De los 60 al siglo XXI: The Kinks vuelve a grabar un disco después de 25 años

Ray Davies en la actualidad, días antes de anunciar el retorno de la banda
Ray Davies en la actualidad, días antes de anunciar el retorno de la banda
Joaquín Vismara
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2 de julio de 2018  • 17:55

Lo que hasta hace sólo un día parecía algo improbable en la historia de la música, de un momento al otro pasó a ser un hecho concreto: The Kinks publicará un nuevo disco a más de 20 años de su último concierto. El dato no es una especulación ni un rumor infundado, sino una afirmación realizada por Ray Davies, cantante y vocalista de la banda británica, a la señal Channel 4 News. De esta manera, Davies volverá a pisar un estudio junto a su hermano, el guitarrista Dave Davies, y el baterista Mick Avory, a un cuarto de siglo de Phobia, el último álbum del grupo a la fecha.

La importancia de la noticia está a la altura del propio legado de The Kinks. Nacida a principios de los años 60 en Muswel Hill, al norte de Londres, la banda comenzó su carrera en 1964 con dos singles que pasaron inadvertidos hasta la aparición del tercero: "You Really Got Me". A partir de ahí, el grupo ganó su lugar en la historia: con un riff distorsionado (logrado gracias a unos cortes que Dave Davies realizó con una navaja en el cono de su amplificador para "ensuciar" el sonido), The Kinks sentó las bases de lo que tiempo después se volvería la semilla del rock pesado, algo que redobló con el siguiente simple, "All Day and All of the Night".

The Kinks, You Really Got Me - Fuente: YouTube

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Después de algunos discos que alternaban covers de pioneros del rock y R&B con material propio, Ray Davies alcanzó un nuevo estándar compositivo con "See My Friends", una canción pop con una melodía de cadencia hindú, casi a la par del "Norwegian Wood" beatle, y un año antes del "Paint it Black" stone. A partir de una nueva camada de singles ("Well Respected Man", "Dedicated Follower of Fashion") y los álbumes Face to Face y Something Else, el Davies mayor comenzó a explorar un nuevo estilo compositivo basado en el costumbrismo crítico, capaz de retratar con sorna a varios estereotipos de la sociedad británica, algo que Damon Albarn retomó treinta años después con Blur, entre 1992 y 1995.

Ya a la altura de The Kinks Are the Village Green Preservation Society, en 1968, el grupo comenzó a incursionar en el mundo de los álbumes conceptuales, una línea que continuó con Arthur (Or the Decline and Fall of the British Empire), pensado como el sountrack de una telenovela apócrifa, y Lola Versus Powerman and the Moneygoround, Part One. Mientras las peleas entre los hermanos Davies comenzaron su propia escalada (la prueba de que su influencia en Oasis no fue sólo musical), los Kinks continuaron la década siguiente con más álbumes conceptuales que no tuvieron el mismo efecto de sus antecesores: Soap Opera, los dos volúmenes de Preservation y School Boys in Disgrace fueron el reflejo de una banda con más ambición que desarrollo de sus ideas.

The Kinks en los años 60 y en medio del estallido del Swinging London
The Kinks en los años 60 y en medio del estallido del Swinging London

Ante una necesidad imperante de cambio, la banda de los Davies apostó por una vuelta a la simplicidad de sus orígenes. Así, álbumes como Sleepwalker y Misfits redefinieron a The Kinks como un grupo de estadios más en sintonía con el rock pesado cuya semilla había sembrado en 1964. A veinte años de su formación, la banda londinense pudo hacer el upgrade de grupo de culto a fenómeno de masas, aun cuando eso significó diluir su estándar creativo para poder alcanzar la popularidad. La fórmula funcionó, pero por poco tiempo: ya a fines de los 80, el interés en el grupo disminuyó drásticamente, y para la altura de su último show, las fisuras eran inevitables tanto desde adentro como desde afuera.

A lo largo de su existencia, The Kinks fue uno de los grupos más influyentes de la cultura británica, al punto que cada género que le siguió bebió de su fuente, desde el punk y la new wave pasando por el britpop y el hard rock. Su influencia es tan perceptible en el desenfado de Paul Weller en The Jam y en el Noel Gallagher más incisivo, como también en los riffs de Eddie Van Halen y la placidez acústica de Ed Sheeran. La noticia de un nuevo disco puede servir para ponerle un punto final a su propia historia, o bien para seducir a una nueva generación de público y artistas. El tiempo lo determinará.

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