Muy dividida, la UE no le encuentra la vuelta a la crisis migratoria

Los países no pudieron suavizar sus diferencias antes de la próxima reunión, a fines de esta semana; Macron pidió rescatar los "valores" del Viejo Continente Fuente: EFE Crédito: A. Carrasco Ragel
25 de junio de 2018  

PARÍS.- Más divididos que nunca sobre la cuestión de la inmigración , ilustrada por la repetida negativa de Italia de recibir barcos humanitarios en sus puertos, los dirigentes de 16 países europeos fracasaron ayer en Bruselas en su intento de suavizar sus diferencias antes de la próxima cumbre europea, el 28 y el 29 del mes actual.

La cumbre de esta semana "no aportará una solución global al problema migratorio y es la razón por la cual es necesario establecer acuerdos bilaterales y trilaterales en beneficio de todos", reconoció la canciller alemana Angela Merkel al término de la reunión.

De acuerdo con la necesidad de reforzar las fronteras exteriores de la Unión Europea (UE), los miembros del bloque siguen enfrentándose sobre las responsabilidades de cada uno en la forma de acoger tanto a esos miles de migrantes que intentan llegar al continente europeo como a quienes ya están.

"La situación es peligrosa porque si se cierran las fronteras nacionales será la desaparición de facto del espacio Schengen y, por ende, de la UE", advierte una fuente diplomática francesa. Schengen es el acuerdo vigente desde 1999 que permite la libre circulación de personas y mercancías por 22 países de la UE y cuatro asociados.

Líderes del bloque moderado, Emmanuel Macron y Merkel lanzaron ayer un llamado a superar la ausencia de consenso. Blanco de la cólera de Roma después de haber propuesto la creación de "centros cerrados" de migrantes en los países de llegada, el presidente francés volvió a reclamar medidas que respeten "los valores de Europa" como los derechos humanos, el respeto y la solidaridad entre Estados miembros.

Para la Comisión Europea (CE), el objetivo de esta minicumbre era evitar una multiplicación de decisiones unilaterales, como las adoptadas por el nuevo gobierno italiano, que cerró sus puertos al Aquarius la semana pasada y ahora al Lifeline, que, con 239 migrantes a bordo, espera una solución en aguas internacionales.

"Lo invitamos cordialmente a convencerse de que son seres humanos a quienes salvamos de ahogarse", lanzó ayer la ONG alemana Mission Lifetine al ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, después de que este refirió a la carga del navío como "carne humana".

Pero varios actores principales de la crisis no estuvieron presentes ayer en Bruselas. Se trata de los cuatro dirigentes que forman el llamado Grupo de Visegrado (Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia), que rechazan toda idea de solidaridad en ese terreno. El líder de ese grupo y de la intransigencia es el húngaro Viktor Orban. Desde hace meses acusa a la CE de ser "proinmigración" y "promigrantes", sobre todo después de la propuesta presupuestaria multianual (2021-2027), cuyo tratamiento comienza en este momento.

Ese plan reorienta parte de los fondos tradicionalmente destinados a nivelar económicamente a los países del este con los más desarrollados hacia una mayor protección de las fronteras del sur del bloque. Hungría perderá unos 15.000 millones de euros, mientras que Italia saldrá ganando, lo que en parte explica la actitud del populista húngaro.

Pero acusar a la CE de ser complaciente con la inmigración es falso, porque, por el contrario, se trata de reforzar la agencia europea Frontex con unos 10.000 guardias de fronteras de aquí a 2027.

Hoy, tanto para el premier húngaro como para el resto del grupo de Visegrado, no solo hay que impedir toda entrada al espacio europeo, sino que "la cuestión es saber qué deberíamos hacer con todos aquellos que ya entraron".

Para resolver ese problema el ministro del Interior alemán amenaza con instaurar un rechazo unilateral de los migrantes en las fronteras nacionales, contra la opinión de Merkel, que propone acuerdos bilaterales. Orban, por su parte, pretende "expulsarlos hacia el punto de origen". Roma tendría, en cambio, la intención de "modificar" el principio establecido por el reglamento de Dublín, que confía a los países de primera entrada en la UE la responsabilidad de las solicitudes de asilo, y exigiría sanciones financieras contra aquellos miembros de la UE que se nieguen a recibir a los refugiados.

En las actuales condiciones, es difícil imaginar cómo hará la UE para hallar respuestas consensuales antes de la cumbre del próximo fin de semana.