Selecciones rehenes de la política, una historia que también alcanza a Francia, el rival de la Argentina en octavos

Para Francois Hollande, expresidente de Francia, "siempre hay un elemento político detrás de una gran victoria o de una terrible derrota deportiva"
Para Francois Hollande, expresidente de Francia, "siempre hay un elemento político detrás de una gran victoria o de una terrible derrota deportiva" Fuente: Reuters
Luisa Corradini
(0)
28 de junio de 2018  • 14:38

PARIS.- "Tuve la sensación de que mucha gente en Alemania se habría felicitado si nos hubiesen eliminado", declaró con tristeza Toni Kroos, el hombre providencial de la Mannschaft, cuyo tiro libre salvó del desastre a su país contra Suecia (2-1). La selección alemana ya había quedado sumergida en un tsunami de críticas unos días antes, tras la calamitosa derrota contra México (0-1).

Pero, ¿qué quiso decir esa frase de Kroos? ¿Que Alemania está tan mal que ni siquiera consigue apoyar sin ambigüedad a su equipo nacional? ¿Tan dividida que en el fútbol tampoco puede olvidar sus numerosas divisiones? Tal vez sea abusivo tratar de establecer un paralelo entre su eliminación en este Mundial Rusia 2018 y las graves turbulencias políticas que sacuden en este momento al país: coalición gubernamental al borde del precipicio, extrema derecha al acecho del poder, situación inestable de la canciller Angela Merkel. .. Pero es tentador.

El alemán Toni Kroos lamentando quedar afuera del Mundial
El alemán Toni Kroos lamentando quedar afuera del Mundial Fuente: Reuters

¿Las crisis deportivas se agregan o son el resultado de las crisis políticas? Yendo incluso más lejos: ¿el deporte es el fiel reflejo del estado social y político de una nación?

En todo caso, aun contra su voluntad, las selecciones nacionales terminan siempre siendo rehenes de la política. En todas partes. Así sucedió cuando Portugal ganó la Eurocopa, un país que había sufrido enormemente con la crisis de 2008 y apenas salía de un período difícil. También ocurrió en Brasil, donde la humillación de su equipo en el Mundial de 2014 agravó la crisis gubernamental que devoró a Dilma Roussef .

"Siempre hay un elemento político detrás de una gran victoria o de una terrible derrota deportiva", conjeturó hace poco el expresidente francés François Hollande , reconocido hincha de fútbol. "No es por casualidad que los dictadores siempre se apoderan del deporte para tratar de crear una cortina de humo. De lo contrario, ¿por qué tantos países quieren organizar el Mundial?", agregó.

Francia no es la excepción. Desde el comienzo de la gran mediatización, a partir de los años 80, los políticos y los periodistas comprendieron que era interesante establecer lazos para mostrar que lo que Francia lograba hacer en el terreno deportivo podía tener una causa o una consecuencia en lo político. A partir de entonces, todo triunfo o derrota de la selección fue leída como una metáfora de la situación política. En 1982 quedó eliminada del Mundial ante Alemania, y todos dijeron: "¿Por qué el país es incapaz de ganar? En 1984 ganó el Euro y suspiraron: "Finalmente estamos saliendo". En 1993, no consiguió clasificarse para el Mundial frente a Bulgaria y enseguida culparon "al derrumbe de la izquierda y la crisis económica".

La relación de causa y efecto imaginaria es tan fuerte que, con el triunfo de 1998 en el Mundial, la metáfora se transformó en una succes story en pleno período de cohabitación: "Entonces es posible que Francia gane y se reconcilie. La prueba es que tenemos un presidente conservador ( Jacques Chirac ) y un primer ministro de izquierda ( Lionel Jospin )". El emblema de la aparente unidad entre las diferentes comunidades que componen el país fue el nombre que recibió la selección: Bleu, blanc, beur (azul, blanco y árabe).

Desde entonces, los sucesivos fracasos de la selección francesa fueron leídos como el eco de los sufrimientos del país. Los males nacionales se invitaron al equipo y a los vestuarios a través de diferentes episodios. A medida que las tensiones raciales aumentaban, la selección francesa se transformó en caja de resonancia de cuestionamientos identitarios. Al punto de que algunos jugadores se vieron obligados a decir si respetaban el ramadán o no y otros tuvieron que explicar por qué no cantaban La Marsellesa (himno nacional).

¿Cómo salir de esa trampa tanto para los jugadores como a la sociedad? "Creo que lo mejor es que los políticos no se ocupen de la selección", afirma François Hollande.

A su juicio, hubo -en todo caso- algo muy positivo en la victoria de Francia en 1998: "Fue el reconocimiento de la diversidad de la sociedad francesa. De que la selección es la historia de la inmigración en este país: polaca, italiana, africana. Fue muy importante que pudiéramos decir: 'Vean, esto es Francia'", señala el expresidente socialista.

Después hubo cantidad de analistas que intentaron sacar conclusiones y afirmar que aquel triunfo cambiaría la sociedad. Pero, desde luego, nada cambió. Porque aunque a muchos les cueste entenderlo, esa tarea es responsabilidad exclusiva de la política. El fútbol no tiene nada que ver.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios