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Brooklyn, la otra orilla de Nueva York que vale la pena conocer

Rossana Acquasanta
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25 de junio de 2018  • 16:51

Un recorrido por los territorios urbanos que conforman el gran mapa del borough -distrito- más dilatado de Nueva York: Williamsburg, Bushwick, Coney Island, Brighton Beach, Dumbo, Brooklyn Heights, Dyker Heights. Para llegar, es preciso cruzar el río Este.

Brooklyn todavía es broccolino para muchos de los italianos que integran una comunidad con más de un siglo de arraigo. Fue entre 1880 y 1914 que desembarcaron en los Estados Unidos más de cuatro millones y medio de peninsulares provenientes, en su mayoría, del sur. Y aunque el vocablo remita al brócoli, lo cierto es que sólo los une la fonética. Pero Brooklyn se concibió extensa a partir de un denso y numeroso conglomerado demográfico de diversos orígenes, al punto que llegó a ser una urbe autónoma, hasta 1898, año en que quedó anexada al rompecabezas neoyorquino. La historia registra este hecho como " the big mistake", el gran error de ese fin de siglo.

Bedford Avenue, arteria central de Williamsburg.
Bedford Avenue, arteria central de Williamsburg. Fuente: Lugares - Crédito: Mariana Eliano

Desde el lugar que ocupa, en el extremo occidental de Long Island, con una población que supera los dos millones y medio de habitantes, Brooklyn sigue dando muestras de una fuerte identidad itálica en Dyker Heights y Bensonhurst, escenarios donde los restaurantes de pizza y pasta son oferta corriente; como también lo son en Bay Ridge, Gravesend, Marine Park, Mill Basin, Carrol Gardens, e incluso en una parte norte de Williamsburg. Claro que, acá, la italianidad no vive sola; nuevas culturas aportan otros sabores, otras maneras de comer. Por lo pronto, la presencia de restós orientales no es novedad ni deja de crecer.

Cada barrio de Brooklyn guarda -o muestra, según- sus particularidades específicas, si bien el fenómeno de la gentrificación tiende más y más a desdibujarlas. Sucedió con Williamsburg, está sucediendo con Bushwick.

BROOKLYN ES EL OTRO LADO

Dos puentes -el de Manhattan y el de Brooklyn- unen las dos orillas del East river. Y entre ambos hilos conductores se definen los límites de las dos áreas que abarca DUMBO, cuya identidad nada tiene que ver con el elefantito volador de Walt Disney. Dumbo es el acrónimo de Down Under the Manhattan Bridge Overpass y que, según dicen que dijeron los recién llegados al lugar a finales de los 70 -después de su reconversión de zona de fabril a barrio residencial-, pensaron que con un nombre tan poco glamoroso nadie iba a perturbar la paz conquistada en esta orilla. Error. El milenio que transitamos se inauguró prácticamente con la gentrificación de Dumbo, como resultado de la cada vez más sobrevalorada Manhattan.

Recorrido en bici por DUMBO.
Recorrido en bici por DUMBO. Fuente: Lugares - Crédito: Mariana Eliano

El sector occidental del barrio era conocido por Fulton Landing, en referencia al sitio donde, hasta la última década del siglo XIX, atracaba el trasbordador antes de la construcción del puente de Brooklyn. El otro sector del barrio es el que continúa en dirección al este, desde el puente de Manhattan, hacia Vinegar Hill.

El césped se extiende entre ambos puentes a lo largo de la costa y se hace parque bajo el emblemático puente de Brooklyn que le da nombre. Es uno de los miradores favoritos para contemplar la conclusión del Lower Manhattan que se apretuja en la orilla de enfrente. Hay varios bancos dispersos y es fácil darse cuenta quién es un recién llegado; a solas o en compañía, miran ese banco, el otro, aquel más allá, por fin se deciden por uno y se instalan, sintiéndose Woody Allen y Diane Keaton en estado de contemplación del skyline de aquel Manhattan que ostentaba la altivez de las torres gemelas. Las que dejaron de estar el 11 de septiembre de 2001 para espanto de buena parte del mundo.

Vista desde el Bridge Park.
Vista desde el Bridge Park. Fuente: Lugares - Crédito: Mariana Eliano

Es una mañana soleada y la pareja oriental de recién casados ensaya todas las variables en una larga sesión de fotos bajo el puente, sobre una loma suave del parque, a la sombra de una incipiente copa de un arbolito, caminando por el paseo pavimentado que bordea el trajinado río. Todo el tiempo, lanchas taxis y particulares van, vienen, traen, llevan. De este lado, la vida pancha. Por momentos, helicópteros sobrevuelan la skyline y se pierden en la bruma más allá de la estatua de la libertad. De aquel lado, otro ritmo, otra vida.

Hay un puñado de calles en este barrio que tienen nombres vegetales. Entre Pineapple St. y Orange St., sobre Willow St., está la casa que habitó Truman Capote; allí escribió sus célebres novelas Desayuno en Tiffany's y A sangre fría. La mansión, de 11 habitaciones, estuvo en venta en 2010 por un valor de 18 millones de dólares.

Botánico. Arquitectura señorial en Brooklyn Heights.
Botánico. Arquitectura señorial en Brooklyn Heights. Fuente: Lugares - Crédito: Mariana Eliano

Sin casi desviarse del camino costero y después de una buena caminata que transcurre entre la autopista elevada 278 y la estrecha franja urbanizada, se accede, por un cruce bajo la autopista, a Brooklyn Heights. Ese umbral tiene un efecto mágico. Es pasar de la impersonalidad y agresividad inherentes a cualquier autopista, al encantamiento de un barrio signado por la belleza de sus veredas arboladas y de sus casas finiseculares (del XIX al XX), por la quietud de su atmósfera impregnada de tiempo y la gentileza de sus habitantes que circulan casi sumidos en un silencio sagrado. Dan ganas de golpear en las puertas de estas residencias de estética tan inglesa (la breve escalera hasta el portal, la estrecha franja de tierra entre la reja y la pared, a ambos lados de la entrada, el ladrillo a la vista oscurecido por los años) y pedir permiso para recorrerlas por dentro, hurgar en el pasado de las vidas que allí fueron transitando, rastrear esas líneas invisibles a través de sus nuevos moradores. porque alguien habrá en esas casas habitadas que se pregunte de quién, quizás sin saberlo -parafraseando a Borges-, alguna vez se despidieron.

HAY QUE CRUZAR EL EAST RIVER

No queda otra: siempre hay que cruzar el río Este para acceder al mundo Brooklyn. Williamsburg es ese territorio históricamente habitado por afroamericanos (en Bedford Stuyvesant), caribeños, judíos jasídicos (en Crown Heights) y, en menor medida, por asiáticos y latinos. Con la inauguración del siglo XXI, hípsters y otras faunas urbanas de nueva estirpe le echaron el ojo y decidieron que este barrio sin gracia aparente, de viviendas a valores posibles, era buen lugar para instalarse. Artistas plásticos, músicos, diseñadores. se fueron juntando hasta conformar una comunidad que empezó a dar señales de buena vida relajada, de horas y días a ritmo amable, y otros empezaron a tentarse. Cuando el real estate empezó a olfatear que ahí había buen negocio, los residentes del nuevo romanticismo empezaron a levantar campamento, y muchos enfilaron hacia Bushwick.

La piel de Williamsburg cambió. Sus actuales habitantes sí están dispuestos a que sea un foco de buena vida burguesa. Su arteria principal, la avenida Bedford, es un espejo de la transformación. Se ven muchas parejas noveles con hijos chicos o en camino; hay negocios trendy, bares con onda, una galería con locales de identidad japonesa, boutiques caras, restaurantes de moda, casas de clase media-media remozadas, nuevos edificios en dirección al río, jóvenes muy bien "lookeados", chicas muy modernas. Son los efectos de la gentrificación que, en los últimos siete-ocho años, revalorizó el metro cuadrado de Williamsburg. "Yo, por eso, me fui a vivir a Harlem", admite Pablo Martín, músico argentino radicado en NY hace dos décadas, que trabaja en el cine, y al que le va muy bien.

Librería Spoonbill and Sugartown en Williamsburg, Brooklyn
Librería Spoonbill and Sugartown en Williamsburg, Brooklyn Fuente: Lugares - Crédito: Mariana Eliano

Laura Dayan canta, toca la guitarra, tiene banda propia y, además, enseña español a chicos a través de la música, un proyecto muy personal que lleva adelante bajo el rótulo de Rock´n´LoLo. Laura también es argentina, va camino a cumplir nueve años en estos pagos y, hoy por hoy, su lugar en el mundo se llama Williamsburg. A los dos días de llegar consiguió su primer trabajo, y ya no paró más. Empezó haciendo covers, ganaba buena plata, pero lo dejó porque quiso volver a producir sus canciones y a rearmar un grupo. La banda musical se llama como ella, Dayan, y hacen música folktrónica. Me explica folktrónica: "sonidos de nuestra tierra mezclados con texturas cinematográficas, que crean melodías nostálgicas". Y lo redefine diciendo que "este tradicional estilo musical es el que nos identifica como latinoamericanos en el mundo". Dayan tocó en los escenarios neoyorquinos más reconocidos: Highline Ballroom, Sob's, Le Poison Rouge, Rockwood, Nublu, Piano, DROM. Ahora están por dar a luz un nuevo álbum, Crecer Lejos, cuyo lanzamiento, agrega, "se realizará bajo una campaña muy poderosa que integra a los nueve millones de neoyorquinos, mayoritariamente inmigrantes, que nos ayudaron a escribir esta canción". Hay que ver todo lo que dio de sí un encuentro fortuito en una esquina de este barrio con cierta onda palermitana, salvando unas cuantas distancias.

Imagen de Aldous Harding, la cantante neocelandesa, en la disquería Rough Trade.
Imagen de Aldous Harding, la cantante neocelandesa, en la disquería Rough Trade. Fuente: Lugares - Crédito: Mariana Eliano

Williamsburg tiene dos íconos ineludibles: Rough trade, la disquería más grande de NY, y un mega outlet que concentra prendas y accesorios de las mejores marcas internacionales a precios ridículos. En ambos espacios, y por razones muy disímiles, se corre el riesgo de gastar horas como si fueran minutos.

BUSHWICK ES STREET ART

Otro es el ambiente de este barrio -tomado por artistas plásticos, diseñadores, galeristas- en el que el 80% de la población es latina y con una disponibilidad de espacios públicos como sólo puede proveerla un área de pasado industrial. Bushwick, a escasa media hora de subte del Lower Manhattan, presume y con razón de un tesoro visible que aflora casi a cada paso: el Street art. El arte callejero, casi tan efímero como el arte culinario volcado en un plato (una idea plasmada desaparece para que en su lugar aparezca otra, y después otra y otra), ocupa frentes y contrafrentes de edificios, puertas de garajes y galpones, ventanas, cortinas metálicas, tapiales, tanques de agua. intervenidos hasta el límite de sus superficies y bajo la estricta autorización de sus propietarios. Sin ella, el solo gesto de una pintada espontánea puede conducir a su responsable a la cárcel por cinco años. Ya hay quienes pagan para lucir una obra callejera. La calle Trautman y sus transversales conforman un entramado de diseños insólitos y que, en algunos casos, cuando la pared no es suficiente, se continúa en la vereda y en el cruce peatonal de una calle. Los tours para reconocer técnicas, materiales y estilos -stencil, bubble & wild styles, tags- de un movimiento iniciado, aquí, hace más de diez años, son una realidad cotidiana. En 2006, la asociación Arts in Bushwick, inauguró el Bushwick Open Studios, evento que arrancó con un puñado de artistas del barrio que abrieron sus lugares de trabajo al público, y no para de crecer. Hoy se entremezclan las obras de anónimos talentosos con las de los nombres célebres. Sin ir más lejos, en las proximidades de la mencionada Trautman y St. Nicholas, están las firmas de los estadounidenses Jeff Henríquez, Patch Whisky, Nychos, Ron English, del brasileño Sipros, del holandés Michel Velt. todos seres tan inspirados como ese genial precursor del Street art que fue Jean Michel Basquiat (USA 1960-1928), y como lo siguen siendo sus connacionales Shepard Fairey y Dave Kinsey, Banksy el británico y el parisino Blek le Rat.

El barrio de Buchwick.
El barrio de Buchwick. Fuente: Lugares - Crédito: Mariana Eliano

Bushwick fue una zona fabril que activaron emigrantes alemanes a mediados del siglo XIX y se pusieron a elaborar cerveza. Después de la I Guerra Mundial recalaron italianos. Le siguieron caribeños de habla hispana y, a la fecha, el 80% de la población es latina. Con la crisis financiera de 1977, durante el famoso apagón de 25 horas -del 13 al 14 de julio- que sumió la ciudad de Nueva York en la total oscuridad, Bushwick padeció incendios, saqueos y destrucción. Fue una pesadilla. No faltaron drogas ni índices altos de criminalidad; edificios completos quedaron abandonados, y la propia industria buscó otras zonas donde reubicarse.

Recién a principios de la década del 90 y muy de a poco, fueron arrimándose al barrio los artistas, los más proclives a ubicarse en barrios más marginales por una cuestión de costos. Y a partir de 2010, la transformación fue apoderándose de Bushwick. Incluso las galerías de arte empezaron a seguir la huella de los creativos. Un ejemplo es Koenig & Clinton que pasó de Chelsea (coto de galeristas en Manhattan, donde residió desde su apertura en 1999) y en junio de 2017 abrió Century Pictures en Bushwick.

Arte callejero en Bushwik.
Arte callejero en Bushwik. Fuente: Lugares - Crédito: Mariana Eliano

Con las nuevas edificaciones que despuntaban en la primera década de este siglo, empezó a llegar mucha gente joven, profesionales con títulos terciarios, en fin, una nueva demografía urbana que hizo retroceder la inseguridad de manera notable. Los precios, por supuesto, se dispararon. Otro proceso de gentrificación imparable. Hoy este barrio es lo más parecido a un Thyssen-Bornemisza a cielo abierto, sin límites. Es arte puro. pour la galerie.

JUNTO AL ATLÁNTICO

En días de semana, con tiempo gris, en los meses que preceden y siguen al verano Coney Island es la imagen viva del anacronismo en el extremo sur de Brooklyn, una imagen sepia de aquellos brillos emitidos en las primeras décadas del siglo XX. Entonces los neoyorquinos ricos sacaban provecho de sus playas anchas y cundió el desarrollo hotelero en el lado oriental de la península, mientras en el otro extremo se nucleaba la gente humilde. Casinos, hipódromos y salas de juego proliferaron; el paisaje marítimo se fue transformando a medida que surgían montañas rusas, carpas de circo, parques de atracciones, locales de baile y, como no podía ser de otra manera, puestos de comida. Ya alguien llamado Charles Feltman se había encargado de popularizar el hot dog; de ahí a los patios cerveceros no hubo más que un paso. La clase media, más que satisfecha. Pasó la depresión de 1929 y pasó la II Guerra Mundial; el olvido se fue adueñando de Coney Island y su parafernalia, que pervivió como el daguerrotipo de un sueño sólo para sus residentes. y el cine de autor. Woody Allen no sólo inmortalizó la montaña rusa de madera, inaugurada en 1925, en Annie Hall (1977), sino que reincidió con un homenaje a Coney Island en su última película, The wonder wheel (2017), ambientada en los 50; la trama se desarrolla en el sector de la noria (o vuelta al mundo, en criollo) que, desde 1920, no para de girar.

Coney Island.
Coney Island. Fuente: Lugares - Crédito: Mariana Eliano

El oeste de esta península (que antes supo ser isla) tiene seis kilómetros de largo por 800 metros de ancho y concentra una población de 60.000 almas. El paseo marítimo -Riegelmann boardwalk- es una vasta plataforma de madera afirmada sobre una base de granito con un largo de 1,7 millas. Varias décadas más tarde, y en buena medida gracias al arte callejero, este paseo vuelve a convocar. De hecho, en pleno verano, hierve de gente. Junio celebra la llegada del verano con un desfile de sirenas, hay fuegos artificiales en la playa por las noches, esas cosas.

Después de Coney Island, el paseo no se interrumpe y pasa a ser parte de Brighton Beach, a partir del encuentro de la avenida Sur con el boulevard Ocean. El paso de uno a otro barrio es imperceptible y la sensación de estar en un tiempo ajeno al presente, también.

Postal de Brighton beach, reducto soviético al que le dieron vida los emigrantes rusos llegados entre 1940 y 1950.
Postal de Brighton beach, reducto soviético al que le dieron vida los emigrantes rusos llegados entre 1940 y 1950. Fuente: Lugares - Crédito: Mariana Eliano

Brighton Beach se guarda al este de Coney Island, un fuero soviético al que le dieron vida los emigrantes rusos llegados entre 1940 y 1950, de Odesa, Ucrania, razón por la que también se la conoce como Little Odessa. A partir de los 90, el barrio se fue transformando; de judíos rusos en su mayoría pasó a integrar musulmanes oriundos de Uzbekistán, país de Asia Central.

Cuando pasa el tren elevado, la tierra vibra con un ruido ensordecedor, pero nadie se inmuta. Se ve gente mayor y muy mayor que no habla sino en ruso, que viste ropas y gorros fieles a las que usaba en el pasado, antes de emigrar. En la calle principal de Little Odessa, la cartelería de los locales no muestra otro alfabeto que no sea el creado por San Cirilo y los insumos que allí se venden también remiten a sus hábitos originales, a mundos hoy no demasiado ajenos gracias al mundial de fútbol.

Brooklyn es la mejor síntesis, por más amplia y completa, del patchwork cultural norteamericano. La lista de sus barrios más destacables debe incluir necesariamente Dyker Heights, zona residencial que cobró renombre internacional con las luces navideñas de sus paquetísimas casas. Pero esta es otra historia que ya tiene asignado un lugar propio en una futura edición de LUGARES.

Si pensás viajar.

Los valores sugeridos en los hoteles aplican a partir de agosto de 2018. En la mayoría aceptan mascotas.

CÓMO LLEGAR

American Airlines. T: 0800 444 84253. Desde Buenos Aires, T: +54 4318-1111.

DÓNDE DORMIR

Moblat BKN. 1164 Madison St. Bushwick. Departamento de 74 m2 de 3 habitaciones (2 dobles y 1 single), puesto a nuevo y bien equipado. Desde u$s 179 la noche.

Brooklyn Bridge. 60 Furman St. Brooklyn Heights. T: +1 877-803-1111. Hotel moderno ultra confortable. Piscina, fitness centre, bar en la terraza con vistas espléndidas. Desde u$s 349 la doble.

The Williamsburg Hotel. 96 Wythe Ave. Williamsburg. T: +1 718-362-8100. Excelente ubicación la de este hotel de ecléctico diseño. Habitaciones (150) luminosas, bar, restaurante y, próximamente, piscina. Desde u$s 250 la doble.

DÓNDE COMER

Heights Cafe. 84 Montague St. Brooklyn Heights. T: +1 718-625-5555. Cocina norteamericana en la esquina de Montague y Hicks, cogollito de uno de los barrios con más glamour de Brooklyn. Raciones para compartir. Todos los días mediodía y noche. Precios medios.

Faro. 436 Jefferson St. T: +1 718-381-8201. Ambiente de estética minimalista para una cocina de corte italiano y, por ende, de estación. Productos de granja seleccionados, tanto vegetales como animales. No ofrecen menú vegetariano ni harinas libres de gluten. Menú degustación, viernes y sábados a las 20, en la mesa de trabajo del chef Kevin Adey (1 estrella Michelin) frente a la cocina; cuesta u$s 95 + impuestos. Lunes a sábado de 18 a 23. Domingos de 17 a 22.

Sea Wolf. 19 Wyckoff Ave. Bushwick. T: (718) 366-3272. Gran salón con barra larga. Mucha luz natural, excelente música, muy buen servicio. Tragos, servicio de brunch de 11 a 15.30. Recomendables las ostras, la fritura de pescados chicos, la hamburguesa de la casa (tan tradicional como deliciosa, llega con el punto exacto solicitado) con rica ensalada de verdes mixtos. Precios lógicos.

Varenichnaya. 3086 Brighton 2nd. St. Brighton Beach.T: (718) 332-9797. Restaurante muy de barrio, con servicio de cocina rusa. Arenques con papas, borscht, sopa de hongos, harcho, lagman a la uzbekski, shurpa a la uzbekski, albóndigas siberianas, vareniki, etcétera. Raciones generosas. Especialidad en ravioles rusos. Se puede comer por u$s 15. Efectivo.

PASEOS Y EXCURSIONES

Brooklyn Botanic Garden . 990 Washington Ave. T: +1 718-623-7200. 21 hectáreas dedicadas a especies vegetales de todo el mundo. Incluye un jardín japonés de cerezos, el primer jardín del mundo para niños, un rosedal, un conservatorio y más.

Brooklyn Museum. 200 Eastern Pkwy. T: +1 718-638-5000. Creado en 1895, es el tercer museo de arte más grande de NY (superficie, 52.000 m2) y alberga una colección de arte de un millón y medio de obras.

COMPRAS

Artists & Fleas. 70 North 7th St, Williamsburg. Reputado punto de encuentro de más de un centenar de artistas, diseñadores, coleccionistas vintage y artesanos virtuosos. Surgió, en Williamsburg, en 2003 y en 2010 se mudó a la dirección actual. De obligadísima visita, es imposible salir de ese mundo plagado de tentaciones con las manos vacías. A pocas cuadras de la activa avenida Bedford y a pasos de la costa (donde, además, tiene lugar un mercado de alimentos -Smorgasburg- los sábados de noviembre). Sábados y domingos de 10 a 19.

Rough trade. 64 N 9th St. Williamsburg. T: +1 718-388-4111. De 1976, disquería independiente y la más grande de NY. De 11 a 23.

Beacon's Closet. 74 Guernsey St. Greenpoint. T: +1 718-486-0816. En las lindes de Williamsburg, megaoutlet de prendas y accesorios de las marcas internacionales más prestigiosas. Todos los días de 11 a 20.

MÁS INFO

NYC & Company

Nota publicada en revista Lugares 267.

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