Los modelos de Rusia 2018

Ezequiel Fernández Moores
Acaso el equipo no fue de Sampaoli, pero sí tuvo una actitud de presionar en campo rival
Acaso el equipo no fue de Sampaoli, pero sí tuvo una actitud de presionar en campo rival Fuente: Reuters
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27 de junio de 2018  

SAN PETERSBURGO.- La prensa ventiló que la discusión interna tras el fiasco del debut fue durísima, que el grupo estaba dividido y que los líderes apuntaban especialmente a uno de los jugadores más consagrados. Al técnico se le reprochaba especialmente por acomodarse con los históricos y hasta excampeones agravaban el cuadro afirmando que algún crack no cantaba el himno y acaso no sentía la camiseta nacional por su andar casi irrespetuoso de la tradicional garra y carácter del fútbol nacional. Hablo de Alemania, último campeón mundial, y de su crisis tras caer 1-0 en el debut ante México. Mesut Ozil, apuntado con Ilkay Gundogan por su apoyo al presidente turco Recep Erdogan, fue señalado en un bando junto con Sami Khedira, Kevin Boateng y Julian Draxler, mientras que, por otro lado, según Sport Bild, estaban Manuel Neuer, Mats Hummels, Thomas Muller y Toni Kroos. Este último era el supuesto apuntado, no solo por la derrota contra México, sino especialmente porque, ya en el segundo partido, se equivocó en el gol que permitió abrir la cuenta a Suecia. En ese partido, Kroos tuvo 124 pases acertados (Suecia entera sumó 213), pero falló en tres muy visibles. En el segundo tiempo se cargó el equipo al hombro y decidió el triunfo en el último minuto con una obra de arte. "Voy a disparar al arco", le dijo antes del tiro libre Marcus Reus. "Centro", reclamó Hummels desde afuera. Kroos, lo contó él mismo en la zona mixta, pensó que Suecia ya había despejado demasiados centros, hizo cálculos, característicos en él, y le pidió a Reus que le tocara el balón para abrirle el ángulo. Su remate, impecable, evitó una histórica eliminación alemana en primera rueda.

Uruguay, una de las selecciones que está asombrando por su eficiencia en Rusia, tiene al DT más veterano, que lidera desde la persuasión, imponiendo eso sí normas de compromiso participativo, algunas acaso simples, aunque no tanto, como el saludo a todo el mundo desde los divisiones juveniles. Alguna vez, fue un jugador (Andrés Scotti), el que pidió que los bancos en la concentración celeste fueran distribuídos de modo circular para dialogar mirándose, fomentando el intercambio. Los jugadores son consultados sobre los avances en sus clubes europeos de élite. El Maestro Tabárez, eso sí, mantiene firme un cambio histórico. A Sebastián Eguren y al Ruso Pérez, bruscos para frenar el mejor juego argentino en la Copa América 2011, les dijo en el entretiempo que lo que estaban haciendo era inadmisible. Uruguay salió campeón y ganó premio Fair Play. Detalle de la última victoria ante Rusia: Martín Cáceres tiró la pelota afuera para que Maxi Gómez pudiera entrar faltando dos minutos y cumplir así su debut mundialista. Cierta renovación -la salida de algunos históricos y el arribo de juveniles- se dio naturalmente y eso facilitó las decisiones de Tabárez.

El fútbol, como dijo Javier Mascherano antes del partido ante Nigeria, está lleno de ejemplos en los que el cuerpo técnico, por afamado que sea, consensúa decisiones con el plantel. No hablamos del extremo de aquella famosa Democracia Corintiana que lideró Sócrates en los '80, con un plantel que votaba hasta cómo viajar al campo rival. Pero algo se quebró en algún momento en la selección y los históricos, acostumbrados y acaso cómodos con la autogestión, ocuparon en San Petersburgo su Palacio de Invierno. "Lo más importante -dice Jorge Sampaoli en Mis latidos, su último libro- es liderar una idea y conmover con ella. El jugador todo el tiempo te analiza, te estudia y te mide. Cuando el jugador sabe que vos no podés sostener el mensaje, sabe que le mentís. Ahí se terminó la relación". Ayer, tras la victoria, Sampaoli aceptó que "muchas veces el ego del DT no permite entender lo que pasa con el jugador". Acaso el equipo no fue de Sampaoli, pero sí tuvo una actitud agresiva de anticipar y presionar en campo rival. El riesgo era obligado e inevitable. Pudo ser 1-2. Terminó siendo 2-1. Ejército Rojo.

Había poca esperanza antes del partido. Era muy contrastante la imagen del hincha que lloraba mientras cantaba en las escaleras del subte con la cara de agobio mundialista de Leo Messi. Hubo finalmente conexión. Por eso fue notable el esfuerzo final, incluyendo a Mascherano, líder conmovedor hasta cuando buscó enmendar cada uno de sus errores. Francia, con más jerarquía individual, obligará ahora a algo más que carácter. Nos despedimos por ahora de San Petersburgo, la ciudad en la que en 1881 murió Fiodor Dostoievski. "No juzquemos a nuestro pueblo por lo que es, sino por lo que le gustaría ser", escribió alguna vez, justificando acciones poco dignas del campesinado, pero que era enemigo de la Rusia zarista y afrancesada. En una visita a su lápida, leímos ayer un texto que sirvió de epígrafe a Los hermanos Karamazov, su última novela. "En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo, pero si muere produce mucho fruto". Es una cita del Evangelio de San Juan. Se refiere a la parábola con la que Jesús, entre otras cosas, quiere decirle a sus discípulos que su muerte "tiene un propósito". La generación de las tres finales avisó ayer que, si toca el fin, jamás tendrá que ser por una puerta trasera.

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