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Destinos de horror

PALABRA, OJOS, MEMORIA Por Edwidge Danticat (Ediciones del Bronce)-225 páginas-($ 19,90) COSECHA DE HUESOS Por Edwidge Danticat (Norma)-308 páginas-($ 21)
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11 de agosto de 1999  

EDWIDGE DANTICAT nació en Haití en 1969. Vivió allí con su tía hasta que, a los doce años, fue a reunirse con sus padres en los Estados Unidos, donde se graduó en Literatura francesa. Actualmente reside en Nueva York. A los veinticinco y veintiocho años de edad, respectivamente, publicó las dos novelas que motivan esta reseña, y, entre una y otra, Krik? Krak! , libro de cuentos que fue nominado para el National Book Award. En su breve carrera literaria, ha obtenido una cantidad de premios y becas digna de asombro.

Al igual que la autora, la protagonista y narradora de Palabra, ojos, memoria es criada por su tía en Haití hasta los doce años, cuando emigra a Nueva York. Pero la protagonista, en esa ciudad, encuentra únicamente a su madre, ya que la niña es hija de una violación (perpetrada, además, por un encapuchado). Su madre ha emigrado no sólo en busca de un mejor futuro económico para los suyos sino también para tratar de escapar, sin conseguirlo, de las pesadillas que la persiguen desde aquel hecho.

El eje de la historia son las mujeres de cuatro generaciones: la abuela, la tía y la madre, la protagonista y, sobre el final, la niña recién nacida de la última de ellas. Cada una con sus propios dolores, con su mutuo amor y sus dificultades de relación, especialmente entre la protagonista y su madre, que tienen que empezar a conocerse cuando la primera tiene ya doce años de edad. Entre las idas y vueltas de esa relación, un retorno a Haití reúne fugazmente a las cuatro generaciones.

Cosecha de huesos , que en los Estados Unidos vendió más de seiscientos mil ejemplares, tiene como trasfondo histórico la persecución y matanza de haitianos desatada por el dictador dominicano Leónidas Trujillo en 1937. No se trata, sin embargo, de una reconstrucción abarcadora de esos hechos, sino de las vivencias de unos pocos personajes -y, especialmente, de la protagonista y narradora-, con aquella situación como telón de fondo.

No sólo en el presente sino también en el pasado de los personajes hay muertes, orfandades y culpas. Y pesadillas que las recuerdan diariamente, en la vigilia y en el sueño. Cuando, llegando a la mitad de la novela, el relato se desliza brevemente hacia un panorama más abarcador, el horror de lo contado excede un poco a su articulación literaria. En todo el resto del relato, en cambio, centrado en las vivencias de la protagonista y en los personajes directamente ligados a ella, Danticat vuelve a hacer gala de una peculiar capacidad y amplitud de registro para calar hondo en la experiencia íntima del dolor y del horror, y en su presencia en la cotidianidad. Y también para expresar todo eso sin caer en melodramas, incluso con picos de extraordinaria belleza en los momentos más terribles, como el recuerdo de un niño que arrastra a su padre degollado por una chapa en medio de las ráfagas de un huracán.

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