El dilema del pasajero egoísta

Santiago Bilinkis
Santiago Bilinkis PARA LA NACION
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1 de julio de 2018  

Fuente: LA NACION - Crédito: Alma Larroca

Solo en los últimos dos meses, Waymo, la división de Google que desarrolla autos que no requieren de conducción humana, anunció una inversión superior a los mil millones de dólares para adquirir más de 80.000 automóviles, que le permitirán multiplicar en los próximos dos años su flota actual de 600 a una más de cien veces mayor. Esta transacción termina de confirmar que la revolución de contar con autos plenamente autónomos está finalmente a la vuelta de la esquina. Esta es una excelente noticia, dado que la adopción de esta tecnología permitirá salvar millones de vidas que hoy se pierden por la impericia de la conducción humana.

Dos meses atrás en este espacio escribí sobre los dilemas éticos que esta nueva tecnología plantea: "Si por una situación imprevista, digamos la rotura inesperada de un neumático, el cerebro del auto determina que una colisión es inevitable, el auto deberá elegir qué accidente es preferible. En otras palabras, para poder circular los autos autónomos deberán tener un algoritmo que les proporcione una ética, una manera de definir este tipo de conflictos morales".

Quizás el aspecto más delicado de la decisión sea qué valor dar en el cálculo a la vida del dueño del auto. ¿Debe el auto comportarse egoístamente y proteger la vida de su dueño por encima de las vidas de los otros implicados en el accidente? ¿O debe el auto ser altruista y salvar el mayor número de vidas posible, aún si ello ocasionalmente implica condenar a muerte al propietario?

El dilema del prisionero es una situación hipotética muy utilizada en lógica y en economía para mostrar que, contrariamente a la idea de la mano invisible de Adam Smith, la persecución irrestricta de los intereses individuales frecuentemente conspira contra la obtención del bien común, u óptimo colectivo. El dilema está diseñado de modo tal que la situación ideal sería que ambos prisioneros cooperen y reciban una pena abreviada, pero los incentivos analizados desde el punto de vista individual llevan a cada uno de ellos a decidir lo contrario y terminar ambos en el peor de los escenarios.

Con la adopción de los autos autónomos parece estar presentándose este escenario, pero ya no de manera hipotética, ¡sino bien real! Un estudio realizado por el Media Lab del MIT se propuso analizarlo y los resultados son muy interesantes. En un escenario donde la disyuntiva es salvar al dueño del auto o a diez otras personas, 76% de los entrevistados opina que los autos deberían ser altruistas. Esto tiene sentido, dado que a priori no sabemos, cuando se produzca un accidente, de qué lado nos tocará estar. Podemos ser los dueños del auto que causa la colisión, pero también el desafortunado ocupante de otro vehículo o un peatón parado en el lugar inoportuno en el momento incorrecto. Salvar a la mayor cantidad de personas posible, sean quienes sean, maximiza nuestra propia chance de sobrevivir. El resultado cambia completamente cuando la pregunta es si comprarías un auto autónomo con ética altruista. Ubicados ahora en ese lugar específico, la mayoría de las personas se rehusarían a comprarlo si salvar su propia vida no fuera la prioridad absoluta del auto.

He aquí el dilema del pasajero egoísta. Si queremos que las calles del futuro sean más seguras para todos, deberíamos impulsar una ética en nuestros autos autónomos que haría que muy poca gente quiera adquirirlos. Si dejamos que las decisiones individuales primen, aceleraremos la adopción de esta tecnología al precio de una situación peor para todos, cuando llenemos las calles de autos tan egoístas como sus propietarios.

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