Fuga de capitales: ¿qué es y cómo nos afecta?

Nicolás Litvinoff
Nicolás Litvinoff MEDIO: Estudinero
Fuente: Archivo
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26 de junio de 2018  • 02:06

La corrida cambiara de los últimos meses -que ahora parece haber mermado gracias al acuerdo con el FMI y la recategorización del país como "mercado emergente" por parte del MSCI- dejó secuelas importantes, como la fuga de capitales récord: se fueron 3.939 millones de dólares en abril y 6.213 millones de dólares en mayo. También generó una enorme incertidumbre en lo que refiere al costo de vida, puesto que nadie sabe precisar cuánto de la devaluación de más del 50% anual se trasladará efectivamente a precios.

Ahora bien, ¿de qué hablamos cuando hablamos de "fuga de capitales"? En el imaginario social este término hace alusión a camiones de caudales llenos de dólares estacionados en Ezeiza esperando vuelos que lleven fronteras afuera los fajos, pero la realidad dista mucho de esa imagen: hoy el dinero es fundamentalmente electrónico y se escapa más fácil de lo que creemos.

Veremos a continuación qué significa esa fuga, qué formas suele adoptar y cuáles son sus efectos sobre la economía doméstica.

Fuga de capitales: definición y ejemplos

Lo primero a tener en cuenta es que la fuga de capitales no implica necesariamente operaciones ilegales. Muchos inversores particulares o institucionales y empresas fugan capitales de manera totalmente lícita, declarando los envíos de dinero al exterior, sin infringir normas y justificando esos envíos ante las autoridades pertinentes.

Por otro lado, en rigor, la fuga no necesariamente implica el traspaso de las fronteras nacionales. Existe fuga "puertas adentro".

Lo concreto es que hablamos de fuga de capitales cuando las divisas son retiradas del sistema financiero y, por ende, de la órbita del Banco Central y los bancos comerciales del país afectado. Básicamente, se trata de dólares que salen del circuito económico.

Para que quede claro el concepto, veamos algunos ejemplos:

1) Fuga de capitales por remisión de utilidades: Cuando una empresa multinacional obtiene ingresos en el país por la venta de un bien o servicio y luego cambia sus ganancias de pesos a dólares para girarlas a su casa matriz está fugando divisas. Son dólares que se van del sistema financiero local. Esto ocurre en todos los países del mundo donde las multinacionales se establecen. En teoría, esos dólares que se van deberían ser compensados con otros que ingresan las multinacionales de origen argentino cuyas filiales extranjeras obtienen ingresos en los países donde se establecieron. También, con las divisas que obtienen las firmas locales exportadoras.

2) Fuga de capitales por atesoramiento: Cuando un inversor o empresa compra dólares para atesorarlos por fuera del sistema (guardarlos "debajo del colchón" o en una caja de seguridad) se están fugando divisas. Aunque no salgan del país, son dólares que dejan de estar a disposición del sistema bancario.

3) Fuga de capitales por pago de intereses de deuda externa: Cuando el Estado gira dinero a acreedores externos, incluidos el FMI y otros organismos internacionales de crédito, está sacando dólares de la plaza local. Puede discutirse si conceptualmente es una fuga, aunque los efectos dañinos para la economía local -en especial, cuando esos pagos aumentan su proporción sobre el PBI- nos permiten sumar estas operaciones a la lista de ejemplos.

Se supone que esa fuga de dólares responde a un préstamo mucho más abultado recibido oportunamente. Sin embargo, la historia del capitalismo indica que los deudores terminan pagando en intereses mucho más que el capital obtenido en el acuerdo.

4) Fuga de capitales por turismo: Todo gasto de un turista argentino en el exterior, ya sea en efectivo o con tarjeta de crédito, implica una fuga de divisas. Es dinero que se va para no volver. Hay quienes salen con todo el efectivo permitido (10.000 dólares por persona) para gastarlo en el exterior y quienes explotan la tarjeta de crédito hasta el tope permitido por el banco emisor del plástico.

5) Fuga de capitales ilegal a través de "cuevas": Las casas de cambio no registradas suelen ofrecer el servicio de transferencias al exterior por fuera de la órbita de control del Banco Central. ¿Cómo lo hacen? Mediante "cruces" internacionales: La cueva tiene un cliente A en el exterior que necesita traer dinero al país sin declararlo y un cliente B en el país que quiere sacarlo sin que la AFIP se entere. Entonces, le da instrucciones al cliente A para que le transfiera dinero depositado en el exterior a la cuenta que B tiene fuera del país y, al mismo tiempo, recibe el dinero físico de A, que termina en las manos de B. Como es de esperar, se queda con una comisión por la gestión. La operación en sí no demanda salida de capital. Sin embargo, para que pueda tener lugar, previamente A sacó divisas del circuito financiero.

6) Contado con "liqui": Es una operatoria bursátil muy difundida entre los operadores y totalmente legal. Un inversor que tiene cuentas abiertas en sociedades de bolsa el país y EE.UU. compra acciones o títulos públicos en el mercado local y luego le pide a su agente de bolsa que se los transfiera a su cuenta en el exterior. Solo es posible con activos que coticen tanto en la bolsa Argentina como en la de los EE.UU. (en acciones se los conoce como ADRs).

Conclusión

La fuga de capitales tiene efectos muy nocivos. Más aún para países como el nuestro que encuentra dificultades a la hora de obtener divisas y fomentar la inversión privada en la económica. Volviendo al presente, debemos decir que en un contexto de confianza -aunque sea moderada- una devaluación como la que acabamos de experimentar debería desalentar la fuga de divisas puesto que:

1) Las tasas de las Lebacs en pesos treparon al 47% mensual, lo que eleva los incentivos para vender una parte de los dólares "revaluados" y colocarse en pesos, al menos por un tiempo.

2) El tipo de cambio alto (dólar caro en pesos) desincentiva los viajes al exterior por mayores costos e incrementa el turismo interno y el arribo de turistas extranjeros, puesto que nos hemos vuelto un país más barato en moneda extranjera.

3) El desfasaje temporal que se produce entre la devaluación y el impacto en los precios (concepto conocido como pass through) estimula a inversores con divisas en el exterior o "debajo del colchón" a reingresarlo en el circuito económico para aprovechar su mayor poder adquisitivo y reactivar, por ejemplo, la compra de insumos para la construcción.

La clave pasa ahora por desalentar las expectativas devaluatorias. Si los agentes económicos creen que la suba del dólar continuará en el segundo semestre al mismo ritmo que en el primero, solo accederán a pasarse a Lebacs u otro tipo de inversión en pesos si la tasa superara largamente el 50% anual, algo inviable en el tiempo para una economía que necesita reactivar su producción y sus niveles de consumo.

Como se observa, la devaluación, el préstamo del FMI y la recategorización de la Argentina como "mercado emergente" pueden ayudar a frenar la preocupante y creciente fuga de capitales, si y solo si el Gobierno logra bajar las expectativas inflacionarias y devaluatorias para el segundo semestre el año.

Las medidas implementadas desde la semana pasada parecen ir en ese rumbo y los resultados deberían comenzar a observarse una vez que concluyan las vacaciones de invierno. Por el bien de la economía, esperemos que así sea.

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