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Mundial Rusia 2018. Uruguay ganó los tres partidos y deja una imagen en alza con la goleada a Rusia

Resumen del partido Uruguay - Rusia en el Mundial de Rusia 2018

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Claudio Mauri
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25 de junio de 2018  • 13:31

SAMARA.- Uruguay le rompió el encanto a Rusia , tan orgullosa que está de su eficiente organización del Mundial Rusia 2018 y de lo bien que le iba al seleccionado. Hasta que se encontró con Uruguay, que se agiganta en su aparente pequeñez: el territorio de su país no es más grande que una ínfima porción de Rusia (el más grande del mundo) y su población (3.500.000 habitantes) es más de 40 veces inferior a la de los anfitriones. Pero cuando se trata de fútbol, Uruguay toma otras dimensiones, mayúsculas si detrás de un grupo de futbolistas está la mano y la sapiencia del Maestro Oscar Tabárez , que va por su cuarto Mundial, una experiencia hasta aquí de 18 partidos, y próximo a dejar atrás a sus colegas Enzo Bearzot, Sepp Herberger y Guus Hiddink.

Se definía el primer puesto de la Zona A entre los dos clasificados, que llegaban con puntaje ideal. A Rusia le alcanzaba el empate para ser primero por mejor diferencia, pero después de vencer a Arabia Saudita y Egipto se encontró con otra realidad. Uruguay, con un 3 a 0, le hizo ver eso que se suponía antes del comienzo del torneo: Rusia, más allá de ser un equipo entusiasta y del fervor de sus hinchas, no debería llegar muy lejos. En defensa y en ataque se le notaron los defectos que hasta aquí estaban disimulados. Uruguay ya sacó pasaje para Sochi. A orillas del Mar Negro, en un clima cálido y húmedo, el sábado próximo enfrentará al segundo del Grupo B.

Uruguay resolvió el partido con mano firme, de la misma manera que llevó su campaña en la etapa clasificatoria. Los encuentros anteriores le exigieron una cuota mayor de paciencia e insistencia. A Rusia la empezó a quebrar muy pronto. Bentancur no era detectado por la defensa local cada vez que se soltaba en ataque. En uno de esos lances lo bajaron con infracción. Luis Suárez ejecutó el tiro libre bajo y al palo que debía defender el arquero Akinfeev, que no justificó sus antecedentes de ser uno de los mejores del equipo.

Era el tercer gol de Uruguay en el Mundial y todos con la pelota detenida. Y en el final sumaría uno más, el cuarto de un total de cinco, con la definición de Edinson Cavani tras el rechace del arquero a un córner cabeceado por Diego Godín , un recurrente conquistador del espacio aéreo. Los dos anteriores de estrategia fueron de Giménez (ausente por una molestia muscular, lo reemplazó Coates) a Egipto y de Suárez a Arabia Saudita tras sendos córners.

El Maestro le dio pista como volante central al joven Torreira y por la izquierda probó con Laxalt, gestor del segundo tanto al recibir el despeje de un córner (otra vez la pelota detenida) y sacar un remate que cambió la dirección tras desviarse en Cheryshev. Al goleador de Rusia (3 tantos) le tocaba vencer su propio arco. A la mala tarde local se sumó enseguida la expulsión del lateral Smolnikov.

En 36 minutos, Uruguay ganaba 2-0 y tenía un futbolista más. Jugaba con tranquilidad y aplomo, muy aplicado a no sobrar la situación ni caer en distracciones. Con su estilo: se cierra bien atrás y es muy selectivo en sus ataques con los tanques Suárez y Cavani. Esas virtudes lo transportaron a ganar por primera vez en la historia los tres partidos de la etapa de grupos. No recibió goles (el otro imbatido es Croacia) y Muslera , con 14 encuentros mundialistas, superó la marca de Ladislao Mazurkiewicz. Otro registro que da una pauta de la huella que va dejando esta generación moldeada por Tabárez: el Pistolero Suárez es el primer uruguayo que marca en tres mundiales: 3 en 2010, dos en 2014 y dos en 2018.

En el aspecto disciplinario, que tanto revuelo causó hace cuatro años con el mordiscón de Suárez a Chiellini, los charrúas también están casi impecables. En tres cotejos solo tuvo un amonestado, Bentancur, a quien Tabárez reemplazó enseguida para evitar riesgos.

Rusia aprovechó el benigno sorteo para vencer a los otros dos adversarios más débiles de la zona y volver a los octavos de final de un Mundial, algo que no ocurría desde que existía como Unión Soviética, en 1986.

Uruguay trajo a Rusia la velocidad crucero que desplegó en las eliminatorias. Como les gusta a los charrúas, en silencio, sin molestarse porque nadie los incluye entre los favoritos. No necesita ninguna lisonja, le alcanza con la fuerza interior para ir abriéndose paso.

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