Geopolítica del Mundial: Suiza-Costa Rica, democracias desarmadas

Andrés Malamud
Andrés Malamud PARA LA NACION
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27 de junio de 2018  

"¿Qué pasó? ¿Alemania ganó el Mundial?", nos preguntamos. Imposible: era 17 de febrero de 2008 y no se estaba jugando nada. Salimos a las calles de Frankfurt y nos encontramos con la caravana más ruidosa desde los bombardeos aliados de 1945. Los manifestantes ondeaban banderas con un águila, pero no la del escudo de armas alemán: ésta tenía dos cabezas. Kosovo, provincia rebelde de Serbia, acababa de declarar su independencia y miles de inmigrantes de etnia albanesa (y religión musulmana) lo celebraban en la cristiana pero aún tolerante Alemania. No podíamos imaginar que, diez años más tarde, los suizos de origen albano-kosovar Granit Xhaka y Xherdan Shaqiri provocarían un conflicto diplomático al festejar sus goles contra Serbia remedando el águila bicéfala con las manos. Esas imágenes encarnan tres fenómenos tan históricos como vigentes: el conflicto étnico, la migración masiva y la guerra.

El partido de hoy entre Suiza y Costa Rica, en cambio, enfrenta a dos países que sólo conocen la paz. Son democracias desarmadas.

El 1º de diciembre de 1948 el General Figueres, victorioso en la guerra civil, disolvió el ejército de Costa Rica. En una ceremonia de la que fueron testigos estudiantes, diplomáticos y altos figurones, el presidente derribó de un mazazo unas piedras del torreón del Cuartel Bellavista. Al año, habiendo superado un intento de golpe de estado, la eliminación del ejército fue incorporada a la constitución. Esto liberó recursos presupuestarios para temas menores como la educación. Si la envidia los carcome, hagan fila. El lugar del ejército fue ocupado por la policía civil, encargada de resguardar el orden público. En contraste con la vecina Nicaragua, ayer revolucionaria y hoy autoritaria, Costa Rica es una democracia ejemplar. A diferencia de Honduras y El Salvador, dos países centroamericanos que vivieron décadas de conflicto y libraron la llamada Guerra del Fútbol en 1969, en Costa Rica todo es menos dramático. Pura vida, dicen los ticos en vez de hola, de chau y de cool.

Suiza es un país neutral que no participa en conflictos bélicos, salvo para tenerles la billetera a los vecinos mientras se pelean. Sin embargo, tiene fuerzas armadas potentes y entrenadas. Con conscripción masculina obligatoria y sistema de milicias (los soldados se llevan las armas a casa, como en Israel), su personal activo duplica al de las fuerzas armadas argentinas. Pero, además de participar en misiones de mantenimiento de la paz, la función más conocida de los militares suizos consiste en proteger a un argentino. La Guardia Pontificia, integrada por suizos católicos y solteros de entre 19 y 30 años que completaron el entrenamiento militar, se caracteriza por sus trajes coloridos diseñados por Leonardo Da Vinci - pero también porque saben combatir con armas blancas y sin armas. Al fútbol también le ponen garra, y últimamente con buenos resultados.

Costa Rica y Suiza comparten una larga tradición democrática, aunque los suizos la limitaron a sus ciudadanos masculinos hasta 1971. Son, cada uno en su región, modelos de institucionalidad republicana y participación cívica. Por eso, y porque los vecinos son poco confiables, ambos le huyen a la integración regional como Sampaoli a la planificación. La renta per capita los diferencia: ahí Suiza saca una luz de ventaja. El origen de los fondos es otra discusión.

Hoy también los diferencian las posiciones en el Mundial: Costa Rica juega por el honor, Suiza clasifica con el empate. Difícil que haya guerra. Pero más allá del fútbol, estos países tienen algo para celebrar y mucho para enseñar.

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