Activismo XL: el movimiento que quiere terminar con la vergüenza del peso

Con consignas mundiales como fat acceptance, cada vez más personas con sobrepeso se agrupan para hacer de la aceptación corporal una causa común
Con consignas mundiales como fat acceptance, cada vez más personas con sobrepeso se agrupan para hacer de la aceptación corporal una causa común Fuente: LA NACION
Tamara Tenembaum
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23 de junio de 2018  

Subirse a un colectivo, no entrar en el asiento y que la persona de al lado la mire mal. Ir a comer a un restaurante y que su acompañante ocasional le diga cosas como "te vas a morir de un paro cardíaco". Escuchar desde la platea de un show de stand-up uno, dos, y hasta tres chistes seguidos con la palabra "gordo" usada de modo despectivo. Esas son solo algunas de las cosas que llevaron a Samanta Alonso, modelo plus size y actual directora de la agencia de modelos Plus Dolls, a convertirse en activista. "Activista gorda", aclara.

Como ella, son muchas las personas con sobrepeso que, después de décadas de burlas, exclusiones y violencia, se organizan en todas partes del planeta para pensar las formas en que se las oprime, la especificidad de su situación social y estrategias de resistencia. Con consignas como fat acceptance, body positivity, orgullo gordo o militancia gorda (como se dice aquí, en la Argentina) diversas agrupaciones se reúnen en torno de esta causa común y hacen oír sus voces en la esfera pública.

La historia del movimiento empieza en los Estados Unidos poco antes de la década de 1970. En 1967, un escritor llamado Lew Louderback publicó en el Saturday Evening Post un artículo provocativamente titulado "More People Should be Fat" ("Más gente debería ser gorda"): de acuerdo con la mayoría de las historias, esta es la primera vez que se habla de las personas con sobrepeso como sujetos vulnerables en un medio masivo de comunicación.

A partir de esta publicación, Louderback conoció al activista Will Fabrey y juntos fundaron Naafa (Asociación Nacional para la Promoción de Aceptación de la Gordura), la primera organización dedicada a este colectivo. Sin embargo, los activistas argentinos y muchos alrededor del mundo citan como referencia primera al grupo Fat Underground, nacido en 1972 como un capítulo radical de Naafa y luego devenido independiente. Las integrantes de Fat Underground, feministas y cercanas a la militancia queer, se inspiraron en los grupos de concienciación que organizaban las feministas radicales de la época: la idea de esta metodología era compartir historias de vida en espacios seguros, con el fin de tomar conciencia de que muchas situaciones que se perciben como individuales y personales son parte de un entramado mayor. De hecho, hoy en día este modo en que se entraman lo personal y lo político es uno de los tantos puntos de contacto entre las militancias por la diversidad sexual y el activismo gordo.

Curiosamente (o no), esta genealogía interseccional se repite casi medio siglo más tarde en el nacimiento del activismo gordo en la Argentina. Así lo cuentan Laura Contrera (41, filósofa y abogada) y Nicolás Cuello (29, investigador de Conicet), los dos grandes pioneros del movimiento local: ambos participaban de la militancia feminista y queer, y sentían que incluso en esos espacios la discusión estaba ausente o mal enfocada. "Yo venía ya de años de activismo feminista y disidencias queer y aun así me daba cuenta de que la lectura de los feminismos sobre la gordura me resultaba insuficiente para narrar esa experiencia de mi cuerpo en términos que impliquen no solo mi padecimiento individual, sino una colectivización de lo que nos pasa a las personas gordas", explica Laura. "Si el feminismo había podido dar cuenta de experiencias individuales que tienen que leerse como colectivas me parecía un horror que 'gorda' funcionara como un insulto entre feministas, entre anarquistas, entre socialistas, entre personas comprometidas políticamente. Y me parecía también problemático que la solución a eso fuera el empoderamiento individual, 'animate', 'animate a lucir tu cuerpo': no se podía ver ahí una problemática colectiva".

Laura y Nicolás se conocieron en el mundo de los fanzines y los blogs y empezaron a conversar sobre estos problemas. En el año 2011, el fanzine "Gorda!" que escribía Laura se hizo conocido en la militancia gorda española (que estaba en un estadio más avanzado que el latinoamericano en ese momento): a partir de esos lazos también fue creciendo la escena local, con espacios como el taller de lectura "Hacer la vista gorda", que hoy devino en uno de los grupos de acción e intervención más importantes del activismo gordo argentino. En 2016, Laura y Nicolás compilaron el libro Cuerpos sin patrones: resistencias desde las geografías desmesuradas de la carne, que empieza a registrar esta historia breve pero poderosa.

En la actualidad, el concepto de fat acceptance es muy conocido en países como Estados Unidos y España: el apoyo de celebrities como las actrices Amy Schumer y Lena Dunham, el crecimiento del mercado de ropa de talla grande, las redes sociales (hace unos días, sin ir más lejos, se viralizó el hashtag #PorCulpaDeLaGordofobia, en el que miles de usuarios contaron historias de discriminación y violencia) y la alianza con las militancias feministas que pisan cada vez más fuerte contribuyeron a que estos temas ganaran en visibilidad. Sin desconocer el valor de esta presencia, los activistas locales remarcan la particularidad latinoamericana y los límites del discurso mainstream: "Hay una pata del activismo que es más liberal, vinculada al fatfashionismo, los primeros blogs que yo leí de activistas gordas iban por ahí: esto quiere decir que tenían una perspectiva body positive, de aceptación corporal, en la que ellas enfrentaban la discriminación a los cuerpos gordos a partir de una estética ultrafashion", explica Lux Moreno (31), filósofa y activista gorda. "El activismo gordo en la Argentina es diverso: yo, como muchos otros activistas acá, me paro en una perspectiva más crítica, que toma en cuenta las dimensiones de género y clase, las particularidades locales: pensar no solamente cómo incluirnos a los gordos en el sistema sino en la crítica del sistema", piensa Lux, a punto de lanzar su primer libro, Gorda vanidosa, por editorial Paidós.

Aunque el activismo argentino ya tiene varios años, su llegada al público general es todavía limitada: ¿son muy fuertes las resistencias de los argentinos? ¿Vivimos en un país, como dice la militancia, "gordofóbico"? "La Argentina es un país gordofóbico y sobre todo es un país que organiza su gordofobia de manera diferencial en términos de género", dice Nicolás Cuello. "Es un país muy exigente en cuanto a los ideales de belleza construidos en torno a la femineidad y es un país cuya cultura patriarcal y machista perdona los desarreglos de la corporalidad masculina en tanto sean acompañados por otras formas de violencia que afirmen esa masculinidad hegemónica". La intersección entre la opresión a las sexualidades diversas y a los cuerpos diversos aparece en los relatos de muchos activistas, como el de Beltrán Horisberger (26, militante deportivo por la diversidad sexual, modelo plus size, excapitán del equipo de rugby Ciervos Pampas): "Vengo de una familia de gente robusta y ya desde muy chico empecé a descubrir esta diferencia que señalaban los demás sobre mi cuerpo. En este despertar como gordo también hubo un despertar queer, quizá porque el insulto que más escuché en toda mi infancia y adolescencia fue 'gordo puto'", dice Beltrán.

Syes, en pleno Palermo, es un local con onda dedicado solo a los talles grandes
Syes, en pleno Palermo, es un local con onda dedicado solo a los talles grandes Fuente: LA NACION - Crédito: Diego Spivacow

"No solo la Argentina, el mundo es gordofóbico", dice Samanta Alonso. "La sociedad está pensada para una construcción del gordo como una persona que es vaga, que está enferma, que no es sexualmente activa y que es depresiva".

Como modelo y directora de una agencia de modelos plus size ("que también es una forma de activismo", explica), Samanta estuvo muy involucrada en la defensa de la llamada ley de talles y su cumplimiento efectivo. Es sabido que no es fácil encontrar ropa de talla grande en la Argentina, y especialmente ropa joven y de tendencia: en ese sentido los showrooms o diseñadores pequeños y medianos que venden sus productos por internet (como Malitas Perras, lencería de talla grande, o Klihor, de vestidos de diseño, por nombrar solo dos ejemplos) ofrecen más opciones que las marcas grandes. En un coqueto local en la calle Honduras también se puede encontrar a Syes, una marca de talles grandes que se destaca por sus diseños modernos y elegantes. "Mi familia trabaja en la industria textil hace más de quince años, pero hace siete nace Syes junto a mi hermano. Nos dimos cuenta de que era un nicho que nadie estaba abasteciendo y con mucho potencial. Palermo fue una manera de posicionarnos en el mercado más que nada porque en ese barrio no hay ningún local que venda un talle más grande que el L", explica María José Lee, cofundadora y diseñadora. Lee cree que, más allá de la necesidad de que se cumpla la ley de talles, vale la pena prestar atención a la movida plus size: "La moldería para un talle XS y uno XXXXL no es la misma, es por eso que si bien una marca podría producir todos los talles, habría modelos que no calzarían de la mejor manera. Nosotros pensamos mucho en que la ropa sea confortable y favorable ya que son otras curvas y formas de cuerpo".

Prejuicios en el consultorio

Entre las críticas que reciben los activistas gordos, se escucha seguido la idea de que lo que ellos hacen es "apología de la enfermedad". A pesar de las muchas críticas que hacen al sistema de salud y la industria de la dieta, los activistas gordos no rechazan la salud en conjunto. "El activismo gordo no es un activismo que opera en torno al descreimiento de que la gordura trae consecuencias", dice Nicolás Cuello. "La relación que tenemos con la salud no es conflictiva. Los activistas de la diversidad corporal abogamos y luchamos por un acceso digno sin violencia, sin opresión, a la salud. Cuando yo llego a una guardia con un ataque de pánico y me dan un Alplax y me dicen que tengo que consultar un nutricionista porque en realidad lo que me está pasando es que la ansiedad o la depresión se me disparan porque soy una persona gorda están obliterando que quizá tengo otros problemas que tienen que ver con violencia, una crisis familiar, lo que sea".

También es falso el prejuicio de que las personas gordas no se mueven o no pueden moverse. Beltrán, jugador de rugby, tiene muy clara la importancia de su presencia en ámbitos como la danza y el deporte, no solo para su salud y bienestar, sino fundamentalmente como acto político y disrupción: "Como bailarín y performer, como jugador de rugby, en todo momento trato de teorizar o elevar alguna bandera sobre el activismo gordo. Si lo personal es político y el cuerpo es personal, ponerle el cuerpo a la militancia y hacerse presente y visible es un acto político: modelar, bailar, hacer deportes y todo lo que se le dice al gordo que no puede hacer".

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