La triste consecuencia de jugar sin funcionamiento

Diego Latorre
Diego Latorre LA NACION
Fuente: LA NACION - Crédito: Aníbal Greco/Enviado Especial
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21 de junio de 2018  • 19:06

¿Qué es el funcionamiento? ¿Para qué sirve el funcionamiento en un equipo de fútbol? Muchas veces puede resultar difícil explicarlo pero es más fácil hacerlo cuando se asiste a un caso tan evidente y práctico como el de esta caída estrepitosa de la selección.

El funcionamiento es tener convicciones y un compromiso con la idea, es tener una tabla a la cual aferrarse a la hora de los contratiempos, contar con elementos que te impidan caer en la nebulosa de la depresión. La Argentina había hecho un aceptable primer tiempo más allá de las deficiencias y dentro de un trámite equilibrado, pero el error de Willy Caballero la derrumbó y no tuvo respuestas, futbolísticas ni en ningún otro sentido, para revertir la situación.

El equipo nos defraudó a todos. La confusión que envolvió a Jorge Sampaoli -ejemplificada en la titularidad de Enzo Pérez en el segundo partido del Mundial, cuando lo había dejado afuera de la lista de 23- se trasladó a la cancha, con jugadores puestos a realizar funciones y rutinas que ni conocen ni están acostumbrados a efectuar. La Argentina encaró el torneo sin esa red de contención que provee el convencimiento de apostar a una idea, a una manera de jugar, y los traspiés se encargaron de exponer toda su debilidad.

Claro que para poder ponerlo en práctica, cualquier funcionamiento depende de la actitud, de la mente, de no mirar para abajo, y el primero que lo hizo fue Lionel Messi. Desde aquella imagen inicial, la de la mano tapándole la cara y la cabeza gacha mientras sonaba el himno argentino (que acabó siendo un presagio del final), su actuación fue decepcionante. Podría decirse que los croatas lo anularon pero solo sería una verdad a medias, porque en buena medida se anuló solo, sin la mínima dosis de rebeldía para salir del encierro anímico en el que parecía encontrarse.

Es cierto, hubo una acción puntual que determinó el resultado y el descarrilamiento general. Caballero ya había titubeado un par de veces en ese tipo de jugadas, pero se animó a arriesgar otra vez y le salió muy mal. Las decisiones dependen de los jugadores. El libreto, las ideas que se tengan programadas no son inamovibles. Y es en ese contexto donde hay que entender lo que pasó con el arquero del Chelsea.

La derrota y cómo se produjo nos acerca al momento de hacer una revisión profunda de nuestro fútbol. Y antes que nada, de situarnos donde realmente estamos. En este lugar en el que no tenemos armonía, no creemos en nada y nos topamos una y otra vez con realidades que nos dejan mal parados. Alguna vez habrá que empezar. Sería bueno que fuese a la vuelta de Rusia.

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