La historia del lechuzón orejudo que fue rehabilitado y liberado

27 de junio de 2018  • 00:05

Estaba a pocos segundos de ser atacado por un perro. Asustado, en un parque de la localidad de Pilar en la provincia de Buenos Aires y con una herida en una de sus patas, intentada evitar un destino fatal. Era un pichón de lechuzón orejudo con pocos días de vida que probablemente se había alejado de su nido. Inmediatamente y con el respaldo de la experiencia en rescate de aves con la que cuenta, Clara Correa del Refugio de Aves Pájaros Caídos, lo puso a salvo en una caja de cartón y la llevó sin perder tiempo al veterinario.

"Todavía tenía el típico plumón de los pichones cuando el especialista lo revisó. Nos dijo efectivamente que tenía una leve herida en su pata, y parásitos Coccidios y que con una atención personalizada y remedios adecuados se iba a recuperar rápido. Además esperaba que creciera y pudiera ser liberado con una buena adaptación a su medio", explica.

En cuanto fue encontrado, el pichón se puso a resguardo en una caja con diarios

Lo trasladaron a una casa en el Delta del Tigre donde el refugio tiene jaulones amplios en un terreno abierto. Consideraron que ese sería el mejor lugar para rehabilitarlo ya que, con la salvedad de la herida y los parásitos, se encontraba en excelente estado de salud y lo adecuado era que se criara sin demasiado contacto con el ser humano. "Hay algunas aves, como el lechuzón orejudo, que no pueden tener una amplia exposición al ser humano, porque les afectaría mucho a su libre desenvoltura en la vida silvestre. Necesitábamos darle antibióticos y hacer curaciones en su pata de forma rápida y efectiva, ya que los lechuzones las necesitan para cazar sus presas", explica Correa.

El pichón en su primera visita al veterinario

Fue un proceso lento y paulatino el que tuvieron que atravesar juntos. Al comienzo, fue alimentado con una mezcla de calcio en polvo, carcasa de pollo triturada y alimento balanceado para perros, todo remojado en agua para asegurar también la ingesta de líquido. "Le ofrecíamos la preparación en un pote con agua entre tibia y caliente. La idea era que el alimento estuviera a temperatura corporal, ya que ellos comen las presas recién muertas por sus padres. Uno a uno le fuimos ofreciendo cada bocado de comida bastante humedecido, de modo tal que a la vez que se alimentaba, se hidratara. Para hacer todo lo más parecido a su hábitat natural, le añadíamos al pote unas plumitas o pelos de animal. Diariamente, regurgitaba una egagropila, que son pequeñas bolas formadas por restos de alimentos no digeridos como huesos, piel y pelos. De a poco, todo marchaba sobre ruedas", cuenta Clara.

Cuando el pichón tuvo tres meses, Clara ya estuvo en condiciones de ofrecerle una presa entera de pollo, por ejemplo, el cogote para que se alimentara

"Al principio sólo jugaba, pero pronto empezó a comer la carne y los huesos. También dejábamos a su alcance su alimento habitual (bolitas de pollo, balanceado y calcio). Y, en paralelo, ese fue el momento en que comenzó a entrenar su vuelo y hacer sus primeros intentos en la caza".

El siguiente paso fue propiciar que se alimentara solo. La ventaja con la que contaba el grupo era la ubicación del jaulón donde estaba el pichón: en Tigre abundan los pequeños roedores, que son precisamente la principal fuente de alimentación de estas aves.

"Sabíamos que si no respetábamos su alimentación y la caza, luego no podríamos liberarlo", asegura Clara. A paso firme, el ave seguía creciendo y pronto sus rescatistas pudieron ver las típicas orejas de la especie, que en realidad no son tales, sino un grupo de plumas que sobresalen y que les dan un aspecto tan particular.

Una última foto antes de volar hacia la libertad

A los seis meses, el lechuzón estuvo listo para ser liberado. "Para que sea exitosa, la liberación de un ave no se puede improvisar; debe ser planificada y organizada, más aún cuando la criamos desde pichón. En el caso de las aves rapaces, deben haber practicado cómo cazar con rapidez y precisión, las presas específicas que componen su dieta. Por eso fue tan importante haber hecho ese paso previo. Fue una experiencia única haberlo rehabilitado. Naturalmente, es una ave escasa, con hábitos nocturnos, que no tiene un canto fuerte ni llamativo y un excelente camuflaje, por eso es difícil de ver", concluye Clara.

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