entera de que su hijo muere intentando salvar gente en las Torres, o la balada "Me and the Sky", interpretada por la brillante Jenn Colella como la piloto de uno de los aviones. Sin parafernalia técnica ni vestuarios sofisticados, con una sola escenografía y una sincronía escénica constante, Come From Away se instaló en la Gran Manzana no solo para llenar un teatro, sino para dejar huella.

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