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Universidad y trabajo: alianza entre el presente y el porvenir

Si bien la recategorización es una ayuda, la recuperación de la confianza que disipe todo riesgo seguirá necesitando correcciones y reformas estructurales,Con la incorporación de nuevas demandas laborales, la oferta se ha expandido, pero nuestro país sigue produciendo más y más abogados
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26 de junio de 2018  

Como dolorosamente tenemos comprobado, la educación argentina flaquea desde los tramos más tempranos de enseñanza. A las carencias del nivel primario se suman las de un secundario cuyo deterioro se fue acentuando a lo largo de las últimas décadas. Y, como consecuencia inevitable de esas falencias, tenemos una universidad que no satisface la demanda laboral.

Guillermo Jaim Etcheverry, presidente de la Academia Nacional de Educación, lo sintetizó de manera contundente y hasta dramática: muchos países que hace 20 años estaban por detrás de la Argentina en rendimiento nos han superado. ¿La razón? "El desinterés social. La sociedad no está preocupada por la educación. Interesa más la certificación", dijo acertadamente el especialista, en cuya opinión tampoco alcanza con la inclusión. "No basta con que estén en la escuela. Hay que enseñarles algo", opinó.

Tampoco resulta de utilidad, a la luz de lo verificado en los últimos años, la creación a granel de centros de estudios universitarios si esas entidades no responden a una planificación coherente.

"Hubo mucha irresponsabilidad en autorizar carreras idénticas a menos de 15 kilómetros de distancia entre ellas", dijo a LA NACION la secretaria de Políticas Universitarias, Darya Tavela, en clara alusión a buena parte de las denominadas Universidades del Bicentenario, creadas desde 2010, que, además de producir superposiciones académicas, atraviesan graves problemas de calidad profesional y docente y fueron usadas, algunas, para desviar fondos estatales y permitir negociados, pues se escudaban en la autonomía universitaria para no rendir cuentas.

Que tan alto nivel educativo esté cimentado sobre bases tan endebles es un problema que habrá que empezar a resolver, ya no más con parches destinados a tapar los innumerables agujeros del sistema, sino encarando la búsqueda de una solución pensada como política de Estado, desde el nivel inicial hasta los estudios universitarios de grado.

Para ello se necesitan diagnósticos claros y sinceros basados en datos objetivos. Hace pocos días se presentó en el país el informe Áreas de vacancia, vinculación, pertinencia y planificación del sistema universitario. Se trata de un relevamiento realizado sobre la base de información provista por las casas de altos estudios, los ministerios de Educación y Producción provinciales y por el Indec.

La primera conclusión del entrecruzamiento de esos múltiples datos es que en nuestro país hay una enorme ausencia de planificación educativa, hasta el punto de que no se preparan profesionales para satisfacer las demandas regionales, lo cual repercute también negativamente en las expectativas laborales de los nuevos profesionales, generando desconcierto y frustración.

Por ejemplo, en Jujuy se necesitan más licenciados en Turismo y no tantos abogados; en Santiago del Estero escasean los médicos y la oferta educativa en ese sentido es pobre; en el Litoral hacen falta más especialistas en la industria pesquera y no los hay, mientras que ingenieros y enfermeras se requieren en todas partes.

Hay carreras, como Electricidad y Energía Solar, que hace cinco años no existían y que hoy pueden representar una salida laboral interesante para los egresados universitarios.

Cómo enderezar la oferta respecto de la demanda es la clave y para eso se realiza este tipo de estudios, que resultan muy bienvenidos.

Hoy, con la incorporación de nuevas demandas laborales surgidas de un mundo constantemente tecnologizado, la oferta se ha expandido. Sin embargo, la Argentina sigue produciendo muchos más abogados de los que van a poder insertarse laboralmente de forma plena.

No resulta un contrasentido pensar el sistema educativo en su punto de egreso y, desde él, hacia atrás. Todo lo contrario. Si se conocen las demandas laborales, se tendrá más eficacia a la hora de elaborar planes de estudio a mediano y largo plazo. Si se advierte con claridad cuáles son las necesidades por región, las universidades estarán mejor preparadas para asignar sus recursos y esfuerzos a dar mejores respuestas estratificadas.

Desde ya que hay otras muchas medidas por tener en cuenta, como agilizar las homologaciones entre carreras para permitir a los estudiantes reorientar sus estudios en vez de abandonarlos. Según las autoridades educativas, eso también se encuentra en estudio.

Una vez hecha la radiografía de la realidad laboral y su vinculación con la oferta educativa, podrá pensarse también en un nivel medio más adecuado a esas demandas.

La escuela secundaria, como bien ha dicho Jaim Etcheverry, debe formar para la universidad y para el trabajo, pero fundamentalmente debe "formar a la persona. El problema -sostuvo en forma irónica, pero muy cierta- es que hoy la secundaria es una larga preparación para el viaje de egresados".

Como siempre hemos exhortado desde estas columnas, la escuela debiera estar en la máxima consideración de nuestros gobernantes, líderes empresariales y gremiales, dirigentes y padres de familia. Debemos renovar y fortalecer la alianza entre la familia y la escuela, entre alumnos y docentes, entre la universidad y el trabajo, entre el presente y el porvenir.

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