Instalé una aplicación para ver cuánto uso el teléfono en un día y descubrí que tengo un problema

¿Qué hace que pase más o menos tiempo mirando la pantalla? Después de 4 meses, algunas conclusiones Crédito: Shutterstock
1 de julio de 2018  • 00:09

El lunes 5 de marzo estuve 7 horas mirando el teléfono. No es algo que deduje ni una exageración: tengo los datos exactos. Fueron 6 horas y 56 minutos, según la aplicación Moment, que monitorea cuánto tiempo paso con la pantallita prendida y cuántas veces despierto el teléfono con mi pulgar.

Fue un error de timing: elegí meterme en esto justo antes de un viaje que hice sola. Así que tiene sentido que haya empezado mal, entre todo el tiempo que pasé mirando el mapa, sacando fotos y chateando con gente que estaba lejos. Vamos a dejarlo pasar.

Según Comscore, la compañía de investigación de marketing en Internet, en 2017 las personas pasaron en promedio 4 horas al día mirando el teléfono. Lo de ese lunes no fue la norma, por suerte, pero tampoco puedo decir que esté tan alejado de la realidad.

¿Y por casa?

Desde que instalé Moment hace cuatro meses, todos los días me llega una notificación que dice cuánto tiempo lo usé el día anterior, y cuánto subí o bajé el consumo en comparación con el día previo a ese. Si me porté bien vienen en verde, intermedio en amarillo y mal en rojo (esos días hasta llega otra alerta para agregarle gravedad).

Así, entendí que las jornadas buenas paso 2 horas mirando la pantalla; y las malas, más de 3. Antes de tener los datos, esto era solo una sensación que incluía ansiedad por iluminar la pantalla (algo que hago 50 veces por día aproximadamente) y entrar obsesivamente a Instagram. Algunas noches hasta sentía un cosquilleo en los pulgares de tanto scrollear.

Viendo datos descubrí que no estoy tan mal en comparación a algunos ( según un estudio de Deloitte, el 11% de los argentinos mira su celular más de 200 veces al día), pero sí estoy peor de lo que me gustaría estar a mí y a mis pulgares.

Varias aplicaciones te muestran cuánto tiempo invertís (o malgastás) mirando la pantalla del teléfono

La aplicación, que por ahora solo está disponible para iOS, hasta tiene una versión paga que incluye informes más elaborados y "entrenamientos" para mantenerse lejos del aparato. Claro que el entrenador vive en el aparato, algo que complica la misión. ¿Y no hay para Android? Sí, también hay.

Algunas conclusiones

Además de llenarme de excusas para justificar los días más teléfono-dependientes, desde que lo necesitaba para anotar en una reunión larga hasta que era imprescindible para armar esta nota, detecté algunos patrones.

  • El transporte. Los días que hago viajes más largos en colectivo o subte, el uso aumenta. No estoy sola: la mayoría de los argentinos dice que es donde más usa el teléfono. Los días que caminé o me moví en bicicleta, mejoré mi rendimiento. Un día hasta bajé a 1 milagrosa hora y sentí un alivio difícil de explicar. Con el auto supongo que puede funcionar mientras no se esté usando Waze o Google Maps.
  • La compañía. Los días que pasé sola en mi casa o dando vueltas por la ciudad lo usé mucho más que cuando desayuné con mi abuela, cené con mi mamá o estuve con amigos.
  • La noche y la mañana. Una regla que me puse, que además me sirve para dormir mejor y despertarme más relajada, es dejar el teléfono al menos una hora antes de acostarme y tratar de levantarlo lo más tarde que pueda. El 28% de los argentinos admite que es lo primero que hace cuando abre los ojos y puedo decir, casi sin excepción, que ya no estoy en ese equipo.
  • La trampa. Ese día que usé solo 1 hora el teléfono, estuve en la computadora las 8 horas de trabajo en las que tuve WhatsApp web, Hangouts, Facebook, Twitter y las otras millones de pestañas que el Chrome supo abrirme. Pero elijo pensar que no es tan grave. Al menos no para mis pulgares.
  • Los reemplazos. Es imposible no caer en esta obviedad: estar con el teléfono evita que pongas atención en otras cosas como leer o ver películas concentrada. Así que otro ejercicio que adopté fue agarrar el libro o el Kindle antes de acostarme o subirme al colectivo. Algunas veces hasta me pasé de parada. No es ciencia, pero cuesta. Si todo sale mal, siempre está ese entrenador virtual.

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