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La antigua profesión del mozo de cordel

Daniel Balmaceda
Daniel Balmaceda PARA LA NACION
Un grupo de mozos de cordel en la calle San Martín, en pleno centro, aguardando ser contratados.
Un grupo de mozos de cordel en la calle San Martín, en pleno centro, aguardando ser contratados. Fuente: Archivo
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26 de junio de 2018  • 02:08

Hace muchos años, en distintos sectores de las terminales ferroviarias de Buenos Aires existían carteles con la leyenda "Mozo de cordel". Mozos, tradicionalmente, eran los de las confiterías y bares. ¿Y "cordel"? ¿Soga? ¿Qué profesión era?

En España se conocía con este nombre al que "en varios pueblos se pone en los parajes más públicos con un cordel al hombro a fin de que cualquier pueda servirse de él para llevar cosas de carga o para hacer algún otro mandado". Así lo definía el "Diccionario de lengua castellana por la Academia Española" en 1825.

Los españoles trajeron este trabajo al Río de la Plata. Félix Lima, que con gran maestría describió la vida cotidiana de Buenos Aires en las dos primeras décadas del siglo pasado, señaló que, por entonces, aún había gallegos y asturianos, principalmente, que andaban con su soga a cuestas en distintas esquinas ofreciendo servicios de acarreos, traslados . y lo que fuera necesario.

Venezuela y Bolívar, México y Bolívar, Maipú y Rivadavia, y San Martín y Cangallo (actual Perón) eran algunos de los lugares donde se congregaban estos peones. Sin embargo, la esquina más destacada, por la gran cantidad de hombres que voceaban su fortaleza y eficacia, era Alsina y Defensa: el atrio del templo de San Francisco supo reunir unos diez mozos, aunque para 1915 solamente se juntaban cuatro.

¿Por qué había disminuido tanto? Las mensajerías privadas, los nuevos carros, las mejoras en el correo, los comercios que contaban con reparto a domicilio. Esto enfatizó la segunda parte de la definición del léxico hispano: "hacer algún otro mandado".

Hace un siglo solo quedaban mozos de cordel en los mercados y las grandes estaciones del ferrocarril. En estos lugares, a diferencia de las tradicionales esquinas, eran hombres de distintas nacionalidades.

Entre los conocidos, nos enteramos gracias al historiador Enrique Rivera que José Hernández, autor del Martín Fierro, fue mozo de cordel a su llegada a la ciudad de Paraná, antes de volver a ejercer el periodismo. Fuera de nuestra tierra podemos mencionar al escritor y político ruso Máximo Gorki, quien también se dedicó a esta tarea en 1884.

La enorme mayoría no fueron famosos. Seres anónimos, se ganaban la vida en las esquinas céntricas portando con habilidad una gruesa soga al hombro, que los identificaba y les dio nombre.

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