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Good bye Lenin II; el fútbol-capitalismo manda en Rusia 2018

Fuente: LA NACION - Crédito: Anibal Greco
Sebastián Fest
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24 de junio de 2018  • 23:59

MOSCÚ - Hay que verlo a Vladimir Ilich Ulianov, Lenin, sometido por dos poderes que no estaban aliados cuando él lideraba la revolución bolchevique que lo convirtió en el primer líder de la Unión Soviética. Ni Kerenski, ni Primera Guerra Mundial, ni abdicación de zar, ni soviet de Petrogrado ni nada de nada: Lenin, muerto en 1924, lidia hoy, cara a cara, con Coca Cola, con Kia Motors y con Qatar Airways. Tolera estoico la incesante música de discoteca ibicenca con que lo sacude Budweiser a diez metros de sus oídos. Todo culpa de la alianza del fútbol con el capitalismo, de esa FIFA que es una máquina de hacer dinero, un extrapoder que a veces tuerce incluso el brazo de los Estados.

Hay mucho simbolismo en la enorme estatua de Lenin frente al estadio Luzhniki de Moscú, sede del partido inaugural del Mundial y de la final del 15 de julio. Es un "Good bye Lenin" segunda parte. Si alguien se hubiera quedado en coma en el Moscú de los años '80 y se despertara hoy, no entendería nada de lo que ve.

El fútbol-capitalismo manda en Rusia 2018

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"El que piensa en volver a los tiempos de la Unión Soviética no tiene cabeza, pero el que la olvida no tiene corazón". La frase es una de las preferidas del presidente ruso, Vladimir Putin , y pinta bien el panorama sociológico en su país. En Moscú, la otrora capital soviética, quedan entre 80 y cien estatuas de Lenin. Décadas atrás había más de mil. Por eso es que la mayoría de los rusos no se asustan al ver la base del monumento a Lenin cubierto por la estructura del stand oficial de venta de merchandising mundialista.

"No me molesta, no. La estatua de Lenin forma parte de nuestra historia, pero esas marcas que vemos aquí son hoy también nuestra vida. Es una buena combinación", explicó a LA NACION Irina Chernenko, de 31 años y licenciada en periodismo. Que el asunto se ve de una u otra manera según el prisma generacional queda claro con Olga Gavrilova, que es clara a sus 72 años: "Me da mucha pena esta americanización, la ciudad se ha transformado demasiado".

Fuente: LA NACION - Crédito: Alice Nikiforova

La estatua de Lenin viene acostumbrada al trajín capitalista, que tras la caída del Muro de Berlín los moscovitas abrazaron con la intensidad que sólo logra la fe del converso. Años atrás U2 y los Rolling Stones tocaron en el estadio a sus espaldas, y en el stand de memorabilia mundialista se vende una remera con la leyenda "URSS" a 80 dólares. Una minucia si se toma en cuenta los 14.000 millones de dólares invertidos en Rusia 2018, el Mundial más caro de la historia.

Todo muy diferente a lo que sucedía en 1954, cuando un grupo de arquitectos decidió que las "Colinas de Lenin" (o "de los gorriones", como son conocidas también) eran el lugar ideal de la capital para construir un nuevo estadio. Al estilo soviético, la construcción demoró sólo 15 meses. ¿Cómo fue eso posible? Con 150.000 personas que trabajaron los siete días de la semana, sin francos y en tres turnos.

Leninen el estadio Luzhniki

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Sede de los Juegos Olímpicos de Moscú 1980, aquellos del boicot liderado por Estados Unidos, el Luzhniki fue renovado fuertemente para el Mundial. Pero a sus puertas sigue Lenin, aunque sea con nuevas y muy diferentes compañías.

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