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Dante Caputo y su interés por la relación civil con los británicos

Juan Eduardo Fleming
El excanciller recientemente fallecido supo comprender y dar impulso al acercamiento entre ambos países después de la guerra
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26 de junio de 2018  

Terminado el conflicto armado, la reanudación de las relaciones diplomáticas con el Reino Unido demandó ocho años de intentos frustrados por el gobierno británico, debido a su resistencia a tratar la disputa de soberanía sobre las islas Malvinas y adyacencias. Sin embargo, es importante reconocer que el canciller Dante Caputo -con la anuencia del presidente Alfonsín-, preocupado por lograr avances con Londres, supo sentar las bases de lo que sería, a través del sector civil de ambos países, una diplomacia por "aproximación". Lamentablemente, fue interrumpida de modo abrupto por el lado británico debido al importante progreso que llegó a realizar en nuestro favor.

La idea de establecer "secciones de intereses" fue del Foreign Office. Nosotros escogimos a Brasil y el Reino Unido, a Suiza. Nuestra sección en Londres exploraba infatigablemente cómo superar la negativa del gobierno británico a avenirse a tratar la disputa.

En junio de 1984, los parlamentarios Cyril Townsend, conservador, y George Foulkes, laborista, junto con lord Wayland Kennet, socialdemócrata, visitaron nuestro país. A su vez, en febrero de 1986, viajaron a Londres cuatro importantes legisladores nuestros: los senadores Adolfo Gass, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, y Julio Amoedo, presidente del Comité para Asuntos Interparlamentarios, y los diputados Federico Storani, presidente del Comité de Asuntos Exteriores de Diputados, y José Octavio "Pilo" Bordón, su vicepresidente. Pero la búsqueda de una solución encarada por legisladores, pese a la positiva impresión dejada en cada país, fue descartada por el lado británico.

Al mismo tiempo, tanto en el Reino Unido como en la Argentina los sectores civiles y económicos, aprehensivos por la ausencia de comercio y de relaciones tanto culturales como de la vida civil, acrecentaron su preocupación por lograr progresos. Al año y medio de concluido el conflicto armado, en diciembre de 1983, se estableció en Londres el Consejo del Atlántico Sur (South Atlantic Council), con el propósito de mejorar las relaciones. Lo interesante es que sus integrantes, como también otras relevantes personalidades británicas, entre ellas, los legisladores nombrados, diplomáticos retirados y empresarios, no tenían objeción en tratar el futuro de las islas, incluso la soberanía, con el fin de encontrar una solución. En Buenos Aires, en diciembre del año siguiente, 1984, se estableció el Centro de Estudios del Atlántico Sur (CEAS), organismo civil y autónomo de similares objetivos.

Por esas circunstancias fortuitas, en un almuerzo en el directorio de Christie's, la afamada casa de subastas, conocí a sir Frank Roberts, importante diplomático británico retirado. Me comentó su simpatía por nuestro país. Había nacido en Buenos Aires en 1907, su padre era un alto directivo de Unilever en la Argentina. No solo eso. Aumentaba su aprecio el acuerdo entre la Argentina y el Reino Unido sobre la exención del servicio militar a ciudadanos o nacidos en uno u otro país, que había entrado en vigor en 1963. Me comentó que el acuerdo había sido negociado para evitar que pudieran surgir inconvenientes para su desempeño como embajador británico. Sir Frank fue un diplomático de alto vuelo (un high flyer, como dicen en el Foreign Office). Entre sus importantes destinos, fue asesor de Churchill en Yalta, ministro y luego embajador en Moscú. Estuvo involucrado en las negociaciones sobre el bloqueo soviético de Berlín (1947-1948), fue embajador en Yugoslavia, luego en la OTAN y su último cargo fue en Berlín (1963-1968).

De su experiencia en Alemania Federal, me comentó sobre las conferencias denominadas "Königswinter", establecidas en 1950 para asistir a la naciente democracia alemana luego de la Segunda Guerra Mundial. En los comienzos, participaban diplomáticos retirados, legisladores a título personal, es decir, no en representación de sus partidos, periodistas, empresarios, profesores universitarios y personalidades relevantes de la política y de la cultura. Se reunían todos los años alternativamente en uno y otro país. Hoy continúan haciéndolo. Buscaban facilitar el conocimiento personal de quienes tenían responsabilidades significativas en ámbitos de mutuo interés.

Conocido en detalle, gracias a él, el esquema de las "Königswinter", informé al entonces subsecretario de Asuntos Especiales, embajador Juan Carlos Beltramino, y al director general de nuestra cancillería, embajador Lucio García del Solar, hoy lamentablemente ambos fallecidos. Obtuve autorización para considerar la posibilidad de estructurar un esquema de reuniones semejante. Así, inicié conversaciones con los mencionados diputados Cyril Townsend y George Foulkes, junto con Hugh Carless, vicepresidente del Consejo del Atlántico Sur, diplomático retirado, exencargado de Negocios a.i. de la embajada británica en Buenos Aires (1977-1980).

Nos reunimos un buen número de veces hasta que ellos obtuvieron el consentimiento del Foreign Office para llevar adelante nuestro esquema. Luego de un intercambio de posibles nombres durante un almuerzo en la Sección de Intereses Argentinos (hoy nuevamente residencia del embajador en Londres), propuse el de Conferencia Argentino-Británica (ABC por sus siglas en inglés), que fue el que quedó. El fundamento fue el conocido refrán en inglés: "El ABC de cómo hacer las cosas", aludiendo así a la solución del conflicto de soberanía como la vía para la completa realización de nuestros objetivos.

Informada la Cancillería, fui de inmediato convocado a Buenos Aires. Era mediados de agosto de 1987. García del Solar organizó para el día 25 un almuerzo con el entonces canciller Dante Caputo, fallecido la semana pasada. Hablamos sobre los posibles participantes del lado británico y del nuestro. Se consideró una organización similar al esquema del "Königswinter" y la coordinación de la parte argentina se le encomendó al Consejo Argentino de Relaciones Internacionales (CARI), que, en los hechos, subsumía al citado CEAS.

García del Solar me organizó una reunión con el presidente del CARI, el embajador Carlos Muñiz, a fin de entregarle y explicarle el dossier completo sobre el esquema. Razonablemente, el CARI se tomó su tiempo en llevarlo a la práctica. Corría el año 1988 y nuestro canciller, Dante Caputo, estaba postulado como candidato a la presidencia de la Asamblea General de las Naciones Unidas, lo que se concretó al año siguiente. Por otra parte, la situación del gobierno radical -pese a la excelencia de su vocación republicana- atravesaba complejos momentos, que condujeron a elecciones anticipadas y al consecuente cambio de gobierno.

Reanudadas las relaciones diplomáticas en febrero de 1990, la Conferencia Argentino-Británica comenzó a reunirse. Su primer encuentro fue en abril de ese año en Streatley-on-Thames, Reino Unido. En total, hubo diez encuentros: en Bariloche, 1991; en Cambridge, St. Catharine's College, 1992; en Mendoza, 1994; en Oxford, Kemble College, 1995; en Salta, 1996; en Sussex, Wilton Park, 2000, y en Buenos Aires, CARI, 2003.

En homenaje al fino olfato en política exterior y percepción diplomática del canciller Caputo, corresponde destacar su acertada decisión de aceptar tal esquema. En la conferencia de 2000 en Wilton Park, Sussex, el Reino Unido, tras arduas negociaciones llevadas también a cabo en las reuniones del Tratado Antártico y bilateralmente, retiró allí su veto a que la Secretaría del Tratado se estableciese en nuestro país, como luego sucedió, en Buenos Aires.

Y más aún, en la conferencia efectuada en Buenos Aires (CARI, 2003), el comunicado conjunto que se emitía luego de cada reunión expresó: "Se reiteró la necesidad de encontrar caminos para procurar la solución de la controversia pendiente". Cabe señalar que en esta sesión como en las que siguieron a partir de la tercera, realizada en Cambridge, hubo isleños en la delegación británica.

Evidentemente, el esquema de Conferencias ABC logró su éxito gracias a la visión de Caputo, sagaz conductor de nuestra diplomacia y política exterior.

Embajador de carrera, jefe de la Sección de Intereses Argentinos en Londres (1982-1988)

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