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El placer de informar

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2 de junio de 1999  

ES bastante inusual que una revista dedicada a las artes cumpla 23 años. Eso sucederá a fines de 1999, cuando termine este milenio, con Artinf (Arte Informa), una publicación en cuyos comienzos tuve bastante que ver. Estuve conversando recientemente con su directora, Silvia de Ambrosini, responsable de esta hazaña.

-Silvia, ¿ Artinf surgió a raíz de una propuesta de Germaine Derbecq, no es cierto?

-Efectivamente. En 1970, cuando organicé en el Museo Nacional de Bellas Artes una muestra de Curatella Manes, se me acercó Germaine y me dijo: "Vamos a hacer una revista dedicada a las artes". Así empezó Artinf . Se incorporaron Lydi Prati y vos. Formábamos un comité de coordinación. Se vendía el número a un peso ley y enseguida se agotaban los diez mil ejemplares. Al principio, se editaba mensualmente, sin interrupción.

-¿Cuánto duró esa primera etapa?

-Cuatro años, hasta la muerte de Germaine. Luego la publicación se interrumpió por unos años (si no, a fines de este año cumpliríamos treinta años). La gente empezó a preguntarme por qué no retomaba la revista y así lo hice. Pero sola.En el ochenta, a partir del número 19, cambió de formato: en vez de ser tabloide, se le dio una forma más bien cuadrada, con tapa dura.

-¿Cuál es exactamente el objetivo de la revista?

-Registrar lo que pasa en la Argentina y en el mundo en el área cultural.

-¿De dónde obtenés la información?

-Me la mandan de todas partes, museos, universidades norteamericanas, instituciones internacionales, etcétera. Recibimos, por ejemplo, una suscripción de la Bibliothéque de France.

-¿Existe alguna otra revista en la Argentina que se le parezca?

-Creo que no. Porque Artinf fue incorporando, además de artes plásticas, otros rubros como música, ballet, teatro, cine, video, arquitectura, urbanismo. Amplió la sección letras con poesía, prosa, teoría, reflexiones sobre arte, semiótica, etcétera. Además, Artinf es un punto de referencia para la gente que hace investigación. A menudo vienen a verme para pedirme información sobre lo que pasó en los años setenta y subsiguientes. Por su carácter de revista de colección, para las consultas, Artinf nunca ha sido una revista de noticias que envejecen.

-¿Cómo elegís a tus colaboradores?

-En su mayoría es gente joven que tiene gran entusiasmo y es testigo de los cambios en todos los campos de la cultura. No son acartonados. No quiero decir con eso que no haya también críticos excelentes de otras generaciones...

-¿De qué modo se planea cada número de Artinf ?

-Una vez reunido todo el material escrito y gráfico, se ensayan varias cuadrículas hasta lograr un sumario y una diagramación coherentes con la importancia del cada tema y con la ilustración que le corresponde.

-¿Quién selecciona el material?

-Yo sola. Tengo asesores, pero yo soy la responsable.

-¿La revista cuenta con colaboradores extranjeros?

-Por supuesto. A lo largo de los años han colaborado importantes especialistas internacionales como Barthes, Kristeva, Calvino, Derbecq, Max Bill, Restany, Severo Sarduy y muchos otros.

-¿No te parece que ahora hay más gente que compra cuadros? ¿Será una manera de colocar el dinero o porque les gusta de verdad la pintura?

-Un poco de ambas cosas. Todo el mundo sabe que comprar obras de arte y exhibirlas en el hogar da prestigio. En una casa bien puesta no importan únicamente las alfombras y los muebles, hay que tener cuadros.

-De las exposiciones de estos últimos tiempos, ¿te impactó alguna muy especialmente?

-Es difícil elegir una en particular... Alvarez, Garabito... Fui cinco veces a ver la exposición de Garabito. Es un pintor del mismo nivel que Hlito. Son artistas que sólo aparecen muy de vez en cuando.

-¿Siempre te interesó el arte?

-Sí, pero mi inmersión en ese mundo se fue dando de a poco. En la plástica, me inició Germaine Derbecq, a quien le debo tanto. En realidad, mi primer contacto con el hecho artístico comenzó a los cinco años: tenía una verdadera vocación por la danza y a esa edad ya quería aprender a bailar. Más tarde estudié danza clásica y contemporánea. Me habría gustado dedicarme a la danza pero las cosas no se dieron para que eso ocurriera. Me dediqué a la literatura y me recibí de profesora de letras. Seguí un posgrado con Borges y también estudié historia con José Luis Romero y filosofía de las religiones con Vicente Fatone. Tres hombres cuyas personalidades me han marcado. También influyeron mucho en mí Roberto Payró y Jorge Romero Brest...

-¿Te parece que el papel de Romero Brest fue importante en el mundo de la plástica?

-Sí, muy importante. Rompía las estructuras. Además tenía una facilidad de palabra que te despertaba el amor por el arte. Cuando nombraron a Romero Brest director del Museo Nacional de Bellas Artes, nos llamó a Samuel Oliver y a mí para que colaboráramos con él. En esa época, Dell´Oro Maine era ministro de Cultura. Cuando Romero Brest se fue al Instituto Di Tella, Samuel Oliver quedó como director del Museo y yo, como secretaria. Estuve quince años allí; durante once, me desempeñé como secretaria ejecutiva. Renuncié para dedicarme a Artinf .

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